El Mundo es un Diamante: Sánchez, de la penumbra a la inmortalidad

Lanzó tan bien que ya no habrá excusa demasiado grande para devolverlo al bullpen


Los Gigantes de San Francisco le pedían, más bien le imploraban, a Jonathan Sánchez, que llegase hasta el tercio final de sus aperturas de manera consistente.

No lo había podido hacer y eso le costó su empleo en una de las rotaciones más poderosas del 2009 en las Grandes Ligas.

Pero el zurdo puertorriqueño se propuso recuperar ese sitial y lo hizo de la manera como ni el más optimista de los expertos se lo esperaban: con un partido sin hits ni carreras frente a los Padres de San Diego.

De la noche a la mañana, el pitcher zurdo, virtualmente desahuciado como abridor por su marca de 2-8 y efectividad de 5.30 antes de su gran proeza, se convirtió en héroe. En un abrir y cerrar de ojos, Jonathan salió de la penumbra a la inmortalidad.

En la noche en la que menos lo esperaban, 24 horas después de que el estelar Tim Lincecum no toleró hits en los primeros seis episodios a los propios Padres, el boricua complació a los Gigantes con una joya de pitcheo y de paso multiplicó su valía como pitcher en la Gran Carpa.

Justo cuando parecía escapársele la oportunidad de hacer realidad un sueño de mantenerse como abridor en las Grandes Ligas, probó con calidad, tesón y corazón que tiene talento de sobra para brillar en el Béisbol de Lujo.

¡Y de qué forma lo hizo!

El orgullo de Sabana Grande, Puerto Rico, nunca había tirado un partido completo en la pelota profesional y mucho menos una blanqueada, pero ahora tiene algo que no le van a poder arrebatar jamás: un enorme bocado de inmortalidad.

Mencionado en mil y un comentarios sobre un posible canje desde fines de la temporada pasada, perdió en junio su puesto como abridor al caer en 8 de sus primeras 10 decisiones, pero no perdió la esperanza. Vio como un recién ascendido, Ryan Sadowski, brillaba en sus dos primeras aperturas, pero hizo su trabajo en el bullpen, pensando que si le daban otro chance no lo iba a desaprovechar.

Ese chance se presentó el viernes por la noche en el AT&Park, cuya clientela nunca había visto un juego sin hits ni carreras en ese hermoso recinto que ya tiene una década de vida.

Y lanzó tan bien que ya no habrá excusa demasiado grande para devolverlo al bullpen.

Como abridor emergente por el lesionado Randy Johnson, un ganador de cinco premios Cy Young, Sánchez, quien tiró un juego perfecto a lo largo de los primeros 7.1 episodios hasta que el dominicano Juan Uribe cometió un error en la tercera base en el octavo episodio, llenó de orgullo a Puerto Rico y a toda la América Latina.

Fue el primer juego sin hits ni carreras para los Gigantes desde que John Montefusco logró la proeza en 1976 y el primero en la ciudad de San Francisco desde que Ed Halicki venció por esa ruta a los Mets de Nueva York en 1975.

Con su padre, Sigfredo, viéndolo abrir por primera vez desde las tribunas del A&T Park –lo había observado lanzar hace dos años como relevista frente a los Mets en Nueva York-, Sánchez dejó atónitos a tirios y troyanos, logrando mucho más de lo que se imaginaron los Gigantes al instalarlo como abridor fijo en su rotación del 2008.

Hizo 110 envíos y se apuntó un tope personal de 11 ponches, incluyendo el out final frente al nicaragűense Everth Cabrera.

“Siempre ha tenido todas las herramientas y esta noche todo le funcionó muy bien”, comentó el manager de los Gigantes, Bruce Bochy, en torno a la proeza de su lanzador. “Localizó muy bien su recta y después recurrió con éxito a todos sus envíos rompientes. Estoy orgulloso de Johnny”.

Como muchacho con juguete nuevo, después que los Gigantes ganaron por 8-0 ante 30,198 espectadores, Sánchez recibía las felicitaciones de todos sus compañeros, entre los que estaban el propio Johnson, cuya lesión le abrió el retorno a la rotación al boricua.

Sin embargo, lo que más le satisfizo fue la presencia de su padre, quien celebraba en las tribunas el enorme momento de Jonathan, que se suma al primer zurdo boricua con un juego sin hits ni carreras en las Grandes Ligas, Juan Nieves, en 1987 frente a los Orioles de Baltimore con la franela de los Cerveceros de Milwaukee.

