El Mundo Es Un Diamante: Alomar Firme Hacia Cooperstown A La Cabeza De Fuerte Trío Latino
Dotado de un majestuoso alcance para decapitar posibles imparables hacia sus manos izquierda y derecha, Alomar sumó seguridad y espectacularidad a la hora de fildear
Uno de los intermedistas más completos de la historia, el sólido ejemplo de lo que debe ser un bateador designado ideal y un productivo artillero que venció la adversidad para sumar una gran carrera.
Esas frases resumen las brillantes trayectorias de Roberto Alomar, Edgar Martínez y Andrés Galarraga, tres de los mejores peloteros latinoamericanos en las Ligas Mayores en décadas recientes.
Ese excepcional trío de beisbolistas de habla hispana surge al tapete porque cada uno de ellos aparece por primera vez en las tarjetas de votación para el Salón de la Fama de las Grandes Ligas.
Y todos tienen una oportunidad sólida para unirse al contingente latinoamericano en Cooperstown. Uno de ellos, Alomar, reúne las credenciales necesarias para ser exaltado en la primera oportunidad de elegibilidad apenas cinco años después de colgar los spikes.
Nunca ha sido fácil para un jugador entrar al Salón de la Fama a través de la votación de la Asociación de Cronistas Especializados en Béisbol (BBWAA por sus siglas en inglés). Se requiere ser un pelotero dominante a lo largo de un período amplio de tiempo, además de constituirse en representante digno de su profesión en el diamante.
En este sentido, las palabras habilidad, integridad, espíritu deportivo y carácter aparecen entre las características que deben ser tomadas en cuenta por los votantes, así como la contribución de cada nominado a los equipos cuyas franelas hayan defendido.
Para tener derecho a la aparición en las tarjetas de votación, un pelotero tiene que haber estado retirado por un mínimo de cinco años de las Grandes Ligas, pero eso no quiere decir que de la lista anual de candidatos tenga que surgir algún exaltado del Templo de los Inmortales.
A veces este sistema no define ganador alguno o pueden entrar dos o más, como ocurrió en la ocasión más reciente con los guardabosques Rickey Henderson y Jim Rice.
Se necesita figurar en el 75 por ciento o más de las planillas remitidas por el panel electoral conformado por casi 600 periodistas que hayan cubierto las Grandes Ligas por 10 temporadas consecutivas o más. Cada cronista puede votar hasta por 10 candidatos, pero tiene derecho a seleccionar menos de 10 o devolver su sufragio en blanco si ese es su deseo.
Por supuesto, el honor más grande lo recibe un pelotero al ser exaltado en su primera oportunidad de elegibilidad como ocurrió con Henderson en la pasada elección, pero un beisbolista puede permanecer en la lista de candidatos hasta por 15 años consecutivos siempre y cuando en la ocasión previa haya aparecido en el cinco por ciento o más de los votos.
Solamente 44 peloteros han sido exaltados en el primer voto a lo largo de la historia del Salón de la Fama.
El puertorriqueño Alomar pudiera convertirse en el número 45 para unirse entre los latinos honrados de tal manera al panameño Rod Carew, seleccionado en 1991. El inmortal boricua Roberto Clemente fue electo por una decisión especial sin pasar por el plazo de cinco años después de fallecer en una tragedia aérea que cercenó una legendaria trayectoria por el Béisbol de Lujo.
A lo largo de una estelar carrera Alomar se convirtió en uno de los camareros más brillantes de la historia moderna del béisbol.
Dotado de un majestuoso alcance para decapitar posibles imparables hacia sus manos izquierda y derecha, Alomar sumó seguridad y espectacularidad a la hora de fildear, iniciar doble matanzas o completarlas con un pívot magistral al punto de que fue galardonado con 10 Guantes de Oro, cifra máxima entre todos los intermedistas de los anales de este premio.
Por si fuera poco, conectó 2,724 imparables –entre estos 210 jonrones-, robó 474 bases, anotó 1,508 carreras, impulsó 1,134, y cerró sobre los .300 de promedio al jugar para los Padres, Azulejos, Orioles, Indios, Mets, Medias Blancas y Diamondbacks de 1988 al 2004.
Clásicas fueron las actuaciones de Alomar en pro de sus equipos en la postemporada al punto de que bateó .316 en sus cinco Series de Campeonato, y fue pieza de los Azulejos en la conquista de dos Series Mundiales consecutivas (1992-93), especialmente en la segunda de las mismas en la que promedió .480 con seis impulsadas en la contienda de seis juegos frente a los Filis.
Con el estelar paracorto venezolano Omar Vizquel redondeó en Cleveland una de las mejores combinaciones alrededor del segundo saco de la historia del béisbol.
Con el madero, pegó batazos cruciales que marcaron historia como la vez que el intermedista boricua conectó un cuadrangular frente al estelar taponero Dennis Eckersley para sellar la suerte de la Serie de Campeonato de 1992 frente a los Atléticos, evento en el que fue el Jugador Más Valioso.
Integrante de una familia beisbolera –su padre, Santos, jugó por 15 años en la Gran Carpa y todavía es instructor a ese nivel y su hermano, Sandy Jr., ha sido conceptuado como uno de los grandes receptores de las últimas décadas- , Roberto fue un pelotero ejemplar dentro y fuera del diamante.
Su única mancha fue el haberle escupido en el rostro al umpire John Hirschbeck cuando jugaba con los Orioles en 1996, un incidente superado al convertirse ambos seres humanos en fraternos amigos y participantes en conjunto en una serie de importantes obras de caridad.
