El Mundo es un Diamante: La puerta de los 300 se cierra con Johnson

í. Era un tipo extraño, por su elevadísima estatura, en ese entonces la más alta de la historia para un pitcher de la Gran Carpa.


Randy Johnson parecía una cosa rara cuando se subió a la lomita de las Grandes Ligas por primera vez en 1988, a sus 6 pies y 10 pulgadas (2.10 metros), una estatura más ideal para un basquetbolista que para un pelotero.

Era todo un enredo de piernas y brazos, una especie de spaghetti ambulante de carne y hueso. ¿Cómo podía ser posible que un hombre tan alto fuera un lanzador en el Béisbol de Lujo?

De hecho, el propio Johnson confesaría en un libro suyo que le costó mucho trabajo encontrar una mecánica ideal para ser un pitcher efectivo en la pelota más exigente que se juega en nuestro planeta.

Sí. Era un tipo extraño, por su elevadísima estatura, en ese entonces la más alta de la historia para un pitcher de la Gran Carpa.

Pero con el tiempo, como un albatros que confundía a los bateadores con una slider devastadora, o un gigantesco molino de viento que derretía a los artilleros con una recta descomunal, se convirtió en un fenomenal serpentinero.

“Siempre supe que Randy iba a ser un gran pitcher”, aseguró el paracorto venezolano Omar Vizquel, uno de los más famosos contemporáneos de Johnson y su compañero de equipo en los primeros cinco años del zurdo con los Marineros de Seattle. “Lanzaba muchas bolas, pero tenía las cualidades para ganar muchos juegos. Me costaba mucho batearle, porque parecía que la bola la comenzaba a soltar a medio camino de la lomita al plato”.

Y ahora, 22 temporadas más tarde de su debut en las Ligas Mayores con los Expos de Montreal, al acariciar su victoria número 300, La Gran Unidad (The Big Unit) bien puede haber alcanzado una marca que nunca más será lograda en la meca del béisbol.

Al derrotar por 5-1 a los Nacionales en Washington, en el primer partido de una doble jornada pasada por agua, se convirtió en el 24to lanzador de la historia -y apenas el sexto zurdo- capaz de lograr 300 victorias en las Ligas Mayores.

Le bastaron seis episodios de excelente trabajo, en los que espació dos hits, ponchó a dos, caminó a dos y permitió una sola carrera -que de paso no fue limpia- a la novena de la capital, para acreditarse el éxito que multiplica sus ya contundentes credenciales para ser exaltado al Salón de la Fama en su primer chance de elegibilidad cinco años después de que cuelgue los spikes.

“Lo que él ha logrado a lo largo de su carrera ha sido algo extraordinario”, enfatizó el manager de los Gigantes de San Francisco, Bruce Bochy, quitándose el sombrero ante lo alcanzado por su zurdo de lujo. “Pudiera ser el último con 300. Va a tomar un largo tiempo antes de que alguien pueda lograrlo”.

Aaron Rowand, jardinero central de los Gigantes y un enorme admirador de su nuevo compañero de equipo, va más allá al asegurar que los 300 no serán alcanzados nunca más.

“Va a ser difícil, por la forma como se juega la pelota de hoy en día”, analizó Rowand. “Las rotaciones de cinco lanzadores [hasta hace unas tres décadas se trabajaba en base a cuatro abridores] y el modo como se manejan los cuerpos de relevo hacen que sea más difícil esa hazaña.

“Antes un lanzador trabajaba lo suficiente para ganar o perder su propio juego”, prosiguió Rowand. “Ahora, en cualquier parpadeo sacan el abridor y todo pasa a depender de los relevistas”.

Prevalece también otro factor, el de las lesiones. De hecho, el propio Johnson agradece haber tenido la suficiente fuerza física para llegar a los 300, un registro que estuvo en entredicho durante la mayor parte de la década de los 2000.

Johnson quedó limitado a 18 aperturas con los D-Backs en la temporada del 2003 y solamente a 10 en el 2007. En el 2008, cuando tuvo marca de 11-10, su Entrenamiento de Primavera personal todavía proseguía cuando la campaña ya tenía un mes de vida.

“Es agradable haber llegado a este momento, pese a las operaciones en la espalda, en las rodillas”, agradeció Johnson. “Esto se lo debo a la perseverancia. Al principio de mi carrera tuve que batallar con mi mecánica y al final he tenido que batallar con las lesiones”.

Pese a esos percances, ha sido autor de dos partidos sin hits ni carreras -uno de ellos un juego perfecto-, ha ganado cinco premios Cy Young y compartió el trofeo al Más Valioso de la Serie Mundial del 2001 con el también lanzador estelar Curt Schilling.

