El Mundo Es Un Diamante: Al Fin Se Hizo Justicia Con “El Halcón”
Sus virtudes a la defensiva la permitieron ganar ocho Guantes de Oro. Su explosión a la ofensiva lo dirigió a 2,774 hits
Andre Dawson era apenas un jovencito verde, pero hambriento de probar su valía, cuando hizo maletas para irse a jugar pelota invernal en la temporada 1975-76.
Apenas cuatro meses después de ser seleccionado en el draft de talento amateur por los Expos de Montreal, sudó la camiseta a las órdenes del manager Bobby Cox para ser clave de que los Cardenales de Lara pasasen a la primera final venezolana de su historia.
Esa misma emoción, esa pasión, esa calidad de pelotero de cinco estrellas, le permitirá hacer maletas una vez más, 35 años más tarde, para aceptar su exaltación al Salón de la Fama.
“El Halcón” entra con justicia a Cooperstown en su novena votación después de esperar con la misma paciencia de un niño al observar los dulces desde afuera de la vitrina de una tienda.
Una carrera accidentada por lesiones nunca pudo frenarlo. ¿Por qué iba a molestarse por esperar?
“Si alguien merece estar en el Salón de la Fama entrará independientemente del tiempo que le tome”, aseguró Dawson.
Los números siempre estuvieron de su lado, como acompañan también a Bert Blyleven y su curva maravillosa y al puertorriqueño Roberto Alomar, uno de los intermedistas más completos de la historia, que dejaron de entrar por cinco y ocho votos, respectivamente. Nunca antes se habían quedado fuera dos jugadores por menos de 10 unidades en una sola ronda de elección.
Blyleven y Alomar entrarán en la próxima ocasión sin duda alguna.. No hay motivo para pensar que no será de esa manera. Sería un crimen a la lógica si ocurriera lo contrario.
Dawson aprendió desde comienzos de su carrera que el que persevera alcanza.. Eso se lo enseñaron su abuelita, su madre y en un caso clave su esposa.
“Casi me retiré a cuatro años de comenzar mi carrera cuando me fracturé una rodilla”, recordó Dawson, Novato del Año de la Liga Nacional en 1977. “Pero mi esposa me dijo que tuviera cuidado de tomar una decisión de la que me pudiera arrepentir”.
Las lesiones fueron las razones de que Dawson no pusiera mejores números más contundentes todavía, como si fueran pocos los argumentos sumados en su impresionante hoja de servicios. Una vez era tanto el dolor que llegó a decir que “ya estoy caminando como Festus” [anciano de la legendaria serie de televisión Gunsmoke o La Ley del Revólver].
Poseedor de un cañón por brazo, elegancia y seguridad para fildear, capacidad para batear con poder y para altos promedios y relampagueante velocidad, integró lo que fue conceptuado a partir de 1977 como el mejor cuerpo de jardineros joven de las Grandes Ligas al lado de Warren Cromartie y Ellis Valentine, cuando los tres promediaban la tierna edad de 22 años.
Sus virtudes a la defensiva la permitieron ganar ocho Guantes de Oro. Su explosión a la ofensiva lo dirigió a 2,774 hits –entre estos 438 jonrones-, 314 bases robadas y 1,591 carreras impulsadas en una carrera que comenzó en 1976 y se prolongó hasta 1996 con los Expos, los Cachorros de Chicago, los Medias Rojas de Boston y los Marlins de la Florida.
Es solamente uno de tres peloteros con 400 cuadrangulares y 300 estafas. Los otros dos son Willie Mays y Barry Bonds. Le faltan tres robos a Alex Rodríguez para convertirse en el cuarto de esa lista.
Su temporada cumbre fue la de 1987, cuando fue el único Jugador Más Valioso de la historia de la Liga Nacional perteneciente a una novena de último lugar con 49 jonrones y 137 carreras impulsadas en su debut con los Cachorros al escaparse de la superficie artificial –astro turf- que lo atormentaba.
Ese escape hacia la grama natural marcó una gran diferencia para Dawson, quien tuvo que someterse a 12 operaciones e inclusive va por su tercer reemplazo de rodilla –lleva dos cirugías de ese tipo en una de ellas-, pero la más importante fue su ética de trabajo para prepararse bien que incluía exigentes rutinas de preparación antes de cada partido.
No se sabe, por cierto, con qué gorra entrará Dawson a Cooperstown. Esa decisión no le pertenece a las Grandes Ligas sino al propio Salón de la Fama, que se reunirá con “El Halcón” para hablar de ese tema.
Mientras eso ocurre y el nativo de Miami prepara su discurso, Blyleven y Alomar esperarán por la oportunidad de entrar, en lo que será la 14ta oportunidad para el holandés y segunda para el boricua.
