El Clásico, ilusión sin brújula
Sería bien sabrosa una competencia beisbolera internacional en la que todas las principales potencias representadas en las Grandes Ligas pudieran decir “aquí estoy” con sus mejores exponentes. Imagínese usted, por ejemplo, lo que significaría un duelo entre los Estados Unidos, con una rotación de lanzadores abridores encabezada por los dos ganadores del premio Cy Young [...]
Sería bien sabrosa una competencia beisbolera internacional en la que todas las principales potencias representadas en las Grandes Ligas pudieran decir “aquí estoy” con sus mejores exponentes.
Imagínese usted, por ejemplo, lo que significaría un duelo entre los Estados Unidos, con una rotación de lanzadores abridores encabezada por los dos ganadores del premio Cy Young del 2008, Tim Lincecum y Cliff Lee, y la República Dominicana, con una alineación que tuviera en su núcleo del poder a bateadores del calibre de Albert Pujols, Vladimir Guerrero y Manny Ramírez.
A lo mejor esa era la idea con la que soñaron los que lanzaron a los cuatro vientos el proyecto del Clásico Mundial, y ojalá esa quimera se traduzca en realidad algún día no muy lejano, pero eso no es lo que va a ocurrir en la segunda edición de la justa que reunirá a 16 planteles del 5 al 23 de marzo.
Porque después de un primer Clásico Mundial celebrado en el 2006 con un éxito mayor de lo imaginable ha quedado en evidencia que la tarea le ha quedado demasiado grande a sus organizadores, algo inexplicable si se toma en cuenta que el béisbol de las Grandes Ligas es precisamente el padre de esta criatura.
Con miras a la contienda del 2009, las deserciones han sido demasiadas por un sinfín de razones que van desde las lesiones a las excusas por falta de garantías de juego en la novena de su propia patria, o desde la carencia de dinero para cubrir un determinado seguro de participación para un pelotero hasta el miedo de competir por el riesgo de perder el puesto en el Béisbol de Lujo.
Y lo que ha quedado es un malestar entre muchos aficionados que terminan echándole la culpa a sus peloteros o a sus equipos favoritos, cuando el origen de muchas de esas ausencias es que la idea de los organizadores no estuvo a la altura del caudal de talento beisbolero que hay en la Gran Carpa.
El entusiasmo sí existe, de eso no hay ninguna duda. Basta sumar algunas de las declaraciones formuladas por ejecutivos, dirigentes, instructores y peloteros, emanadas de los medios que cubren los campos de entrenamiento de las Grandes Ligas, para llegar a la conclusión de que es un proyecto por el que vale la pena luchar.
“Nosotros le damos un gran respaldo al Clásico Mundial”, proclamó el gerente general de los Mets de Nueva York, el dominicano Omar Minaya. “No solamente es bueno para el béisbol, sino también para los peloteros y para sus equipos. Cuando ellos retornen, van a estar en gran forma y listos [para la temporada]. Nosotros predicamos que un jugador debe sentirse orgulloso de ponerse el uniforme de los Mets y ciertamente debe vestir con orgullo la franela de su país”.
“Estoy bien entusiasmado”, manifestó Félix Hernández, abridor de los Marineros de Seattle quien guiará la rotación de Venezuela debido a las bajas de sus estelares paisanos Johan Santana y Carlos Zambrano. “Estaré bien orgulloso de representar a mi patria”.
“No importa el papel que me asigne Felipe [Alou, piloto de la República Dominicana]”, enfatizó la nueva sensación del pitcheo de los Rojos de Cincinnati, Edinson Vólquez. “Estoy listo para ayudar a que nuestro equipo logre un desempeño exitoso en el Clásico”.
“Siempre existe el peligro de que alguien se lesione, pero para cada pelotero es un honor representar a su país”, subrayó el dirigente de los Cachorros de Chicago, Lou Piniella, al darle el visto bueno a Carlos Mármol, aún a sabiendas de que el veloz lanzador dominicano está en la pelea por ser el cerrador de su propia novena con el ex Marlin Kevin Gregg. “Esos equipos van a ser bien dirigidos. No creo que [la participación de los peloteros seleccionados] vaya a ser un problema”.
En resumidas cuentas, nadie desea tirarle la puerta en la cara al torneo. Todo lo contrario. A muchos les gustaría competir, pero no hay que ser un astronauta para darse uno cuenta de que las condiciones participativas y competitivas de esta ilusión sin brújula llamada Clásico Mundial no son las ideales.
Si usted va a organizar partidos de exhibición, como esos que se han celebrado muchas veces al calor de los parques latinoamericanos, los puede ubicar en cualquier sede y fecha. Serán siempre recibidos con los brazos abiertos por una fanaticada hambrienta de pelota, aunque sean solamente juegos de práctica.
Sin embargo, cuando se trata de un Mundial se tiene que tomar la previsión de que cada país -y por ende cada pelotero-, no va de paseo al diamante sino más bien a competir por su honor nacional, por el sueño de tantos de sus paisanos que esperan una actuación de altos quilates de sus representantes, y eso requiere de una preparación y nivel competitivo mucho más serio de lo que se le ha dado al evento.
Un ejemplo claro es la diferencia con respecto a Cuba, el actual bicampeón de la lid, que ya llevaba más de tres semanas concentrado en México para el momento en el que otras novenas abrían sus improvisados campamentos colectivos de práctica.