“Lo que pienso ahora es en irme a casa con mi padre”, comentó el sonriente Sánchez. “Ese [el abrazo que le dio don Sigfredo] fue un momento especial. No pensé que lo iban a dejar entrar al dugout. Este es un regalo para él”.

En efecto, el padre de Sánchez se acercó al zurdo y le dio un cálido abrazo, un beso en una mejilla y, entrevistado en español por la comentarista de televisión Amy Gutiérrez, dijo con orgullo, con una frase breve, pero emotiva: “Dios es grande”.

Irónicamente, el padre virtual que tiene Sánchez entre los Gigantes, su paisano Bengie Molina, no pudo ser su receptor el viernes, porque tuvo que salir de emergencia para estar presente en el nacimiento de un hijo, y el

experimentado suplente Eli Whiteside fue el cátcher de la proeza.

¿Y cómo lo hizo este pitcher que debutó en la Gran Carpa con los Gigantes en el 2006? ¿Qué puede esperarse de Sánchez en el futuro?

Primero que nada, nunca se puede predecir un no-hitter, pero siempre se supo que Sánchez podía recoger el fruto de su esfuerzo con el empleo de las mismas herramientas que probó tener en sus mejores tardes del 2008.

Después de todo, ponchó a 10 bateadores en dos juegos seguidos en el 2008 y el 17 de junio ante Detroit no permitió hits a los Tigres en los primeros cinco episodios.

Por si fuera poco, en su historial profesional no había partidos de esta índole, pero ya Sánchez sabía lo que era tirar un no-hitter, porque logró cuatro a nivel universitario.

Bastaba mejorar su mecánica y eso lo logró con la ayuda de Dave Righetti, coach de pitcheo de los Gigantes, que a su vez también tiró un juego sin hits ni carreras en las Ligas Mayorea con los Yankees de Nueva York en 1983 frente a los Medias Rojas de Boston.

“He comenzado a bajar más [al ejecutar sus envíos]”, explicó Sánchez. “Y eso me permite controlar mejor mi recta. Todo me estuvo funcionando. La recta, la slider, los envíos rompientes…”

Un no-hitter es una rareza, porque a veces en el béisbol se le puede dar en el corazón a la pelota, pero la misma va directamente a un fildeador, o alguien puede apuntarse un sencillo con un elevadito demasiado largo para los jugadores de cuadro y demasiado corto para los jardineros.

Vamos, vamos. Tan difícil es un no-hitter que los propios Padres nunca han lanzado uno en toda la historia de su franquicia.

De hecho, de no ser por una fabulosa jugada del jardinero central Aaron Rowand, estrellándose contra la pared para robarle un probable doblete al mexicano Edgar González en el noveno episodio, no se hubiera producido la hazaña, aunque la victoria y su primer juego completo ya lo tenía virtualmente asegurado para entonces.

“Siempre ha trabajado bien duro”, calificó el venezolano Pablo Sandoval, cuyo kilométrico jonrón de tres carreras le dio a Sánchez todo el aporte que necesitaba.

El valor del trabajo de Sánchez no es el no-hitter en sí, sino el hecho de que ahora sabe que puede llegar profundo en los juegos, ya que se ha multiplicado la confianza en sí mismo.

En torno al futuro con los Gigantes, es obvio que Sánchez aspira a pertenecer a la rotación de su equipo, pero es tan humilde que lo que desea

es ayudar a su elenco a ganar de cualquier forma posible.

“Todo lo que quiero hacer es lanzar”, proclamó el boricua. “Quería una nueva oportunidad, me la dieron y la he aprovechado”.

Ahora, al demostrar que pertenece al mismo cuerpo de abridores que conforman Lincecum, Johnson, Matt Cain y Barry Zito, probó que un hombre sí tiene derecho a soñar con tal de estar dispuesto a trabajar duro para alcanzar cada anhelo.

Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.


Manolo Hernández-Douen lleva más de 37 años como periodista deportivo, columnista y editor. Es miembro Honorario Vitalicio de Baseball Writers of América (BBWAA). Manolo Hernández-Douen is closing in on 40 years as a journalist, sportswriter, columnist and editor. He is a Lifetime Honorary member of the Baseball Writers Association of America (BBWAA).

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