El Mundo es un Diamante: Adrián es un “Titán” profeta en dos tierras
Lo único que lo entristece es que San Diego no está metido en el fragor de la batalla por el tíulo de la División Oeste de la Liga Nacional
Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero en el caso de Adrián González, baluarte de lujo de los Padres de San Diego, esa frase tiene un significado muy especial.
Es todo lo contrario.
González, quien se crió al sur de la frontera y luego cautivó a los amantes del béisbol en su lar nativo, San Diego, puede ser conceptuado como “El Titán” que representa con orgullo a dos culturas muy diferentes.
Con un swing tan poderoso como consistente, enorme productividad a la hora buena y una inteligencia singular para defender su posición, la primera base, González brilla con luz propia con los Padres y es un digno representante tanto de Latinoamérica como de los Estados Unidos en el Juego de las Estrellas por segunda temporada consecutiva.
“Nací en San Diego, me crié en Tijuana y mis padres son de Sonora”, enfatizó González con satisfacción. “Toda mi niñez y mi juventud la viví en México con mi familia.
“Me siento orgulloso de ser un ciudadano [norte] americano, pero también muy orgulloso de mi sangre, de mis costumbres”, aseguró González, quien este año implantó una marca en la Serie del Caribe al conectar tres jonrones en un solo juego de ese evento conceptuado como la Pequeña Serie Mundial del Béisbol Latinoamericano. “Es un gran honor representar a los Padres, a San Diego, a Tijuana y a la Liga Nacional. Es algo muy bonito”.
Ahora González es mejor conocido por su poder, que le permitió constituirse en uno de los principales jonroneros de las Ligas Mayores en la primera mitad de la temporada del 2009, pero el swing fluído, la habilidad para batear hacia la parte opuesta del parque, fue la carta de presentación a la pelota desde que era niño.
Los profesionales del béisbol que lo siguen desde entonces, como los narradores de los Padres, lo han admirado desde ambos lados de la frontera.
“Lo vi jugar de chamaco [niño] en Tijuana”, rememoró Eduardo Ortega, cuyas 23 temporadas de experiencia al frente del micrófono lo consolidan como una de las voces latinas más prestigiosas de las Ligas Mayores. “Desde entonces le vi su talento y no me sorprenden sus progresos.
“Tiene un swing educado, natural”, describió Ortega. “No ha destacado tanto [recientemente] porque en el line-up no ha tenido alguien que le haga comparsa y por eso ya no le lanzan”.
Ortega bautizó a González como “El Titán” por la combinación del nombre emblemático del equipo de Eastlake High School de Chula Vista, donde Adrián bateó .559 en sus dos temporadas finales a ese nivel, y la jerarquía de este temible artillero zurdo dentro y fuera del diamante.
Y no le queda mal ese apodo, porque eso es lo que ha sido González al ir progresando año tras año en las Grandes Ligas.
Bloqueado en su equipo original, los Marlins de la Florida, por la presencia del estelar Derrek Lee en la primera base, y posteriormente en los Rangers de Texas, debido al hoy Yankee Mark Teixeira, González encontró un hogar en la primera base de los Padres.
Tuvo un año sólido en el 2006, cuando bateó .304, con 24 jonrones y 82 carreras impulsadas en el 2006, y posteriormente progresó a 30 bambinazos y 100 remolcadas en el 2007, y mejor todavía a 36 vuelacercas y 119 fletadas en el 2008.
A Juan Angel Avila, quien acompaña a Ortega en la narración de los Padres desde hace 12 temporadas, lo impresiona González con su progreso en las Ligas Mayores, pero tampoco le sorprende lo que ha alcanzado el joven que cumplió apenas 27 años en mayo pasado.
“Desde que lo vi ya a un nivel de Triple ‘A’ cuando estaba aún con los Rangers y fue a jugar por primera vez en el invierno en el 2005 en Mazatlán, ya demostraba la idea que tenía en el plato”, comentó Avila. “Desde entonces ya consumía turnos de calidad, al no halar siempre la pelota, al irse al lado contrario. Su disciplina no la veía en un pelotero en mucho tiempo”.
Más impacto tuvo en Avila el hecho de que González supo ganarse el respeto y la admiración de tirios y troyanos tanto en México como en la tierra del tío Sam.
