El Mundo Es Un Diamante: Singular Drama De Alegría y Frustración Por Los Ajustes De Roster
Es la pelota dentro de la pelota, un juego reñido sin haberse tirado una bola
La vida del pelotero profesional puede deparar satisfacciones y gloria, pero también situaciones de dramatismo fuera del diamante y por ende ajenas al gran público.
Se producen situaciones de tensión cuando alguien recibe la buena noticia de un ascenso por primera vez. O cuando un jugador es bajado a las ligas menores o pierde su empleo de manera sorpresiva.
Tómese el ejemplo de lo que se vive en un clubhouse de las Grandes Ligas justo antes de comenzar una temporada al producirse los diferentes matices de angustia, decepción o alegría que se presentan a la hora de estructurarse el plantel oficial de 25 peloteros.
En un rincón, un pelotero trata de recuperar su compostura. Más allá, un colega suyo celebra en silencio, mientras un tercero lamenta frente a su vestidor ser víctima de las circunstancias.
“Sentí como si estuviera en una película de acción, sentado en el borde de mi asiento hasta el final”, describió con su emocionada originalidad el lanzador zurdo cubanoamericano Gio González, pocos segundos después de recibir la noticia de que será integrante de la rotación de abridores de los Atléticos de Oakland, batalla que libraba con los derechos Trevor Cahill y Vin Mazzaro.
La “película de acción”, un hecho de la vida real, se vivió en el vestidor de los Atléticos, uno de los equipos que tuvo que tomar más decisiones de último minuto para ajustar su roster con miras a la temporada que arrancaba el domingo por la noche.
Los protagonistas cambian, pero imagínese usted un panorama similar en otros 29 vestidores del Béisbol de Lujo. Lo que había comenzado seis semanas antes al abrirse cada campamento de entrenamientos, algunos hasta con 75 ó más peloteros, terminaba con el dramático ajuste final.
Son situaciones como para comerse las uñas hasta los codos, en silencio, sin presencia de la fanaticada, pero con intensas emociones para los protagonistas y los que les rodean.
Es la pelota dentro de la pelota, un juego reñido sin haberse tirado una bola, sin haberse producido un out en el plato o bateado hit alguno, decisiones tan importantes como el desenlace de un partido.
En algunos casos, por esas mismas decisiones comienzan carreras que bien pudieran ser largas y exitosas. En otras situaciones, fenecen sueños, a veces hasta para siempre.
“Estoy tratando de contener mis emociones, de mantener mi compostura, pero en lo que salga daré vueltas de carnero, bailaré break dance y celebraré con mi papá y con mi hermano”, admitió González, poco después de que el instructor de pitcheo de Oakland, Curt Young, le estrechó la diestra y le extendió un mensaje claro y alentador: “Tenemos amplia confianza de que tú eres el hombre para este trabajo”.
Como muchos otros en el Béisbol de Lujo, a González, cuya madre nació en La Habana y su padre en Nueva Jersey, le había llegado el momento soñado de iniciar una temporada en la meca de la pelota, aunque Gio ya ha lanzado en las Ligas Mayores en partes de las campañas del 2008 y el 2009.
Segundos más tarde, otro pelotero de ascendencia latina que nunca había iniciado la temporada con un equipo de las Grandes Ligas, el versátil mexicoamericano Adam Rosales, acomodaba sus cosas frente a su compartimiento personal, tras lo cual recibió a un periodista con una sonrisa de oreja a oreja.
“Nos vemos mañana”, expresó Rosales a manera de noticia. Le acababan de informar que haría el grado como suplente de Oakland para jugar tanto en el cuadro como en los jardines. “Estoy bien emocionado. Trabajé duro para lograr esto. Estoy listo para ayudar a mi equipo”.
El esfuerzo de Rosales, adquirido menos de dos meses antes en canje entre Oakland y los Rojos de Cincinnati, comenzó a lo largo de los meses invernales cuando reforzó al equipo Aguilas de Mexicali en la Liga Mexicana del Pacífico.
Rosales, debutante en rosters inaugurales que puede jugar en todas las posiciones del cuadro y los jardines, comentó emocionado que una de sus metas es pulir el español. Su padre es de Chihuahua, México, su madre de Arkansas y él nació en Chicago. Tiene experiencia breve con Cincinnati.
Algunos metros más allá, el relevista ex Yankee Edwar Ramírez expresaba su satisfacción.
“Tengo que agradecerle tanto a [el panameño y cerrador de lujo] Mariano Rivera, quien me aconsejó mucho cuando estaba con los Yankees, como a Ramón Martínez –ganador de 20 juegos con los Dodgers de Los Angeles en 1990- porque estuvo trabajando conmigo bastante con mis lanzamientos en la temporada dominicana”, expresó el derecho de los Tigres del Licey.
