Quien Ganara La Liga Nacional Este?

El Mundo Es Un Diamante: El Pitcheo De Lincecum No Tiene Límites

Que no le extrañe a nadie que muy pronto gane el tercero.


Tim Lincecum dejó boquiabierto al mundo del béisbol al ganar por primera vez el Cy Young y se mantuvo como un pitcher impactante y dominante al conquistarlo por segunda vez.

Que no le extrañe a nadie que muy pronto gane el tercero.

Porque no hay límites para este joven lanzador de los Gigantes de San Francisco que ha seguido al pie de la letra los consejos de Randy Johnson, ganador de ese galardón en cinco ocasiones incluyendo cuatro de manera consecutiva.

“Nunca te conformes con lo que has logrado, es lo que me aconsejó Randy”, proclamó el serpentinero de apenas 25 años de edad, quien hizo historia por partida doble al llevarse su segundo trofeo.

El derecho de los Gigantes de San Francisco se convirtió en el primer serpentinero de la historia que gana el Cy Young en sus dos primeras temporadas completas en el Béisbol de Lujo y en el abridor con menos triunfos (15-7) capaz de adjudicarse esa importante distinción.

La carrera por el premio del 2009 en la Liga Nacional fue como la llegada de una final de 100 metros planos, con tres competidores metiendo el pecho para definir la victoria por milésimas de segundo.

Muchos pensaron que el máximo ganador de juegos (19-8) en la Liga Nacional, Adam Wainwright, de los Cardenales de San Luis, mereció apuntarse la presea de oro. De hecho, el ex taponero recibió la mayor cantidad de votos (12 de los 32 posibles) para el puesto de honor y aún así quedó en el tercer puesto.

Otros calcularon que el también Cardenal Chris Carpenter, quien tuvo la mejor efectividad del Viejo Circuito (2.24) y que hilvanó una impresionante marca de 17-4, debió ser el homenajeado. Por cierto que los dos periodistas representantes del Norte de California en la votación respectiva ubicaron al derecho de San Luis a la cabeza de sus respectivos sufragios.

Sin embargo, el honor fue para Lincecum, quien tuvo una relación de 1.05 entre hits y boletos permitidos por cada episodio lanzado -la de Carpenter fue ligeramente mejor en 1.01- y de paso fue el máximo ponchador (261) del Viejo Circuito, en tanto compartía con su compañero de rotación Matt Cain el liderato de juegos completos (4) y su efectividad (2.48) fue apenas superada por la de Wainwright.

Cada quién tiene derecho a considerar si Lincecum mereció o no el Cy Young, pero una cosa es verídica: su potencial es enorme y la razón es que siempre hace un esfuerzo enorme por mejorar, a veces hasta lo intenta entre episodios de un juego en el que esté lanzando.

“No  tiene ningún temor a experimentar con algo si considera que eso puede ayudarlo a mejorar”, reveló el instructor de lanzadores de los Gigantes, Dave Righetti. “Comete equivocaciones como todos los hacemos, pero es capaz de aprender de esas fallas”.

Righetti tiene una idea clara de lo que significa saborear la grandeza porque conquistó unas cuantas cosas fabulosas con los Yankees de Nueva York como ser el Novato del Año de la Liga Americana en 1981, tirar un partido sin hits ni carreras frente a los Medias Rojas de Boston en 1984 y salvar 46 juegos en 1986, año en el que figuró de cuarto en la votación por el Cy Young.

“En ocasiones Tim aprende con solamente observar”, explicó Righetti. “Nota algo que le gusta de otro pitcher y pregunta si él también puede poner eso en práctica. Es extraordinario que haya logrado todo esto tan temprano en su carrera. Ha establecido parámetros enormes.

“Muchos de los grandes lanzadores como Sandy Koufax y Bob Gibson tuvieron detrás de sí a grandes equipos”, analizó Righetti. “La meta es siempre la de ganar, es la atmósfera de todo lo que rodea al deporte profesional. Y Tim está moldeando precisamente eso, la estructura de un equipo ganador”.