Si bien es cierto que el nativo de Salinas, Puerto Rico, que actualmente tiene 41 años de edad, reúne los méritos para ser exaltado en su primera votación, su paisano Martínez y el venezolano Galarraga también acumularon cifras como para ir sumando puntos para algún día entrar al Salón de la Fama.
Martínez hilvanó una trayectoria tan brillante en el Béisbol de Lujo que el premio al mejor bateador designado de cada año lleva su nombre.
Un tercera base en sus primeras temporadas con los Marineros de Seattle –su único elenco en 18 temporadas en las Grandes Ligas-, el pelotero nacido en La Gran Manzana y criado en la Isla del Encanto fue uno de los artilleros más temibles de su tiempo en la Liga Americana.
El único designado que ha ganado una corona de bateo, Martínez fue el monarca de los artilleros del Joven Circuito en 1992 (.343) y 1995 (.356), cerrando su trayectoria en el 2004 con porcentaje de por vida de .312, con 2,247 hits, 309 jonrones, 1,261 carreras impulsadas y un estupendo promedio de embasamiento de .418.
Es apenas uno de ocho peloteros en la historia con 300 jonrones, 500 dobletes, porcentaje de bateo por encima de .300, promedio de embasamiento sobre .400 y slugging por arriba de los .500.
Ganador del Premio Clemente por su aporte dentro y fuera del diamante, nunca será olvidado en Seattle por haber labrado a palo limpio el derecho de que la franquicia permaneciera en esa ciudad. Su vigoroso promedio de .571 en la Serie de Campeonato de 1995 frente a los Yankees generó tanto entusiasmo que prácticamente inspiró a la legislatura local a aprobar la construcción de lo que es hoy el Safeco Field.
Quizás la candidatura de Martínez no cobre tanta fuerza entre algunos tradicionalistas que no consideran a bateadores designados como peloteros completos, pero las credenciales estadísticas del boricua son tan convincentes que se convertirá en pionero para sus colegas de esa innovadora posición netamente ofensiva cuando sea seleccionado al Salón de la Fama en votaciones subsiguientes.
Galarraga alineó 19 temporadas con los Expos, Cardenales, Rockies, Bravos, Rangers, Gigantes y Angelinos, y amasó cifras convincentes pese a tener que vencer la adversidad tanto al principio como al final de su distinguida carrera.
Sus 399 jonrones y 1,425 carreras impulsadas hicieron del “Gran Gato” un artillero admirado y respetado en las Grandes Ligas, especialmente si se toma en cuenta que ganó títulos en cada una de las gemas de la Triple Corona ya que fue campeón de bateo de la Liga Nacional (.370 en 1993), de jonrones (47 en 1996) y carreras impulsadas (150 en 1996 y 140 en 1997).
El ganador de dos Guantes de Oro por su habilidad defensiva en la primera base, Galarraga bateó 30 o más jonrones e impulsó 100 o más carreras en cinco ocasiones cada una, y en dos ocasiones fue el Retorno del Año, primero en 1993 por regresar de lesiones, y posteriormente en el 2000 al ganarle una dramática batalla al cáncer.
Por no haber bateado más de 400 jonrones, quizás tenga que esperar varios años para ser electo, pero no hay que olvidar que muchos grandes de la pelota latinoamericana como su paisano Luis Aparicio, el dominicano Juan Marichal y el cubano Tany Pérez fueron electos en elecciones subsiguientes y eso no demerita para nada su presencia en Cooperstown.
No hay que olvidar que Galarraga pegó más bambinazos que Pérez y el boricua Orlando Cepeda, dos valores latinoamericanos de Cooperstown.
Ejemplo claro es el caso de Rice, quien fue electo en su 15ta oportunidad y nadie va a argumentar que sea menos merecedor a su placa en el recinto ubicado en el estado de Nueva York.
De los que vuelven a aparecer en la papeleta con oportunidades contundentes figuran el jardinero Andre Dawson y el lanzador abridor Bert Blyleven, quienes lograron el 67 y el 62.7 por ciento de votos entre los 539 sufragios de la pasada elección. Dawson y Blyleven figuran en las tarjetas por 9na y 13ra ocasión, respectivamente.
Acompañan a Alomar, Martínez y Galarraga, entre los que son elegibles por primera vez, Kevin Appier, Ellis Burks, Pat Hentgen, Mike Jackson, Eric Karros, Ray Lankford, Barry Larkin, Fred McGriff, Shane Reynolds, David Seguí, Robin Ventura y Todd Zeile. De todos ellos, Larkin, paracorto de lujo que jugó sus 19 temporadas con los Rojos y conectó 2,340 hits, y McGriff, poderoso primera base que pegó 493 jonrones, tienen méritos para seguir en las tarjetas y eventualmente entrar a Cooperstown en votaciones subsiguientes.
Mark McGwire, quien bateó 583 jonrones, figura en las tarjetas por cuarta ocasión con la esperanza de que algún día podrá ser electo, pese a que su silencio sobre el uso o no de sustancias prohibidas aparenta haber sumado más en la decisión de algunos votantes que sus proezas con el madero.
El siguiente paso en el proceso del Salón de la Fama culminará el 31 de diciembre cuando cada votante envíe su tarjeta a la BBWAA.
El 6 de enero se sabrá si Alomar hace historia como el 45to pelotero electo en su primera oportunidad de elegibilidad, como merece serlo, así como la cantidad de votos que lograrán Martínez y Galarraga con miras a elecciones futuras.
Gracias a esta fabulosa trifecta de peloteros, la presente pudiera deparar una de las mejores participaciones latinas en cuanto a suma de sufragios obtenidos se refiere en la historia de la votación anual a Cooperstown.
Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.


Escriba su Comentario