Quien Ganara La Liga Nacional Este?

El Mundo Es Un Diamante: Le Sonríe La Reivindicación A Dos Titanes

Era hora para que A-Rod comenzase a demostrar que su calidad no se limitaba a la temporada y que podía rendir como lo han hecho tantas glorias del pasado Yankee.


La historia del deporte está llena de casos de famosos atletas que patinan a la hora buena y nunca pueden quitarse de encima la imagen de ser enormes chivos expiatorios.

A pocos les llega una segunda oportunidad. Y menos todavía son los que saben aprovechar ese chance de reivindicarse.

Apunten a CC Sabathia y a Alex Rodríguez en esa diminuta lista de los que renacieron de entre sus cenizas como el ave Fénix para transformar en ilusiones toda una historia de pesadillas.

Sabathia y A-Rod son bien talentosos, famosos y, de paso, súper millonarios, pero de no ser por las actuaciones de cada uno de ellos en la actual postemporada nunca hubieran podido proclamar a los cuatro vientos que también pueden dar la cara por su equipo a la hora de la verdad.

Cada uno de ellos está a un paso de llevarse lo que tanto sueña un pelotero como lo es un anillo de campeón de la Serie Mundial, pero pase lo que pase de ahora en adelante ya nadie podrá asegurar que son famosos por derretirse como la mantequilla al contacto de un cuchillo caliente.

El primero desde la lomita y el segundo con la madero son las principales razones de que los Yankees de Nueva York llegaron al quinto juego de la Serie Mundial del 2009 con una posibilidad contundente de conquistar la 27ma corona absoluta de la historia de esa franquicia.

Sin ellos, es muy factible que ni siquiera se hubieran acercado los Bombarderos del Bronx, con todo y su exageradamente alta nómina salarial, a medirse a los campeones reinantes, los Filis de Filadelfia, en el Clásico de Octubre, la célebre gran final del diamante.

Firmado a un fabuloso contrato por siete temporadas y $161 millones, Sabathia, un lanzador tan voluminoso como amable que creció en la Bahía norcaliforniana admirando a los Raiders de Los Angeles de la Liga Nacional de Football (NFL), puso numeritos sobresalientes en el pizarrón al lograr marca de 19-8 con 3.37 de efectividad y 197 ponchados en su primera temporada bajo las órdenes de Joe Girardi.

Pero sabía que necesitaba probar en los playoffs que podría ser baluarte de su cuerpo de lanzadores y que no le iba a ocurrir lo mismo que en otras tristes experiencias más allá de la temporada regular.

Después de todo, este mismo Sabathia conquistó el Premio Cy Young con los Indios de Cleveland en el 2007, pero no pudo ganar en dos aperturas de la respectiva Serie de Campeonato frente a los Medias Rojas de Boston, que lo bombardearon mientras hilvanaba una gris efectividad de 10.45.

Una temporada más tarde, fue un verdadero caballo de acero para los Cerveceros de Milwaukee en plena recta final de la Liga Nacional al completar siete de sus 17 aperturas, aunque mordió el polvo de la derrota en la Serie Divisional frente a los Filis con efectividad discreta de 12.27.

Es por eso que a sus 29 años de edad Sabathia se dispuso a demostrar que estaba listo para cosas mucho más grandes en los monumentales instantes del béisbol y así lo demostró en las dos primeras rondas de la actual postemporada.

En la Serie Divisional le permitió una sola carrera en 6.2 episodios a los Mellizos de Minnesota y lució intransitable frente a los temibles Angelinos de Los Angeles de Anaheim en la Serie de Campeonato al tolerar solamente nueve hits en 16 capítulos, en los cuales ponchó a 12 y registró una hermética efectividad de 1.12 que lo dirigió al título de Jugador Más Valioso de esa ronda.

En esta Serie Mundial no se ha apuntado victorias y, de hecho, sufrió la derrota en la única caída de los Yankees en los primeros cuatro encuentros, pero en cada ocasión estuvo a la altura de las circunstancias, trabajando lo que se denomina una apertura de calidad cada vez que subió a la lomita, especialmente la primera de ellas en las que espació cuatro imparables en siete entradas y si cayó fue porque enfrente tuvo una labor monstruosa de su ex compañero de rotación Cliff Lee.

Su efectividad de 3.29 en lo que va de la Serie Mundial es una señal inequívoca de que ha dejado la senda del fracaso enmarcada en el pasado.

Si acaso esa sombra era grande sobre las enormes espaldas de Sabathia, imagínese usted la clase de gorila que tenía el estelar A-Rod a cuestas.

