El Mundo Es Un Diamante: Latinoamérica Brilla Con Luz Propia En El Tradicional Juego De Las Estrellas
Nueve peloteros latinoamericanos han ganado el premio Jugador Más Valioso de la cita de los astros desde que ese galardón fue instaurado en 1962.
Latinoamérica estará de nuevo muy bien representada en el tradicional Juego de las Estrellas, lo cual es ya una costumbre que se fortalece año tras año.
Simple y llanamente porque los peloteros latinoamericanos juegan un papel enorme en cada campaña del Béisbol de Lujo y el clásico de mediados de temporada no es una excepción.
Desde el inolvidable paracorto venezolano Alfonso “Chico” Carrasquel en 1951 hasta fabulosas estrellas lideradas por el dominicano Albert Pujols en el 2010, los peloteros oriundos de la América Latina han brillado con luz propia en este tipo de eventos a lo largo de más de medio siglo de participación.
Carrasquel, quien inició la impresionante hilera de fabulosos paracortos de la tierra de Simón Bolívar en la Gran Carpa, fue el pionero al ser en 1951 el primer latinoamericano en abrir un Juego de las Estrellas.
Sus sucesores no lo han hecho quedar mal.
Nueve peloteros latinoamericanos han ganado el premio Jugador Más Valioso de la cita de los astros desde que ese galardón fue instaurado en 1962.
El dominicano Juan Marichal fue el primero en 1965 y lo han seguido sus paisanos Julio Franco (1990), Pedro Martínez (1999), Alfonso Soriano (2004) y Miguel Tejada (2005).
El cubano Tany Pérez (1967) y el venezolano David Concepción (1982) han sido los ganadores del preciado galardón a nombre de sus respectivas naciones.
Significativo es el hecho de que los boricuas Sandy Alomar Jr. (1997) y Roberto Alomar (1998) lo ganaron de manera consecutiva, pero de mayor importancia es el factor de que ambos son hermanos.
De hecho, Latinoamérica se apuntó tres premios al hilo de 1997 a 1999 con los Alomar y con Martínez, prueba inequívoca del talento de habla hispana.
Cada uno de estos peloteros merece un sitial especial en la historia en las Grandes Ligas por sus proezas, pero de todos ellos resalta el nombre de Pérez por una serie de razones muy especiales.
Primero, porque Pérez decidió con un jonrón en el décimo quinto episodio frente a Jim “Catfish” Hunter la victoria de la Liga Nacional por 2-1. Para ese momento, ese partido era el más largo en número de entradas disputadas en la historia de los Juegos de las Estrellas.
Segundo, porque ese encuentro se celebró en Anaheim, donde se llevará a efecto precisamente el Juego de las Estrellas del 2010.
Cinco latinoamericanos figuraron en las respectivas alineaciones titulares de aquel clásico de 1967.
El fabuloso “Cometa de Carolina” Roberto Clemente abrió por la Liga Nacional como jardinero derecho y segundo bate; su paisano y amigo de toda la vida Orlando Cepeda inició como primera base y cuarto en el orden, y a Marichal le correspondió el honor de arrancar como serpentinero.
Los titulares por la Liga Americana fueron el panameño Rod Carew -quien al alinear como segundo bate se convirtió en ese momento en el primer segunda base novato que abría un Juego de las Estrellas-, y el cubano Tony Oliva, que comenzó como jardinero central y tercer artillero.
Pérez, quien para ese entonces jugaba fundamentalmente como antesalista, entraría más adelante en el encuentro, en el que se sumaron 30 ponches, entonces la máxima cantidad en un Juego de las Estrellas.
Otro dato curioso de aquel primero de tres Juegos de las Estrellas programado para el estadio de la “A” gigantesca fue que las tres carreras se produjeron por batazos de vuelta entera. Dick Allen la sacó para poner adelante a la Liga Nacional en el segundo tramo, y Brooks Robinson igualó por la Liga Americana en el sexto con el segundo cuadrangular del cotejo.
A esa maratónica jornada acudieron 46,309 espectadores, pero aunque se jugó en el mismo escenario del partido del 2010 es importante subrayar un detalle significativo: el parque ha cambiado radicalmente su estructura, porque en aquel momento era un estadio construido fundamentalmente para el football o lo que algunos conocen como fútbol americano.
Desde los ’90 esa instalación de Anaheim, una ciudad del Sur de California que está ubicada a menos de 35 minutos del casco central de Los Angeles por vía terrestre –sin tráfico, por supuesto- cambió su aforo y actualmente presenta un formato exclusivo para la pelota. De paso tiene una serie de hermosas atracciones internas como una réplica de cataratas por el área de los jardines izquierdo-central.
Aquel 1967 fue de enorme significado en la carrera de Pérez porque fue la primera temporada en la que alineó como titular de los Rojos de Cincinnati a lo largo de una temporada completa. Ese año, el primero de muchos grandes para el perlantillano en la meca de la pelota, promedió .290, con 26 jonrones y 102 carreras impulsadas.
Un dato curioso: en 1967, Pérez abrió con los Rojos un juego en la segunda base, único de su trayectoria en esa posición en las Ligas Mayores.