Al asegurar su puesto, terminaba una pretemporada dramática para Ramírez, un dominicano que trae a Oakland la experiencia de haber trabajado en 96 juegos del 2007 al 2009 con los Yankees , que siempre están en la pelea. Edwar pasó por la dura experiencia de haber sido canjeado dos veces en la pretemporada, primero de Nueva York a los Rangers, y días más tarde de Texas a Oakland.
En el otro lado del vestidor de la novena dirigida por Bob Geren, Tyson Ross, jovencito que nunca soñó con llegar este año a las Grandes Ligas, recibía el pasaporte directo de la Doble “A a la Gran Carpa.
“Le pasó lo mismo que a Andrew Bailey”, elogió Geren, recordando la exitosa pretemporada vivida un año antes por el también ex abridor que llegó a la Liga del Cactus con una leve esperanza como único aliado, pero fue de menos a más hasta asegurar un puesto. A la postre, Bailey mejoró tanto que se ganó el derecho a ser el taponero del equipo y a la postre fue el Novato del Año de la Liga Americana.
Obviamente, por cosas de la profesionalidad, nadie celebraba las buenas noticias con bombos y platillos, porque a pocos metros algunos compañeros de equipo que abrigaban el mismo sueño de arrancar la temporada con el equipo grande sufrían la agonía de experimentar noticias más bien infaustas.
Por ejemplo, Landon Powell, quien a juicio de tirios y troyanos hizo un trabajo enorme como receptor suplente del titular Kurt Suzuki en el 2009 especialmente por su productividad – 30 carreras impulsadas en apenas 140 turnos- lamentaba su retorno a la Triple “A”.
No es que Powell ha dejado de ser importante, ni que los Atléticos ya no respetan su valía. Todo lo contrario, con este ambidextro que rindió hasta jugando con una dolorosa lesión en una pierna se produjo una decisión matemática. Oakland aspira a sacarle amplio provecho a Jake Fox, un ex Cachorro de Chicago que puede jugar varias posiciones –aunque la defensa no es su mejor aliado- y por eso se quedaron con sus servicios como cátcher suplente.
“No es placentero recibir una noticia como esta”, comentó Powell. “Pienso que jugué lo suficientemente bien en el 2009 como para haber asegurado un puesto, pero comprendo que esto es un negocio.
“Me dijeron que no había hecho nada malo, pero que era cuestión de la estructura el equipo”, agregó Powell, ex súper prospecto cuyo ascenso a las Ligas Mayores se retrasó hasta el 2009 por las lesiones sufridas a lo largo de su trayectoria. “Para mí es difícil, porque ya no tengo 24 años, sino 28. Siento que pertenezco a las Grandes Ligas y voy a las menores a probar que merezco retornar en poco tiempo”.
Si la píldora era difícil de tragar para Powell, imagínese usted como lo habría sido para el jonronero Jack Cust, quien viene de sacudir 84 bambinazos –promedio de 28 por año- del 2007 al 2009 y que fue recontratado como agente libre por $2.65 millones más incentivos.
En aquella tarde de cortes, Cust pagó los platos rotos por considerar su equipo que la mejor alternativa como bateador designado es Eric Chávez, quien retorna de sus lesiones y que –a diferencia de Cust- es un virtuoso del guante que puede defender varias posiciones.
Cust fue colocado en reasignación, lo cual quiere decir que a partir de ese momento Oakland tenía 10 días para canjearlo, desprenderse de sus servicios o enviarlo a las ligas menores. El veterano de 31 años tiene el poder como carta de presentación y es factible que otra organización ya lo tenga en la mira, pero en esa tarde sabatina en el Coliseo de Oakland la perduraba con un sabor amargo en la boca.
Más allá, un eterno prospecto de Oakland, Travis Buck, acomodaba sus cosas con optimismo luego de enterarse de que sería jardinero izquierdo titular por lesión de última hora –fractura de un dedo meñique- sufrida por el veterano Coco Crisp, quien a su vez lamentaba su mala fortuna.
Algunos felices, otros con el ánimo destrozado. He allí el ambiente de uno los 30 vestidores de las Grandes Ligas, donde se vivieron momentos decisivos a la hora de la verdad.
Y así transcurría por doquier cada caso similar en los entretelones del mundo del diamante en los momentos culminantes previos a la justa beisbolera del 2010.
Con cada epílogo, se recordaba la frase final de la serie de los ’60 titulada La Ciudad Desnuda y filmada en Nueva York: “Hay ocho millones de historias en la ciudad desnuda. Esta ha sido sólo una de ellas”.
Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.


Escriba su Comentario