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El Mundo Es Un Diamante: Padilla, De Enigmático A Baluarte

Firmado por los Dodgers el 19 de agosto tras salir de la lista de waivers o peloteros disponibles en la cual lo habían puesto los Ranger

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Enigmático: que contiene un misterio oculto, difícil de resolver.

Eso es lo que dieron a entender los Rangers de Texas al desprenderse de los servicios de un lanzador apenas meses después de que dicho pitcher comenzó la temporada como hombre clave de su rotación.

Baluarte: persona que protege y defiende.

Sin duda, eso es exactamente lo que ha significado ese mismo serpentinero con otra franela, en otra Liga, en el momento de la verdad, cuando las castañas están en el fuego.

¿Cómo puede pasar un pelotero de estorbo a baluarte en apenas un abrir y cerrar de ojos? Esa es una pregunta cuya respuesta produce una enorme satisfacción a los Dodgers de Los Angeles.

Porque ese pelotero, el experimentado nicaragüense Vicente Padilla, se ha convertido en una de las principales razones del porqué el conjunto de la ciudad fundada como “El pueblo de nuestra Señora, la reina de los ángeles del río de Porciúncula” todavía se da el lujo de soñar en el 2009 con intervenir en su primera Serie Mundial desde 1988.

Firmado por los Dodgers el 19 de agosto tras salir de la lista de waivers o peloteros disponibles en la cual lo habían puesto los Rangers, no ha hecho otra cosa que responder a la confianza de la novena dirigida por Joe Torre.

Padilla tuvo marca de 4-0 y efectividad de 3.20 en ocho juegos -7 aperturas- en plena recta final, para ganarse a paso agigantado la confianza de Torre, cuyo equipo aspiraba a ir a los playoffs aún sin contar con ese pitcher de cabecera ideal tan necesario para toda novena contendora.

“Nos ha mantenido en condiciones de ganar cada vez que ha lanzado”, comentó el mánager de los Dodgers al referirse a Padilla cuando agonizaba la temporada, en momentos en los cuales su equipo celebraba una serie crucial ante los Gigantes en San Francisco. “Ahora esperamos un poco más”.

Por supuesto, Torre se refería al hecho de que el derecho centroamericano aún no exhibía la fortaleza física necesaria para llevar a su equipo a lo profundo de cada juego. El nicaragüense, que había estado 22 días sin trabajar en un partido de las Grandes Ligas desde su apertura final con Texas el 5 de agosto, todavía no se encontraba al ciento por ciento con su nivel habitual.

Y Padilla comenzó a dar más. Y más. San Francisco, donde ejecutó su cuarta apertura con Los Angeles, fue su punto de partida el 12 de septiembre hacia su definitiva consolidación como hombre sólido de su nueva rotación al trabajar seis episodios en los que apenas toleró hits y no permitió carreras limpias en la victoria de su equipo por 9-1.

A la postre, se ganó el derecho a abrir como el tercer hombre de la rotación de Torre en la Serie Divisional, en la que de nuevo respondió a la confianza de su dirigente con siete episodios de cuatro hits en salsa blanca en el partido en el que la tropa blanquiazul concretó la eliminación de los favoritos Cardenales de San Luis de Tony La Russa.

Un nuevo reto, un nuevo ascenso en el orden de pitcheo, se produjo al acudir a la Serie de Campeonato frente a los Filis de Filadelfia, campeones reinantes de las Ligas Mayores, porque recibió la pelota para trabajar en el segundo juego en el que se traduciría en un súper duelo latinoamericano con el estelar dominicano Pedro Martínez.

El nativo de Chinandega, Nicaragua, volvió a demostrar que para vencerlo hay que noquearlo en la lomita con un martillo. Su trabajo de cuatro hits y una sola carrera en 7.1 episodios le permitió salir del terreno como los grandes toreros, entre vítores y aplausos, y encaminó a los Dodgers a la victoria por 2-1 que en ese momento les permitiría igualar 1-1 la actual Serie de Campeonato.