Todo el mundo sabe que los premios individuales son galardones subjetivos que pueden ser percibidos de diversas maneras por el mundo deportivo, bien sea con respaldo sólido o ambiente controversial. Lo que nadie duda es del aspecto estadístico del juego y, por supuesto, de la importancia de un título colectivo.

Eso, un campeonato, es lo que tiene entre ceja y ceja Lincecum, quien antes de ganar su primer Cy Young pasaba inadvertido. No tiene la contextura impresionante que caracteriza a muchos de los grandes atletas y de la manera como sale ataviado del estadio, con pelo largo, la cabeza cubierta y paseando a su perro, parece el vecino de la esquina camino al supermercado.

Por su endeble aspecto físico luce como si usase el uniforme de dos o tres tallas más grande de lo que le toca, pero eso no es lo raro de su arte. No hay que olvidar que Ron Guidry era más o menos de esa estatura -5 pies y 11 pulgadas- y disfrutó en 1978 de una de las mejores marcas de la historia (25-3) en su camino hacia el Cy Young con los Yankees, y el dominicano Pedro Martínez no tiene tampoco una figura física imponente y va derechito al Salón de la Fama.

Lo fantástico de Lincecum es que pareciera utilizar todo su cuerpo como una relampagueante honda para impulsar hacia la goma su fantástica recta, un estilo que a veces pone a comerse las uñas hasta los codos de la pura preocupación a los mejores entendidos de la mecánica del pitcheo que piensan que se va a romper en dos como una brizna de paja en el viento.

“El objetivo es el anillo de la Serie Mundial”, aseguró Lincecum, cuya primera experiencia en las Grandes Ligas data de parte de la temporada del 2007. “Esto [el Cy Young] es solamente un beneficio aislado en mi intento por lograr lo que aspiro que es ayudar a nuestro equipo a ganar.

“No hace falta que [los Gigantes] hagamos muchos cambios, solamente necesitamos aprovechar un poquito mejor nuestras oportunidades”, expresó Lincecum. “Ojalá que esta temporada sea un paso en firme que nos lleve a esa meta [en el 2010]”.

Ocurra lo que ocurra con los Gigantes -que van a tener que abrir las alforjas de par en par cuando el nativo de Bellevue, Washington, tenga pronto su primera cita con el arbitraje salarial-, el joven derecho de la bola de fuego volverá a la lomita con el hambre de tratar de mejorar un poco más.

“Pude tranquilamente sentarme sobre mis laureles del año previo, pero quería mejorar”, indicó el joven de ascendencia filipina. “Sabía que tenía que aprender todo lo posible y es lo que me propongo para el 2010. ¿Quién sabe? A lo mejor incorporo otro lanzamiento en el futuro”.

Una mejor preparación desde la pretemporada pudiera ser ese ingrediente extra que le permita dar un nuevo paso en firme hacia el progreso.

“Yo creo que nunca dejará de aprender”, catalogó el gerente general de los Gigantes, Brian Sabean. “Este año no comenzó todo lo bien que podía. Necesita trabajar en algunas cosas y él lo sabe”.

También comprende Lincecum que le urge cuidarse mejor fuera del terreno. En este sentido, admitió que había incurrido en una gran equivocación al protagonizar un incidente fuera del diamante que se produjo después de concluida la temporada, pero prometió dar los pasos pertinentes para cumplir mejor con la responsabilidad que tiene con la fanaticada que lo admira.

Cuando termine de aprender y de madurar, escribirá muchas páginas de gloria como lanzador.

A lo mejor le conviene, de paso, adquirir una vitrina más grande. Al ritmo que va la necesitará para coleccionar todos los trofeos que va a alcanzar con su pitcheo de altos quilates.

Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.


Manolo Hernández-Douen lleva más de 37 años como periodista deportivo, columnista y editor. Es miembro Honorario Vitalicio de Baseball Writers of América (BBWAA). Manolo Hernández-Douen is closing in on 40 years as a journalist, sportswriter, columnist and editor. He is a Lifetime Honorary member of the Baseball Writers Association of America (BBWAA).

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