“Lo sentí por él”, dijo Dawson torno a Blyleven. “Quedarse corto por cinco votos es difícil de digerir”.
El nuevo integrante de Cooperstown sabe que se le unirán pronto tanto el pitcher cuyos 3,701 ponches son la quinta mayor cantidad de todos los tiempos, como el intermedista que trataba de sumarse al panameño Rod Carew, único latinoamericano que ha entrado en la primera votación –el boricua Roberto Clemente fue exaltado por una decisión especial tras su trágica desaparición- en la historia del Templo de los Inmortales.
“Considero que Alomar es un pelotero Salón de la Fama”, contestó Dawson a una pregunta de Spanish Béisbol Network en la conferencia telefónica celebrada minutos después de que se conoció el resultado de la votación. “Ahora la decisión de incluirlo estará en manos de los periodistas.
“Es uno de los grandiosos segunda base que han jugado”, prosiguió Dawson. “Tuvo una carrera sobresaliente si uno mira todas sus estadísticas. Uno nunca sabe lo qué ocurrirá en una primera oportunidad porque no se sabe cuál será la dirección de la votación”.
Es bien raro que un pelotero entre en una primera oportunidad. Se necesitan cifras monstruosas, como las que logró Rickey Henderson –exaltado al año pasado en la ocasión inicial- para lograr ese objetivo, mientras hay otros como el de Jim Rice, quien necesitó de 15 chances.
No obstante, desde el punto de vista de un humilde periodista, Alomar sí tenía los números fantásticos -2,724 hits, 210 jonrones, 474 bases robadas, 1,134 carreras impulsadas, promedio de .300 de por vida, 10 Guantes de Oro y dos anillos de Serie Mundial- para recibir su telefonazo madrugador a la gloria. Quizás ningún pelotero ha defendido esa posición con la seguridad, elegancia y espectacularidad del puertorriqueño en los anales de las Grandes Ligas.
De hecho, Alomar y Joe Morgan son conceptuados por tirios y troyanos como los dos camareros más completos en por lo menos el medio siglo más reciente de la historia y por eso es más fácil pasar un contrabando de gallos al amanecer que dejar fuera al puertorriqueño de Cooperstown..
Hay que respetar, empero, el punto de vista de los votantes por muy desacertada que parezca su decisión. Ojalá no lo hayan dejado fuera por aquel escupitajo al umpire John Hirschbeck en 1996 cuando el boricua jugaba con los Orioles de Baltimore. Ambos son excelentes amigos ahora y el propio umpire asegura que el intermedista pertenece merecidamente a Cooperstown.
Hace muchos años, era un secreto a voces que el fabuloso lanzador dominicano Juan Marichal no entró antes a Cooperstown porque le pasaron factura por aquel batazo que le pegó al receptor John Roseboro en un incidente en el plato. Ojalá eso no hubiera sido un factor determinante entonces. Ojalá tampoco sea ese el caso ahora.
El propio Alomar prefirió tomar las cosas de manera filosófica. Admitió estar decepcionado, pero a la vez satisfecho de haber quedado tan cerca del umbral. Le queda el consuelo que entrará en una segunda oportunidad. Ryne Sandberg, otro gran camarero de la actual era, requirió de tres votaciones.
Como se estila cada año, Alomar necesitará el 75 por ciento de los votos. Dawson (77.9%) entró con apenas 15 (420 de los 539 posibles) por encima de lo necesario, mientras Blyleven se quedaba en 74.2% y Alomar en 73.7%.
Entretanto, el también boricua Edgar Martínez sumó 36.2%, cifra que le permitirá ir escalando a lo largo de los años –como lo hicieron estelares latinos comp Marichal, el venezolano Luis Aparicio y el cubano Tany Pérez- para eventualmente convertirse en un pionero para los bateadores designados.
La planilla que será enviada a los electores en diciembre tendrá -además de los nombres de los remanentes Blyleven, Alomar, Jack Morris, Barry Larkin, Lee Smith, Martínez, Tim Raines, Mark McGwire, Alan Trammell, Fred McGriff, Don Mattingly, Dave Parker, Dale Murphy y Harold Baines- a primerizos encabezados por el cubano Rafael Palmeiro, el canadiense Larry Walker, el puertorriqueño Juan González, Jeff Bagwell y los lanzadores Kevin Brown y John Franco.
Pronóstico adelantado: Alomar y Blyleven entrarán a Cooperstown 1-2. McGwire quedará mucho más cerca, una vez que comience a hablar sobre la era turbulenta de los esteroides como nuevo instructor de los Cardenales de San Luis.
Por ahora, el que no tendrá que esperar más es Dawson. “El Halcón” ya tiene su nombre donde debería haber estado desde hace bastante tiempo. En una placa en Cooperstown.
Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.


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