El Mundo es un Diamante: Impresionante pitcheo en la Bahía
La faena de Johnson casi le permite superar a Nolan Ryan
Su envío en slider es devastador, uno de los lanzamientos más efectivos de las Ligas Mayores, que aturde a los bateadores al romper de manera impresionante sobre el plato.
Su recta ya no llega a la goma casi a 100 millas por hora, pero es todavía un pitcheo anestesiante, capaz de pasar como un relámpago ante el swing de los artilleros más agresivos.
Su espíritu competitivo y su enfoque en el juego lo mantienen como uno de los lanzadores más dominantes de las Grandes Ligas, un serpentinero que no se entrega jamás.
Por supuesto, todas esas características corresponden a Randy Johnson, quien a los 45 años se encarga de demostrar que le queda todavía mucha vida en el Béisbol de Lujo.
Johnson, quien estuvo el domingo 19 de abril a nueve outs de convertirse en el lanzador más viejo de la historia con un partido sin hits ni carreras al ganar el juego número 296 de su fabulosa trayectoria, cerró con broche de oro un par de semanas de excelente pitcheo en la Bahía del Norte de California.
El encuentro de un hit de Johnson en siete episodios frente a su antiguo equipo, los Diamondbacks de Arizona, para decretar la victoria por 2-0 de los Gigantes de San Francisco, marcó la 14ta oportunidad en la que el súper veterano inicia el Inning de la Suerte con un partido sin imparables.
“Hermoso”, calificó el taponero de los Gigantes, Brian Wilson, al hablar de la faena de Johnson, quien solamente permitió un doblete a Augie Ojeda, su primer oponente del séptimo tramo.
“Increíble”, subrayó el piloto de los Gigantes, Bruce Bochy, al referirse al hecho de que Johnson lanza con semejante calidad a cinco años de sus 50 de vida.
“Grandioso”, catalogó el rapidísimo jardinero Eric Byrnes, de los Diamondbacks, quien hace tres años estuvo a punto de romperle un no hit no run en Miami al venezolano Aníbal Sánchez, de los Marlins de la Florida, pero a la postre se convirtió en el dramático out final del juego por medio paso en la inicial.
La faena de Johnson casi le permite superar a Nolan Ryan, quien a los 44 años se convirtió en 1991 en el pitcher más viejo con un no-hitter en la Gran Carpa al ponchar a 16 Azulejos de Toronto con el uniforme de los Rangers de Texas para hilvanar su séptima y última joya de pitcheo inmaculado, y coronó un fin de semana fabuloso del cuerpo de lanzadores abridores de los Gigantes.
El viernes 17 de abril, el puertorriqueño Jonathan Sánchez logró su primera victoria de la campaña con seis episodios y dos tercios de salsa blanca frente a los Diamondbacks, y el sábado el ganador más reciente del Premio Cy Young de la Liga Nacional, Tim Lincecum, no permitió carrera en ocho innings de lujo, en los que ponchó a 13, pese a que no figuró en la decisión del encuentro en el que San Francisco sucumbió por 2-0 ante Arizona.
Sin embargo, con todo y lo impresionante que fueron las actuaciones de Sánchez y Lincecum, palidecen en comparación con los dos juegos celebrados en el otro lado de la Bahía, concretamente en el Coliseo de Oakland, en los que dos lanzadores derechos, uno muy joven y el otro bastante viejo, coquetearon con la inmortalidad.
Trevor Cahill, quien a los 21 años es uno de los abridores más jóvenes en la meca de la pelota, no permitió hit a los Marineros de Seattle en 6.1 episodios, pero sus Atléticos de Oakland fueron derrotados por 1-0 porque ese mismo 12 de abril se le ocurrió al zurdo canadiense Erik Bedard tirar una perla de 8.1 capítulos en los que apenas toleró tres indiscutibles en uno de los mejores desafíos de lo que va de su trayectoria.
Cahill, quien constituye con el zurdo Brett Anderson una promisora pareja de abridores de apenas 21 primaveras de vida, impresiona con un envío de sinker que desde ya le ha permitido ser descrito como un futuro Brandon Webb, ganador del Premio Cy Young del 2006 con el uniforme de los Diamondbacks y maestro de ese tipo de lanzamiento que fuerza a los bateadores a conectar roletazos.
En esa misma estadía en casa de los Atléticos, el veteranísimo especialista de la bola de nudillos Tim Wakefield, de los Medias Rojas de Boston, trabajó un juego perfecto durante los primeros cinco tramos el 15 de abril y apenas toleró su primer imparable al receptor Kurt Suzuki en el octavo inning.
A la larga, Wakefield, quien a diferencia del joven Cahill recibió el enorme apoyo de ocho carreras de parte de sus Medias Rojas, tuvo que conformarse con un juego completo de cuatro hits y dos carreras.
Curiosamente, Wakefield tiene 42 años de edad y maravilló con sus envíos de mariposa a los A’s en un día en el que todos los peloteros, instructores y dirigentes de las Grandes Ligas usaron el número 42 en tributo a Jackie Robinson.
¿Prevalecerá el pitcheo este año en las Grandes Ligas? ¿Será el despliegue en la Bahía un adelanto de que nos espera una temporada fabulosa de los lanzadores en el Béisbol de Lujo?
Los próximos seis meses van a dictaminar la respuesta a estas dos integrantes.
Por ahora, qué sabroso es saber que a Johnson, un futuro integrante del Templo de los Inmortales, le queda mucha vida a los 45 y apreciar que ya viene por allí una nueva generación de excelencia encabezada por el joven Atlético Cahill.
Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.


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