¿Usted de verdad cree que en condiciones normales los lanzadores cubanos pudieran derretir los bates de los mejores artilleros de las Grandes Ligas como lo hicieron en el 2006? Claro que no. Pero muchos ya estaban a su ritmo real de juego para el inicio del primer Clásico Mundial mientras sus oponentes apenas iniciaban sus entrenamientos. Es como si usted sacase a la pista un veloz bólido de carreras sin calcularle el aire a sus cauchos o llantas ni ajustarle el aceite al motor, para medirlo contra un auto normal, pero ya plenamente acondicionado. El bólido será el favorito, pero no estará listo para ganar.
Si se pretendiera que la contienda fuera un verdadero Clásico Mundial, tal vez sería mejor idea realizar sus partidos clave a mediados de la temporada de las Grandes Ligas o antes de los playoffs, cuando los peloteros participantes si estuvieran en condiciones de competir, libres de lesiones ni excusas.
¿Y cómo se puede hacer eso? Cada quien tiene quizás una idea al respecto, pero allí les va una que pudiera ser más racional que celebrar ese evento en el fragor de la pretemporada, cuando lo que está en la mente de los principales participantes es prepararse para su pan nuestro de cada día: la campaña del Béisbol de Lujo.
Primero que nada, son demasiados países los que “compiten” actualmente y muchos de ellos no están ni remotamente cerca del nivel de los trabucos. Comparar a Italia con la República Dominicana en cuanto a la pelota profesional se refiere, es como tratar de hacer jugo de naranja, pero con tomates.
De los 16 que compiten actualmente, puede reducirse el grupo a ocho, poniendo a equipos como Holanda, Sudáfrica, Italia, China y Taipei a un nivel eliminatorio “C” para que puedan ganarse el derecho a ir escalando puestos sin encarar el vértigo de ir de frente de una vez frente a las potencias.
Panamá, Canadá y Australia son países con mayor tradición que los cinco arriba nombrados, básicamente por su historial de representación en la Gran Carpa, y pudieran formar parte junto a la actualmente olvidada Nicaragua de un grupo “B” junto a Colombia.
El Grupo “A” le pertenece a los ocho grandes: Estados Unidos, República Dominicana, Venezuela, Puerto Rico, México, Cuba, Japón y Corea del Sur, y ya no necesitará usted de una innecesaria primera ronda.
Ya tiene los ingredientes. Ahora prepare el escenario, pero con miras al Juego de las Estrellas, al iniciar la temporada de las Ligas Mayores una semana antes de lo normal.
Ese inicio tempranero le servirá para convertir el descanso de mediados de temporada en una etapa tres días más larga de lo habitual. El lunes, como siempre, celebre el Derby de Jonrones, el martes, el Juego de las Estrellas, y reserve el miércoles, jueves y viernes para los encuentros del Clásico Mundial en dos grupos de cuatro novenas cada uno, a razón de tres partidos por selección nacional. El sábado se definirán los cuatro finalistas. Y que se reanude la campaña normal de las Grandes Ligas el día domingo.
Esos cuatro clasificados definirán el Clásico en los tres días después de la temporada regular en las Grandes Ligas, que usualmente termina un domingo. El lunes arranca el Mundial, con el primero contra el cuarto, y el segundo contra el tercero, así como quedaron en la fase del Juego de las Estrellas. El martes, los dos perdedores disputarían el tercer lugar y el miércoles, los dos ganadores irían por el campeonato, como preámbulo a los playoffs habituales, que en este caso arrancarían el jueves.
En este caso, no van a comenzar tarde los playoffs, porque recuerde usted que ya se ahorró una semana completa al arrancar más temprano la temporada regular.
Para la fase de los cuatro grandes, los países estarán conformados por peloteros de equipos eliminados en las Ligas Mayores. De esta manera, cada jugador estará en forma, sus organizaciones no tendrán excusas para impedir su participación, no peligrará la salud de los peloteros pertenecientes a los equipos que sí van a los playoffs, y se le dará un sabor extra a la Gran Carpa. ¡Y todo el mundo contento!
¿Y qué pasa con los grupos “B” y “C”? ¿Acaso sus peloteros no tienen derecho a soñar? Aquí también está la respuesta. Que el equipo que tenga la peor actuación en el Clásico Mundial, baje al grupo “B” para la siguiente edición de la justa, y que ascienda el mejor del “B” al grupo de los ocho grandes. Eso garantizaría un mayor nivel competitivo y pudiera ir redondeándose un verdadero evento mundial, cuyas eliminatorias regionales se celebrarían en el curso de cada cuatro años entre Clásico y Clásico.
Es solamente la idea de un humilde servidor que lamenta que falten tantas estrellas al evento del 2009 y que sueña con que el Clásico Mundial no sea lo que es ahora: una cita en la que no son todos los que están, ni están todos los son.
Queda el consuelo de que será bien agradable ver competir por la República Dominicana a peloteros brillantes como Miguel Tejada, David Ortiz, Hanley Ramírez y Pedro Martínez; por el honor venezolano a Miguel Cabrera, Bobby Abreu, Magglio Ordóñez y Francisco Rodríguez; por EEUU a Derek Jeter, Chipper Jones, Dustin Pedroia y Jake Peavy; por Puerto Rico a Carlos Beltrán, Carlos Delgado, Iván Rodríguez y Javier Vázquez, y así sucesivamente.
Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.


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Comentarios escritos por nuestros lectores
FadeHabyenesy dice:
Thank you!