A ratos, lucía tan dominante que hacía recordar a su gran paisano Dennis Martínez, que en ese mismo escenario -el 28 de julio de 1991- tiró con la franela de los Expos de Montreal el único juego perfecto lanzado por un latinoamericano en la historia del Béisbol de Lujo.

“El Presidente” había sido precisamente el hombre que enrumbaría a Padilla hacia las Ligas Mayores al ayudar a su paisano a perfeccionar tres de sus envíos letales, la curva, el cambio y la slider, en aquella época en la que Vicente guió a Nicaragua a la medalla de bronce en la Copa Mundial celebrada en 1998.

Esos lanzamientos, unidos a una sinker devastadora y una poderosa recta que todavía llega al plato a 97 millas por hora -así como un globito bostezante que saca de quicio a los artilleros cuando la tira de 55 a 60 millas-, integran el arsenal de un pitcher que a los 31 años todavía le queda mucho por ofrecer.

En otras palabras, es de nuevo baluarte de un equipo, como lo había sido en ocasiones en las cuales ganó 14 juegos o más en cuatro ocasiones diferentes, dos con los Filis y dos con los Rangers.

Quizás ahora se estén rascando la cabeza en Texas, una novena que siempre ha estado hambrienta de buen pitcheo, pero que consideró dejar ir a Padilla en pleno fragor de la batalla, cuando los dirigidos por Ron Washington luchaban por tratar de acudir a la postemporada por primera vez desde 1999.

Los Rangers sabían de la capacidad de Padilla como lanzador. De hecho, este mismo año volvió con efectividad de varios percances físicos, entre ellos una batalla con la tan temible fiebre porcina.

El dirigente Washington siempre le tuvo respeto por su capacidad para comerse episodios a granel en cada asignación de trabajo, así como por su tenacidad, su pasión por sudar la franela a sangre y fuego.

No obstante, era obvio que el alto mando de esa organización no estaba muy feliz con la fama que tenía el nicaragüense de tirarle injustificadamente a los bateadores. Se lo hicieron saber cuando golpeó a Mark Teixeira, de los Yankees de Nueva York, el 2 de junio y era un secreto a voces que en esa ocasión lo pusieron en waivers y que nadie quiso reclamarlo.

La gota que derramó el vaso se produjo cuando golpeó en Oakland a Kurt Suzuki, receptor de los Atléticos, el 5 de agosto, día en el que permitió tres jonrones y seis carreras en causa perdida.

Por muy exitoso que fuera Padilla como lanzador en sus buenos momentos, el equipo prefirió sacar de sus filas al nicaragüense. Era como decirle que era un estorbo en sus planes para el porvenir.

“Ha sido la suma de eventos a lo largo de un período de tiempo”, declaró en ese momento Jon Daniels, gerente general de los Rangers, de acuerdo a lo publicado en un reportaje de Major League Baseball. “Estamos armando un equipo y una organización donde todos estamos jalando del mismo lado de la cuerda. Es obvio cuando alguien no lo hace”.

Supuestamente, era como una especie de mal ejemplo para los lanzadores jóvenes del elenco.

“Si piensan que no he sido buen compañero de equipo, deberían decirme a quién le he faltado el respeto”, respondería Padilla luego a la prensa texana.

Sea como fuera, enigma o realidad, se ha hecho vigente con Padilla esa vieja frase “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Ya no encajaba en los planes de los Rangers, pero le ha caído como anillo al dedo a los Dodgers.

Ese es precisamente su objetivo ahora, un anillo de Serie Mundial. Y quizás la Diosa Fortuna le brinde una nueva oportunidad de luchar por ese objetivo en esta misma batalla frente a los Filis.

Pase lo que pase en la actual Serie de Campeonato, ha quedado demostrado que todavía queda Padilla para rato en las Grandes Ligas.

Una cosa es muy cierta: no es un enigma y mucho menos un estorbo para nadie en Los Angeles. Todo lo contrario, es enorme baluarte de su nuevo equipo.

Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.

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