Si de espectacularidad se refiere, el juego de 1999 tiene que ser especial desde todo punto de vista en el historial latinoamericano.
Con la emoción aún latente en las tribunas por la hermosa ceremonia que se le tributó antes del partido en el Fenway Park de Boston al legendario Ted Williams, Martínez se lució al ponchar a cinco de los seis bateadores a los que se enfrentó dejando perpleja a la concurrencia.
Batearle ese año a Pedro el Grande era más difícil que encontrar una aguja en un pajar.
Entonces con los Medias Rojas de Boston, Martínez tuvo marca de 23-4 y efectividad de 2.07 en 1999, y se dio el lujo de ponchar a 313 adversarios en 213.1 episodios. Sus totales en victorias y abanicados fueron sus máximos en una temporada para el derecho de la tierra del merengue que algún día estará al lado de su paisano e ídolo Marichal en el Salón de la Fama.
El también dominicano Sammy Sosa, tercer bate y jardinero central, fue el único latinoamericano que estuvo en la alineación inaugural por la Liga Nacional, pero la Liga Americana estuvo repleta de figuras nacidas al sur de la frontera estadounidense.
Por el Joven Circuito, que se impuso 4-1, el quisqueyano Manny Ramírez fue el cuarto palo y guardabosque derecho; el cubano Rafael Palmeiro alineó de séptimo como designado; y los boricuas Iván Rodríguez y Roberto Alomar comenzaron como octavo y receptor, y noveno y segunda base, respectivamente, aparte del pitcher Martínez por supuesto.
Obviamente, no se puede resumir ningún comentario alegórico a los latinoamericanos que han sido peloteros más valiosos de la cita de mediados de año sin hacer referencia al primer ganador, Marichal, quien se llevó el trofeo en el partido ganado por la Liga Nacional 6-5 en 1965 en Minnesota.
En aquella ocasión, Marichal fue el único latinoamericano que abrió en la alineación de la Liga Nacional, pero se lució al tolerar solamente un hit en tres episodios al trabuco que tan pronto salió el quisqueyano del juego sacudió a su relevista Jim Maloney con cinco carreras en apenas 1.2 entradas.
Por la Liga Americana abrieron el puertorriqueño Félix Mantilla, como sexto bate y segunda base, así como el venezolano Víctor Davalillo, como séptimo y jardinero central.
Aquella temporada sería la sexta de Marichal en las Grandes Ligas y tuvo marca de 22-13 (una de seis veces que superó las 20 victorias), con efectividad de 2.13, una de las mejores de su extraordinaria trayectoria. Sus 10 blanqueadas fueron su cifra tope en una campaña.
Como dato muy especial valga acentuar que de los nueve peloteros que estuvieron en la alineación abridora de la Liga Nacional, cinco de ellos están en el Salón de la Fama, y un sexto, el líder en hits en la historia de las Grandes Ligas, Pete Rose, es el gran ausente de Cooperstown.
Los cinco que abrieron ese año por la Liga Nacional que figuran en el Templo de los Inmortales son Willie Mays, Hank Aaron, Willie Stargell, Ernie Banks y, por supuesto, Marichal.
Muchas proezas han logrado los latinoamericanos en Juegos de las Estrellas, además de los citados ganadores del premio al Más Valioso de la justa.
Una de las marcas más recientes de Latinoamérica fue lograda precisamente en el 2009 por el panameño Mariano Rivera al convertirse en el máximo en juegos salvados –con cuatro- en ese tipo de clásicos.
Rivera, cuya duodécima selección es también la máxima de todos los tiempos para un relevista, será uno de los grandes ausentes del 2010 al aprovechar el descanso de la magna cita para recuperarse de algunas dolencias físicas.
No muy lejana en la memoria está el impresionante registro del mexicano Fernando Valenzuela al ponchar a cinco bateadores de manera consecutiva en 1986, igualando la marca establecida por Carl Hubbell en 1934. Los dos encabezaban su arsenal con el mismo lanzamiento: el screwball o tirabuzón.
El “Toro” de Etchohuaquila coincidió en la lomita con su paisano Teodoro Higuera, quien trabajó por la Liga Americana. Los zurdos mexicanos relevaron a Dwight Gooden y Roger Clemens, respectivamente, y cada uno de ellos trabajó tres innings y permitió un solo imparable en el Astrodome.
Para mayor casualidad, 1986 fue el año en el que tanto Valenzuela como Higuera lograron el parámetro de las 20 victorias tan codiciado por un lanzador abridor en el Béisbol de Lujo.
¿Quién será el héroe del 2010? ¿Decidirá Pujols o será el venezolano Miguel Cabrera el hombre que se convierta en el Jugador Más Valioso al dar uno de sus kilométricos batazos?
¿Proseguirá el mexicano Joakim Soria la ruta exitosa de Rivera como cerrador de lujo? ¿Reverdecerá el dominicano Ubaldo Jiménez alguna página gloriosa de Pedro el Grande?
Las respuestas a esas y muchas otras interrogantes se conocerán en el hermoso parque de Anaheim.
Si sobresale un latinoamericano bien recibido sea, pero no estará sólo sino que se sumará a una cada vez más larga lista de baluartes hispanoparlantes en el Juego de las Estrellas.
Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.


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