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El Mundo es un Diamante: Optimista Escobar sobre su retorno

Ahora lucha por su retorno a la rotación de los Angelinos de Los Angeles de Anaheim y usted puede estar seguro de que por él no se va a perder la batalla

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Kelvim Escobar ha sido uno de los lanzadores más versátiles de las últimas décadas en las Grandes Ligas, capaz de rendir de manera estelar tanto como abridor que como apagafuegos.

Pero quizás esa misma facilidad de cambiar de un rol a otro le pasó su factura al sobresaliente serpentinero venezolano.

Ahora lucha por su retorno a la rotación de los Angelinos de Los Angeles de Anaheim y usted puede estar seguro de que por él no se va a perder la batalla, porque tiene una tremenda disposición mental para el trabajo y un espíritu indomable a la hora de esforzarse cada día en su terapia respectiva.

“Quizás debí tomar las cosas con más paciencia”, reconoció Escobar, al referirse al percance que sufrió a fines de los Entrenamientos Primaverales. “Pero siento que he progresado bastante de mi pequeña recaída. Acabo de hacer [a principios de mayo] un buen bullpen que fue como un juego simulado”.

Después de ese fructífero bullpen, retornó a su patio en el estadio de la “A” gigantesca para un excelente juego simulado el 8 de mayo, en el que tiró alrededor de 99 envíos, incluyendo los calentamientos entre cada episodio imaginario.

Si todo sigue a pedir de boca, pudiera realizar unos cuatro partidos de preparación en las Ligas Menores y estaría listo para volver a la novena de Anaheim cuando le toque salir de la lista de los inhabilitados el 4 de junio.

Imagínese la clase de rotación que pudiera tener entonces la novena dirigida por Mike Scioscia, que esperaba de un momento a otro los retornos de John Lackey y el dominicano Ervin Santana, y ya disfrutaba de un comienzo de temporada excelente del zurdo Joe Saunders, verdugo por 1-0 del sensacional Zack Greinke, de los Reales de Kansas City.

Ese cuarteto pudiera meterle terror al resto de la División Oeste, luego de un comienzo de campaña plagado de lesiones -también estuvo fuera el iniciador Dustin Moseley- , sin mencionar el terrible accidente que le costó la vida a Nick Adenhart minutos después de que el joven de 22 años lanzó una apertura sólida frente a los Atléticos de Oakland en Anaheim.

De todos esos retornos a la rotación aureolada el más celebrado será el de Escobar por el tiempo que tiene fuera de acción el derecho de La Sabana, una humilde población del estado Vargas en el Litoral Central Venezolano.

Ganador de 14 juegos como iniciador en 1999 con los Azulejos de Toronto, Escobar salvó 38 partidos para ese mismo equipo en el 2002. De vuelta a la rotación al pasar a los Angelinos, conquistó 11 victorias en el 2004 y se apuntó 18 éxitos en el 2007.

Pero el destino le tenía preparada una trampa. Sufrió un desgarre en la parte posterior del hombro y tuvo que ser operado el 29 de julio del 2007 por el doctor David Altcheck en Nueva York. Para ese entonces, la prognosis médica era que apenas podía volver a la lomita a mediados del 2009.

Con la misma dedicación que le permitió ganarse el respeto de tirios y troyanos dentro y fuera del diamante, Escobar trabajó duro en su recuperación al punto de que ya para finales de los entrenamientos del 2009 parecía listo para unirse al cuerpo de pitcheo de los Angels.

“La recaída fue el 30 de marzo”, informó Escobar, instantes después de bajarse de la bicicleta fija en la que ejecutaba una ardua sesión de preparación en el club house del equipo visitante en Oakland. “Pero no fue [la molestia] donde me operaron, sino aquí [tocándose el área superior del pecho]“.

Afortunadamente, supo parar a tiempo antes de reanudar su preparación, pero reconoce que lo más difícil del mundo para un atleta profesional es medirse a sí mismo, por el ferviente deseo que tiene un deportista de volver pronto a su actividad favorita.

“Yo iba como tres meses adelantado y si todo salía bien ya podía estar pitcheando”, manifestó Escobar. “Debí tomar el camino de la seguridad, obrar con inteligencia.

“Uno siente un gran deseo de recuperarse y a veces [tener que esperar tanto] es frustrante”, puntualizó el lanzador de 33 años de edad. “Para esto uno necesita una mentalidad muy especial. A veces te cansas. Tiendes a rendirte.

“Freddy García [estelar lanzador venezolano que también trata de volver de un percance físico] siempre me aconsejaba”, reveló Escobar. “Me decía que era necesario tomar las cosas con calma, que podía pasar un día en el que me pueda sentir bien, pero que al otro podía pensar que lo había perdido todo”.

Obviamente, los Angelinos quieren llevar a Escobar con cautela, pero el mánager del equipo, Mike Scioscia, quien lo admira mucho por la profesionalidad y el espíritu de este pitcher sudamericano, ya ve la luz a la salida del túnel.

“No hay duda de que está progresando”, dijo el ex receptor de lujo. “Pero necesita un poco más trabajo antes de que lo sometamos a una rehabilitación [en las Ligas Menores]“.

Cuando vuelva, habrá Escobar para rato, por cuanto el derecho que debutó en la pelota profesional estadounidense en 1993 considera que sigue entero como lanzador.

“Tengo entendido que todos los que se han sometido a este tipo de operación han perdido velocidad al tratar de volver, pero ese no es mi caso. Tengo el repertorio intacto”.

Así lo desean los Angelinos, que le tienen en alta estima como lanzador desde hace muchos años.

Un antiguo mánager de ese equipo, Terry Collins, quien dirigió a un joven Escobar en la Liga de Béisbol Profesional de Venezuela cuando era el piloto de los Tiburones de La Guaira, declaró hace más de década y media a un periodista hambriento de información que “quizás Kelvim tenga el mejor brazo entre todos los jóvenes de las Grandes Ligas”.

Ese gran brazo, tocado en el 2007 por una de esas lesiones de las que pocos vuelven por todo lo alto, se pudiera sumar ahora al espíritu batallador de su dueño para permitirle retornar a lo grande.

Así lo imploran en La Sabana, pueblo del que han salido varios peloteros de lujo y donde Escobar es querido como un ciudadano muy especial. Kelvim retribuye ese cariño organizando conciertos benéficos con famosos músicos como Oscar D’León y El Gran Combo de Puerto Rico, o donando tiempo y dinero para trabajar con los niños de su comunidad, especialmente en la Navidad.

¡Qué hermoso regalo sería para esa humilde gente que su ídolo vuelva a tirar con éxito sus píldoras anestesiantes frente a los mejores bateadores del orbe!

Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.

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