La fama y la fortuna le han sonreído a este jugador de cuadro de ascendencia dominicana prácticamente desde que salió del High School para convertirse en una figura con los Marineros de Seattle y posteriormente firmar el entonces contrato más grande de la historia del deporte profesional norteamericano -$252 millones por 10 temporadas- con los Rangers de Texas.

Sempiterno participante en el Juego de las Estrellas, A-Rod ha sido tres veces el Jugador Más Valioso de la Liga Americana y tiene en su historial un título de bateo, dos Guantes de Oro, cinco coronas como el máximo jonronero del Joven Circuito y el honor, entre muchas otras credenciales, de ser el pelotero que llegase a la edad más joven – 32 años y 8 días- a los 500 cuadrangulares conectados.

Le faltaba acariciar la satisfacción de participar en una Serie Mundial -que no se le presentó con los Marineros aunque promedió un jugoso .409 con cinco impulsadas en la Serie de Campeonato del 2000 frente a Nueva York- y esa oportunidad parecía abrírsele de par en par al ser canjeado por Texas a los Yankees el 16 de febrero del 2004.

No obstante, con el sueño vino la pesadilla para Rodríguez.

Después de formar parte del único equipo que ha sido fulminado en una postemporada pese a sacar ventaja de 3-0 –en el 2004 frente a los Medias Rojas-, fue un responsable directo de las tres eliminaciones subsiguientes de su club al batear .133 y .071, respectivamente, en las Series Divisionales del 2005 y 2006, e impulsar una sola carrera en esa misma instancia en el 2007.

Para colmo de males, después de que los Yankees no avanzaron a la postemporada en el 2008, el 2009 comenzó con una doble pesadilla para A-Rod dentro y fuera del diamante.

Primero, una investigación periodística descubrió que había estado involucrado con el uso de sustancias prohibidas y al propio pelotero no le quedó otro camino que reconocer públicamente que sí las había tomado entre el 2001 y el 2003.

Segundo, justo cuando se preparaba para jugar en el Clásico Mundial se lesionó la cadena derecha, un percance que no resultó tan ligero como originalmente se pensaba porque tuvo que ir al quirófano y comenzó la temporada en la lista de los inhabilitados.

La reivindicación comenzaría para A-Rod prácticamente desde que volvió al diamante a partir de la segunda semana del mes de mayo. Su equipo protagonizó un inicio tambaleante, pero desde que retornó Rodríguez comenzó a escalar posiciones para ganar 103 partidos y conquistar por ocho juegos de ventaja la siempre dura División Este.

Era hora para que A-Rod comenzase a demostrar que su calidad no se limitaba a la temporada y que podía rendir como lo han hecho tantas glorias del pasado Yankee.

Su nueva identidad comenzó a escribirse desde que bateó .455 con seis impulsadas en la Serie Divisional y posteriormente al promediar .429 con otra media docena de remolcadas en la Serie de Campeonato.

No solamente conectó cinco jonrones sino que los pegó a la hora buena, como los batazos disparados para igualar el marcador en el turno final de los Yankees ante el Mellizo Joe Nathan –bambinazo impulsor de tres rayitas- y el Angelino Brian Fuentes, los cerradores que tuvieron el mayor total de juegos salvados en el 2009 en ambas Ligas Mayores.

En la Serie Mundial su promedio (.143) no anda exactamente por las nubes, pero ha probado de nuevo ser crucial a la hora buena.

Fue la chispa que encendió a unos Yankees que perdían 3-0 en el tercer juego al impulsar dos carreras con un controversial cuadrangular después de que su batazo – que pegó en una cámara de televisión colocada al borde de las tribunas del jardín derecho en Filadelfia- fue decretado originalmente como doblete.

Y en el cuarto desafío rompió un empate al pegar el doblete de la diferencia en el noveno episodio para colocar a sus Yankees a un paso de la máxima corona.

Ocurra lo que ocurra de ahora en adelante ya nadie podrá cuestionar su capacidad de rendir en los instantes cruciales.

Porque tanto para él como para su estelar compañero Sabathia se despeja la cortina hacia la vitrina de la grandeza después de una larga espera a la sombra de sus propios infortunios a la hora buena.

Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.


Manolo Hernández-Douen lleva más de 37 años como periodista deportivo, columnista y editor. Es miembro Honorario Vitalicio de Baseball Writers of América (BBWAA). Manolo Hernández-Douen is closing in on 40 years as a journalist, sportswriter, columnist and editor. He is a Lifetime Honorary member of the Baseball Writers Association of America (BBWAA).

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