“Es un fenómeno curioso, es difícil ser ídolo en tu tierra”, filosofó Avila, al recordar que González sobresalió en las ligas infantiles y juveniles de Tijuana antes de convertirse también en un pelotero fuera de serie a nivel de High School en los Estados Unidos.
Por ese doble honor de representar tanto a la patria de sus padres como a los Estados Unidos, algo que Adrián lleva en el corazón, no se le debe quitar el derecho a ser llamado mexicano ni el placer de ser exponente de dos culturas muy diferentes para un equipo que juega a pocos kilómetros de la frontera.
Por supuesto, no hay cultura que valga a la hora de medirse a un pitcher que trata de engañar al bateador con rectas de humo o sliders devastadoras. Ese credo lo domina a la perfección con esos batazos atravesados que cautivaron a su primer manager en San Diego, Bruce Bochy.
“Desde el primer día se vio que iba a ser un primera base sólido y un excelente pelotero a la ofensiva”, destacó Bochy, actualmente piloto de los Gigantes de San Francisco. “Aprovechó las oportunidades que se le presentaron y ha evolucionado a lo grande con cada temporada”.
El hombre que disfruta actualmente de ese talento es Bud Black, quien se frota las manos de la satisfacción de poder disponer de un jugador de la talla de González en su estadía como piloto de San Diego a partir del 2007.
“Ha conquistado por derecho propio el ser considerado como uno de los peloteros más firmes de la Liga Nacional y por eso ganó su inclusión en el Juego de las Estrellas”, comentó Black. “Lo hemos visto convertirse, tanto mental como físicamente, en baluarte de nuestro equipo”.
Algunos técnicos consideran que González, quien fue seleccionado por los Marlins como el #1 del draft o proceso de selección de peloteros para las Grandes Ligas en el 2000, ha mejorado por el uso de un bate más pesado, pero la conversión no es de ahora ya que viene utilizando ese artefacto por tres años. Simplemente atribuye sus progresos al factor de la experiencia.
En el Juego de las Estrellas participará en el Derby de Jonrones, donde cada batazo suyo sumará un aporte monetario al fondo que tiene con su esposa, Betsy, a beneficio de la niñez menos privilegiada, pero eso no quiere decir que cambiará su estilo fluído de conectar la pelota.
“Yo soy lo que soy y no voy a tratar de cambiar”, especificó González. “Con este equipo me han pedido que levante la bola, que trate de sacar jonrones y es lo que hago porque mi meta no son los números sino ayudar a los Padres a ganar”.
Láncenle donde le lancen, si es que acaso se atreven a hacerlo, Adrián hará pagar el precio de esa afrenta. Si le tiran afuera, dirigirá la pelota con reciedumbre hacia el bosque izquierdo, y si tratan de colocarle un lanzamiento adentro, desaparecerá la blanca fruta por el right field.
Lo único que lo entristece es que San Diego no está metido en el fragor de la batalla por el tíulo de la División Oeste de la Liga Nacional.
“El equipo no está ganando mucho y por eso no estoy muy contento”, admitió González. “Siempre hago todo lo necesario para tratar de mejorar”.
Y González se siente tan orgulloso de sus batazos productivos como de su habilidad para fildear. Es conceptuado como un inicialista inteligente, que no sólo se luce con el uso del mascotín sino que es capaz de anticipar las jugadas, cortando posibles racimos del equipo contrario por su habilidad para sacar corredores en el plato o iniciar relampagueantes matanzas dobles.
“La defensa es bien importante para ganar juegos”, precisó González. “Y la defensa nunca tiene una mala racha”.
Por sobre todas las cosas, siempre ha jugado la pelota con el mismo placer con el que lo hacía desde que su padre, David, llevaba a sus tres hijos a los parques en Tijuana. Nunca podía imaginarse entonces el Sr. González que dos de ellos –Edgar, hermano mayor de Adrián, está con los Padres desde el 2008- representarían a la familia en el Béisbol de Lujo.
Ese arduo trabajo en los diamantes de ambas naciones tiene ahora sus frutos. Adrián González es sin duda una digna estrella de la gran carpa.
Y un “Titán” que es profeta en dos tierras.
Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.



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