Quien Ganara La Liga Nacional Este?

El Mundo Es Un Diamante: Con Hermoso Broche De Oro Culmina En Margarita El Tributo A Los Alou

Hablarán por mucho tiempo en Margarita, el hermoso paraíso venezolano

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No hay ninguna duda. Lo que es del cura va para la iglesia.

Cuando comenzó la temporada invernal 2009-2010 en la República Dominicana, el pensamiento de tirios y troyanos estaba en uno de los tríos de hermanos más famosos de la pelota.

Felipe, Mateo y Jesús Rojas Alou pusieron bien en alto la franela de la tierra del merengue en las Grandes Ligas y esa distinguida familia beisbolera constituye el corazón de una de las franelas más significativas de la pelota latinoamericana, la de los Leones del Escogido.

Es por eso que decidieron dedicarle la temporada a los Alou. Nunca imaginaron que de esa manera estarían escribiendo el primer capítulo de una fantástica nueva historia del deporte quisqueyano.

La gloria correspondió a los Leones al ganar el título en la República Dominicana en una dramática serie de nueve encuentros frente a los Gigantes del Cibao. Era la hora de sonreír para los Alou. La temporada comenzaba con una dedicatoria y terminaba con sabor a gloria.

Sin embargo, no conformes con ganar el campeonato en la República Dominicana, los Leones acaban de ponerle el broche de oro al hermoso episodio que comenzó en octubre al capturar –con marca de 5-1, por 4-2 de los Indios de Mayagüez que vendieron cara su derrota al ganar sus últimos cuatro juegos- la Serie del Caribe Margarita-2010, la tercera en la historia de la franquicia y la 18va de esa nación.

Y por si fuera poco el impacto de los Alou en la exitosa historia de los Leones, el reinado del Caribe se produjo bajo el sello familiar al coronarse el Escogido de la mano del hijo de Felipe, Moisés, quien fuera campeón como pelotero con esa franela y lo es ahora en su debut como gerente general.

Bien orgulloso tiene que sentirse Moisés al llevar a sus Leones a la tierra prometida como arquitecto, como lo hizo previamente su padre como dirigente.

¿Dónde van a poner los Alou este nuevo trofeo? No va a ser fácil encontrarle sitio, porque entre estadísticas, premios, logros y títulos hay mucho que detallar de esta sobresaliente familia dominicana.

Para los que le gusten los números, queda una perla: entre Felipe, Jesús, Mateo y Moisés, los Alou lograron en las Grandes Ligas 7,228 hits, 601 jonrones, 2,943 carreras impulsadas y 400 bases robadas.

Para los que se frotan las manos con los galardones, allí figuran los anillos como campeones de Serie Mundial sumados por Jesús (1973-74 con Oakland), Mateo (1972 con los Atléticos) y Moisés (1997 con los Marlins de la Florida).

Para los que aman la nostalgia, inolvidable será el hecho de que los tres hermanos, Felipe, Mateo y Jesús, patrullaron simultáneamente los jardines de los Gigantes de San Francisco.

Para los tesoreros de la historia, queda el significado de Felipe como uno de los pioneros de la República Dominicana en las Grandes Ligas y sus 1,033 victorias como dirigente en el Béisbol de Lujo, pese a que en la mayor parte de su trayectoria tuvo que maniobrar con novenas estructuradas con presupuestos muy por debajo de sus rivales. “Tenemos que adentrarnos un poco más hacia lo profundo de la selva”, solía decir cuándo se le preguntaba cómo hacía para extraerle lo máximo a sus Expos de Montreal.

El gran estratega Felipe, que solía dirigir sus piezas con la habilidad de un ajedrecista y la precisión de un relojero suizo, tenía que estar pensando, al ver el último partido de Margarita-2010 entre el Escogido y el Caracas, que entre sus estupendos logros como piloto están el haber dirigido al título de su respectivo país a cada uno de los Leones, dominicanos y venezolanos.

Toda esa herencia, todas esas hazañas, son bien significativos, pero todo nace dentro del corazón de su propia patria y por ello la familia Alou tiene que sentirse bien orgullosa por lo logrado por el Escogido al volver al primer plano de la Pequeña Serie Mundial del Béisbol Latinoamericano.

No es fácil armar un campeón en el Caribe. Eso lo sabían todos ellos como peloteros, dirigentes, instructores. Ahora lo conoce Moisés como gerente general.

Por muchas circunstancias es quizás más difícil ensamblar un monarca de la Serie del Caribe que un campeón de la Serie Mundial, por muy exagerado que parezca este comentario.

Al menos el equipo de las Grandes Ligas puede contar con toda una organización a lo largo del año, mientras una novena del Caribe cambia más que un camaleón, desde el día que arranca la temporada hasta el instante en el que cae el telón de la máxima fiesta del béisbol latinoamericano.