Curiosamente, llegó el jueves 4 de junio a su victoria número 300 frente a la misma franquicia con la que ganó su primer partido en la Gran Carpa. Derrotó a los Piratas de Pittsburgh con el uniforme de Montreal el 15 de septiembre de 1988 en el mismo estadio en el que el cubano Alberto Juantorena hizo historia al ganar los 400 y los 800 metros planos en los Juegos Olímpicos de 1976, y ahora venció a los herederos de los Expos, los Nacionales.

En su camino a los 300 realizó hazañas individuales de toda índole, como cuando ponchó a 20 adversarios de los Rojos de Cincinnati el 8 de mayo del 2001, o cuando obtuvo 20 ó más triunfos en 1997, 2001 y 2002.
Bien impresionante es el hecho de que ha logrado más de 230 de sus triunfos después de haber cumplido los 30 años de edad.

Más impactante todavía, empero, es que todavía es capaz de anestesiar a los bateadores en los momentos en los que necesita de un ponche. Por ejemplo, en su victoria #299 en San Francisco, liquidó tres veces por esa vía a Chipper Jones, tercera base estelar de los Bravos de Atlanta, un valioso pelotero que promedia casi .400 de por vida frente a La Gran Unidad.

No debe sorprender a nadie que Johnson sea un artista del ponche. Después de todo, sus 4,845 víctimas por la vía de los strikes son la segunda mejor marca de todos los tiempos, superada únicamente por el “Expreso” Nolan Ryan, con 5,714.

“Para mí siempre han sido mucho más importantes las victorias que los ponches”, aseveró Johnson. “Prefiero ser considerado un pitcher ganador”.

Lo que es especial es que a los 45 años de edad siga fulminando a los artilleros con su recta y con su slider, aún cuando el resto de la humanidad sepa que esos son sus envíos principales. Aunque no ha pasado de los siete episodios de trabajo en ninguna de sus aperturas del 2009, ha logrado siete o más ponches en cinco desafíos, incluyendo nueve en dos ocasiones.

Mientras mantenga viva esa habilidad para dominar a sus oponentes estará en condiciones de sumar más victorias, aunque su efectividad actual (5.12) no sea la más hermosa del planeta.

¿Y cuántos juegos más podrá ganar? La respuesta a esa pregunta dependerá de que pueda evitar el fantasma de las lesiones.

“Podré seguir lanzando en la medida en la que me mantenga saludable”, es la filosofía de Johnson, cuyo contrato con San Francisco por $8 millones es por solo una temporada. “No he venido a los Gigantes solamente por cinco victorias, sino para ayudar a que este equipo pueda darle la vuelta a las cosas [después de una temporada perdedora en el 2008]“.

Ciertamente, no va a alcanzar la monstruosa lista de 511 victorias logradas por Cy Young, el número uno de todos los tiempos. A lo mejor sí pueda aspirar a escalar al #18 de esa lista, en poder de Tom Seaver, quien se apuntó 311 éxitos, pero es factible que necesite de otra temporada para lograrlo.

Por ahora, está igualado en el puesto número 22 con Lefty Grove y Early Wynn. El siguiente peldaño, Tom Glavine (305 éxitos) es una meta movible, porque todavía no se ha retirado. Charley Radbourn ocupa el puesto #19, con 309, y Mickey Welch el sitial #20, con 307.

En el horizonte figura Jamie Moyer, un zurdo que acaba de obtener su victoria número 250, pero ya tiene 46 años de edad. Al ritmo que va, quizás el zurdo de los Filis de Filadelfia pueda soñar con los 275, y eso si lanza hasta los 48 de vida. Jamás hay que usar la palabra imposible en el deporte, pero hay que reconocer que los 300 para él son muy poco probables.

Siguen Andy Pettite y Kenny Rogers, con 220 y 219, respectivamente. Después vienen el dominicano Pedro Martínez (214) y John Smoltz (210). Los cuatro están demasiado lejos y el más jovencito de ese póker de ases es el zurdo de los Yankees de Nueva York, que ya frisa los 37 en el almanaque.

¿Y el futuro? Para que tengan una idea de lo difícil que es llegar a las 300 victorias valga subrayar que el mejor pitcher de las Ligas Mayores en los últimos cinco años, el venezolano Johan Santana, suma 116 éxitos a los 30 años de edad.

Si Santana mantiene el ritmo que lleva (17 victorias por año desde el 2004) pudiera superar las 200 conquistas a los 35 de vida. De allí en adelante, todo dependerá de tantos y tantos factores que cualquier pronóstico cae en el terreno de la adivinanza.

A disfrutar, pues, de la hazaña de los 300 de Johnson. A lo mejor será la última vez que la veamos.

Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.


Manolo Hernández-Douen lleva más de 37 años como periodista deportivo, columnista y editor. Es miembro Honorario Vitalicio de Baseball Writers of América (BBWAA). Manolo Hernández-Douen is closing in on 40 years as a journalist, sportswriter, columnist and editor. He is a Lifetime Honorary member of the Baseball Writers Association of America (BBWAA).

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