El Mundo es un Diamante: Torres sobresale con velocidad y corazón
A sus 31 años de edad, Torres se desenvuelve con el entusiasmo de un muchacho que acaba de descubrir el regalo que tanto esperaba debajo de su arbolito de Navidad.
Son muy pocos los peloteros que vuelven con éxito al Béisbol de Lujo luego de pasar tres o cuatro temporadas consecutivas en las Ligas Menores.
Por eso hay que darle todo el crédito del mundo al puertorriqueño Andrés Torres, quien en los tres primeros meses de la temporada se ha convertido en una impresionante bujía desde el banco de los Gigantes de San Francisco.
A sus 31 años de edad, Torres se desenvuelve con el entusiasmo de un muchacho que acaba de descubrir el regalo que tanto esperaba debajo de su arbolito de Navidad.
Y ha puesto un enorme granito de arena en el exitoso desempeño de una novena que luce firme sobre los .500 luego de un discreto 2008.
“Este tipo lo ha hecho prácticamente todo desde los Entrenamientos de Primavera”, agradeció el manager de los Gigantes, Bruce Bochy. “Su defensa es sólida y siempre juega fuerte a la pelota. Ha hecho un buen trabajo a la ofensiva.
“Andrés ha sido bien valioso para nosotros”, prosiguió Bochy. “Puede robar una base si hace falta. Toca la bola si es necesario. Es muy útil en las oportunidades que debemos hacer un doble cambio [cuando una novena de la Liga Nacional inserta un nuevo pitcher y no desea que el mismo vaya a consumir turno en el siguiente episodio]. Puede rendir como primer bate cuando es necesario”.
Tal fue el impacto de Torres con los Gigantes en la Liga del Cactus que se ganó el puesto cuando nadie se lo esperaba al batear alrededor de .400 en la pretemporada. Y aún cuando fue colocado en la lista de los inhabilitados a fines de abril recuperó su puesto tan pronto volvió a estar en condiciones de jugar.
A Bochy le encanta Torres por la chispa que trae al equipo. Es un beisbolista que llega temprano al parque dispuesto a trabajar en los aspectos de su juego que necesita mejorar y de paso siempre está bromeando con los demás peloteros latinoamericanos del elenco, aportando con su agradable personalidad un ambiente bien relajado en el club house.
Lo mismo hace una jugada sensacional en cualquiera de los tres jardines, pega el hit clave, vuela desde primera a la tercera base con un sencillo a los bosques exteriores, que –sin ser un hombre de poder- dispara un contundente jonrón de vez en cuando, como el que sacó a las aguas de la bahía donde usualmente las sumergía Barry Bonds por el right field del hermoso escenario de San Francisco en un desafío de los Juegos Interligas
frente a los Angelinos de Los Angeles/Anaheim.
“Su actuación ha sido sobresaliente”, subrayó el instructor de bateo de los Gigantes, Carney Lansford. “Pone siempre la bola en juego y crea diversas situaciones por su chispa a la ofensiva.
“Tiene tanto talento que por mucho tiempo nos estuvimos preguntando como todo esto era posible, pero ha demostrado su calidad una y otra vez”, observó Lansford, quien fue campeón de bateo de la Liga Americana en el 2001. “Ha sido una sorpresa bien agradable para todos nosotros”.
La frialdad de los números previos de Torres en las Ligas Mayores no sugería que pudiera sobresalir de la manera como lo ha hecho este pelotero nativo de Aguada, Puerto Rico, que pese a no tener un promedio muy vistoso a fines de junio (.259) su porcentaje de embasamiento era un vigoroso .365.
El ambidextro que acudió a los Entrenamientos Primaveras apenas como invitado especial fuera del plantel oficial de los Gigantes bateó .200 en 70 turnos con los Tigres en el 2002 y .202 con esos mismos felinos rayados en el 2003. En el 2004 solamente consumió tres turnos en la meca de la pelota y en el 2005, con los Rangers, promedió .158 en 19 turnos.
Sin embargo, el corazón de un pelotero no se puede medir con estadísticas. Y este boricua que llegó a robarse 67 bases en un solo año en las Ligas Menores (2000) prueba ciertamente que le queda mucho en el tanque por esa disposición dorada con la cual se desempeña en el diamante.
“Todavía corro como un chamo [muchacho] de 25 años y sé que puedo jugar buena defensa en los tres jardines”, abrevió Torres, cuando se le preguntó que analizase su propio éxito con San Francisco.
El puertorriqueño que firmó su primer contrato en el béisbol profesional estadounidense con la organización de Detroit en 1998 se ganó la invitación al campo de los Gigantes luego de batear .306, con 11 jonrones, 51 carreras impulsadas y 29 bases robadas en una temporada sólida en el 2008 con Iowa, sucursal Triple “A” de los Cachorros de Chicago.
Por supuesto, nada le ha dado más satisfacción que integrar el escuadrón de Bochy, que lo usa para darle un descanso a cualquiera de sus jardineros titulares o en situaciones de emergencia.
“Es un honor estar con este equipo”, calificó Torres. “Me siento bien cómodo con los Gigantes. Me han tratado bien chévere. Todo ha sido positivo. Les demostré que puedo ayudarlos desde los entrenamientos y voy a seguir trabajando duro en el bateo. Me siento bien y sé que voy a robar bastantes bases”.
Andrés no le busca muchas explicaciones al hecho del porqué no jugaba en las Grandes Ligas desde el 2005, pero de una cosa está bien claro: nunca se rindió, ni mucho menos bajó la cabeza.
“No nos podemos quitar [rendir]”, apuntó Torres. “Siempre estamos aprendiendo algo. Y uno mejora de los cantazos [golpes]”.
No rendirse sería precisamente lo que le recomendaría Torres a todo aquel pelotero que, al igual que él, hubiera sido desahuciado una y otra vez por los “entendidos” de las Grandes Ligas.
Gracias a su perseverancia, ya basta de ver los dulces desde la parte de afuera del aparador para este voluntarioso jugador latino de los Gigantes.
Con su actuación dentro y fuera del diamante, demuestra en el 2009 que si un pelotero va a caer debe hacerlo con las botas puestas.
La palabra “rendirse” no existe en su vocabulario.
Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.



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