Rara vez puede arrancar una novena del Caribe con su escuadra ideal. Sus nativos más relevantes suelen tomarse un descanso después de intervenir en la pelota norteamericana y sus principales refuerzos acuden tardíamente por la misma razón.

La pelota del Caribe en sí es una modalidad de contrastes, donde lo mismo alinea un estelar en las Grandes Ligas como un novato recién firmado, y se uniforman tanto un beisbolista curtido de experiencia que viene de competir en México, Japón, Corea, hasta Europa, como un jovencito que le pone un mundo a su actuación porque le espera un pronto llamado a la Gran Carpa.

Usted puede tener un trabuco en noviembre y un equipo que da lástima en enero si no sabe redondear bien su personal o no tiene un plan “A”, “B”, hasta “C” debajo de la manga. A veces los importados se pueden ir por una lesión, porque decidieron no retornar después de la Navidad o simplemente porque no les dieron permiso sino para jugar hasta cierto punto de la campaña.

Un ejemplo claro lo vivió el Escogido con Conor Jackson, pelotero de los Diamondbacks de Arizona que acribilló la liga dominicana a palo limpio antes de volver al norte. Robusteció su confianza como jugador y eso le será de gran utilidad en las Grandes Ligas, pero al irse a casa dejó un vacío enorme.

A veces hay que buscar calidad en otras ligas paralelas. Para fortalecer su ofensiva, Alou se llevó al Escogido al jardinero curazoleño Wladimir Balentien, quien no había sobresalido en Venezuela con los Navegantes del Magallanes, pero tan pronto se bajó del avión en Quisqueya comenzó a dar palos.

También incorporó desde Venezuela al intermedista Alberto Callaspo, pelotero rendidor en las Grandes Ligas cuyo equipo había quedado eliminado en la tierra de Simón Bolívar.

Cada uno de esos detalles fue vital, porque los Gigantes fueron hueso duro de roer. De hecho, los Leones tuvieron que ganar los dos últimos partidos de la angustiosa final para poder coronarse.

Después de armar el rompecabezas para conquistar un campeonato, era necesario ponerlo de nuevo en orden para ir a la Serie del Caribe, haciendo juegos malabares para obtener los refuerzos adecuados luego de quedarse -en el caso del Escogido-, sin peloteros de la talla del estelar abridor Francisco Liriano o del relevista Santiago Casilla.

Igual que decidía juegos con sus batazos, Moisés también supo brindarle a su dirigente, el ex pelotero de las Grandes Ligas Ken Oberkfell –a su vez campeón de la Serie Mundial con los Cardenales de San Luis en 1982-, los jugadores ideales, entre ellos al abridor cubano Raúl Valdés (ganador de dos juegos en Margarita-2010) y el relevista Julio Mañón, que se habían ido en calidad de refuerzos precisamente a la pelota venezolana.

El hijo de Felipe, el sobrino de Jesús y Mateo, no estaba listo para ofrecer excusas por un posible desempeño gris de sus Leones en Margarita-2010. La temporada había comenzado en su querida tierra del merengue a ritmo de los Alou y no podía terminar de otra manera.

Ahora puede decir con orgulloso de que ha cumplido su tarea a cabalidad.

Quedará de Margarita-2010 el desempeño clave de peloteros como el jardinero Fernando Martínez –gran prospecto de los Mets de Nueva York que fue el Jugador Más Valioso del certamen-, el paracorto Ramón Santiago, el tercera base Juan Francisco, el norteamericano Kevin Barker.

Inolvidable será el recuerdo de una tremenda faena completa del puertorriqueño Nelson Figueroa que marcó pauta para el sobresaliente pitcheo quisqueyano, demostrándole a los Mets que tiene pasta para ser un posible quinto abridor fijo en el 2010 en la Liga Nacional.

Gozará de lo lindo una joven promesa como lo es Alexander Valdez de la satisfacción de haber brillado con su equipo de octubre a febrero.

Hablarán por mucho tiempo en Margarita, el hermoso paraíso venezolano, de aquel espectacular robo del plato del veloz jardinero central Freddy Guzmán para decidir la victoria sobre el equipo anfitrión en un partido a sangre y fuego que mantuvo invicto al escuadrón quisqueyano al cerrarse la primera vuelta.

Guzmán, por cierto, se dio el lujo de ser campeón de la Serie Mundial con los Yankees de Nueva York y de la Serie del Caribe con el Escogido, todo en un lapso de poco más de tres meses.

Santiago, Francisco, los relevistas Joel Peralta y Darío Veras, así como Valdés y Mañón, fueron refuerzos que encajaron como anillo al dedo para la importante conquista caribeña, demostrando una vez más Alou su tacto como arquitecto.

Lo más importante, empero, es que los Leones jugaron a la pelota como si hubieran estado convencidos entre ceja y ceja que lo había comenzado como un tributo a los Alou tenía que terminar con la máxima gloria del equipo con el que se hicieron famosos.

Lo que es del cura va para la iglesia.

Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.

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