El Mundo Es Un Diamante: Duchscherer Conquista Triunfo Vital Fuera De La Lomita
En su lucha contra la depresión clínica se encontró con un aliado especial en el programa de asistencia a los empleados de los A’s que dirige el doctor Ray Kanesky
No es fácil para un pelotero recuperarse de una lesión, pero pudiera ser mucho más difícil superar un trance que no tenga nada que ver con lo físico sino con lo mental.
Términos como depresión clínica, ansiedad, melancolía han surgido con relativa frecuencia en el deporte profesional moderno porque estos traumas pueden ser más devastadores que una fractura o un desgarre muscular.
Algunos vuelven con enorme éxito como es el caso reciente de Zack Greinke, lanzador de los Reales de Kansas City que superó desórdenes de ansiedad y depresión sufridos hasta hace un par de años para convertirse en uno de los mejores serpentineros de las Ligas Mayores.
Los nombres del lanzador zurdo Dontrelle Willis, el paracorto Khalil Greene y el primera base Joey Votto también han aparecido en torno a estos temas en años recientes. Son destacados peloteros cuyas carreras fueron puestas en jaque por alguno de estos tipos de desórdenes.
Justin Duchscherer, lanzador de los Atléticos de Oakland, también conoce muy bien a este duro contrincante que se esconde en lo profundo del cerebro humano porque se lo encontró frente a frente el año pasado, pero está convencido de que ha podido vencerlo por completo.
Acorralado por recuerdos amargos como el divorcio de sus padres y su propia disolución matrimonial, Duchscherer tuvo demasiado tiempo en sus manos para pensar en cosas negativas cuando se recuperaba de la operación en el codo derecho que le fue practicada en los pasados Entrenamientos de Primavera y a la postre sucumbió ante lo que es denominada como depresión clínica.
Un buen día, cuando estaba en plena etapa de rehabilitación de su percance físico en las Ligas Menores, se sintió atemorizado y paralizado mentalmente hasta para abordar un avión. En ese entonces, se convenció de que necesitaba mucho más ayuda de la que recibe un lanzador al ver las señales de su receptor.
“Me sentía abrumado con las cosas que rodeaban mi vida personal”, confesó el pitcher derecho de 32 años de edad que fuera recientemente firmado como agente libre por los Atléticos. “Trataba de eludirlas y jugar a la pelota era [previamente] una buena manera de hacerlo”.
En su lucha contra la depresión clínica se encontró con un aliado especial en el programa de asistencia a los empleados de los A’s que dirige el doctor Ray Kanesky, quien le hizo comprender la importancia de extraer cosas positivas hasta de los detalles más negativos con los que pudiera enfrentarse un atleta.
Menos de seis meses más tarde, el experimentado pitcher derecho considera que se ha convertido en un ser humano que ha noqueado de manera contundente esos fantasmas que le atormentaban en su vida personal.
“Entre el punto a donde me encuentro ahora y donde estaba hace seis meses hay un mundo de diferencia”, dijo Duchscherer. “Aprendí como cambiar mi disposición y mi perspectiva, y a no ser tan duro conmigo mismo. Nunca tuve dudas sobre mi habilidad en el diamante, pero necesitaba enderezar otras cosas de mi vida.
“Estoy feliz de haber pasado por esto y sé que ahora soy una mejor persona”, aseguró el derecho nacido en Dakota del Sur. “Considero que podré ser un mejor padre y un mejor esposo en el futuro, no solamente un mejor pelotero”.
Y si demuestra en la lomita que está totalmente recuperado tanto física como mentalmente usted puede apuntarlo desde ya no solamente como un fuerte candidato a ser el Retorno del Año de la Liga Americana sino como una nueva prueba de que un atleta sí es capaz de derrotar esos espectros mentales que pueden ser escollos más duros que las lesiones.
Duchscherer, participante en dos ocasiones en el Juego de las Estrellas, tiene un brazo versátil, que le ha permitido ser tanto un relevista confiable –intervino en 65 partidos con Oakland en el 2005- como un abridor sólido. Su consagración como iniciador tuvo efecto en el 2008, cuando a mediados de campaña llegó a encabezar la Liga Americana en efectividad.
Sin embargo, no ha podido escaparse de las lesiones. De hecho, ha figurado en la lista de los inhabilitados en partes de cada una de las cuatro temporadas más recientes aunque nada ha sido más agobiante para el pitcher que se auto conceptuaba como un perfeccionista que lo que le ocurrió al medirse al tenebroso manto de la depresión en agosto del año pasado.
“Existe una especie de patrón [en el deporte profesional] de que se supone que uno sea bien duro”, comentó Duchscherer. “Pero no somos robots. Cometemos equivocaciones y a veces necesitamos ayuda. Usaba demasiada energía en mi intento por ser perfecto [como lanzador]”.
Al haber comprendido mejor como dominar sus propias características como ser humano y como atleta profesional, Duchscherer (10-8, 2.54 de efectividad en el 2008 con los Atléticos) estará en condiciones de ayudar a Oakland no solamente como lanzador sino como consejero de un cuerpo de pitcheo caracterizado por su juventud.
En este sentido, los Atléticos tienen jóvenes talentosos por doquier. Uno de ellos, Brett Anderson, tiraba un juego perfecto ante los temibles Angelinos de Los Angeles de Anaheim apenas arruinado en el séptimo episodio por el venezolano Bob Abreu, y otro, Trevor Cahill, lanzó sin hits ni carreras hasta el tercio final de un juego frente a los Marineros de Seattle.
Tanto Anderson como Cahill lanzaron con apenas 21 años de edad en el 2009. Dallas Braden, Gio González y Vin Mazzaro, otros tres candidatos a la rotación, son también hombres bien jóvenes, así como lo es el cerrador Andrew Bailey, Novato del Año de la Liga Americana.
“Vislumbro que puedo ser como una especie de mentor para ellos, también en circunstancias de la vida”, adelantó Duchscherer. “Nunca conté [cuando joven] con alguien de quien pudiera aprender”.
Anderson tiene una slider fenomenal, Cahill una sinker del otro mundo, Bailey una recta dominante y González dispone de la curva del futuro. Con Duchscherer, especialista en sacarle provecho a una serie de lanzamientos que pareciera que no mojan pero empapan, podrán enriquecerse de lo que sabe hacer el recuperado veterano derecho: salir airoso en los días en los que las cosas no son color de rosa.
Unidos por la experiencia de un colega que supo ganar su juego más importante fuera de la lomita, aprenderán todos que ganar en el béisbol no es algo que se circunscribe exclusivamente a las bolas y los strikes.
Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.


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