El Mundo Es Un Diamante: Alexei, Titán A La Hora Buena
Existen bateadores que suman altos promedios y otros artilleros que se caracterizan por conectar los hits enormes a la hora que más le hacen falta a su equipo.
Apunten al cubano Alexei Ramírez entre los que brillan cuando su novena tiene la soga al cuello en los momentos cruciales de los juegos más importantes, en los instantes de matar o morir, cuando el rancho está ardiendo y la fanaticada se come las uñas hasta los codos.
En apenas su segunda temporada en el Béisbol de Lujo, el valioso pelotero de Pinar del Río, Cuba, le demuestra su enorme valía a los Medias Blancas de Chicago con otro final de película.
Después de una arrancada nefasta con el madero, Ramírez ha vuelto a ser ese tipo de bateador capaz de marcar diferencias, pese a que Chicago cuenta con una serie de artilleros de fuerza de mucho más renombre.
“Alexei es un clutch hitter”, definió sin pensarlo dos veces Ozzie Guillén, el piloto venezolano de los Medias Blancas, al referirse al antillano con la frase acuñada en el béisbol para describir a los hombres clave. “Es de ese tipo de bateadores que pueden cargar a un equipo completo sobre sus hombros”.
Ese término beisbolero en inglés lo describe todo y el comentario de Guillén cobra mayor vigor si se toma en consideración que Alexei ha diezmado a los serpentineros después de un comienzo deplorable.
Para el momento en el que los patiblancos retornaban a la Ciudad de los Vientos para recibir a los Reales de Kansas City a partir del 17 de agosto, tenía una racha de siete juegos seguidos pegando de hit, con .385 de promedio, tres jonrones y siete carreras impulsadas en ese lapso.
Ya Ramírez había disfrutado de dos secuelas previas de cinco encuentros seguidos con hit en el 2009, pero lo más significativo de su actual seguidilla es que en un lapso de 72 horas definió dos partidos con cuadrangulares, incluyendo el que pegó en Oakland en el décimo inning para decretar una victoria 8-7 sobre los Atléticos en el siempre tan importante primer desafío de una serie.
“Nunca imaginé que pudiera recuperarse de la manera como lo ha hecho”, admitió Guillén. “Comenzó muy mal la temporada, pero ha elevado su juego a un nivel superior. Sus números ya se están acercando a los del año pasado y ha conectado unos cuantos batazos cruciales para nosotros”.
Las cifras a las cuales se hace referencia Guillén son los 21 jonrones y 77 carreras impulsadas alcanzados por Ramírez en el 2008, cuando habría sido el primer Novato del Año de la Liga Americana ganado por un pelotero de los Medias Blancas desde que su actual manager lo conquistó en 1985 de no ser por la monstruosa campaña de Evan Longoria, tercera base de los Rays de Tampa Bay.
Para poner en perspectiva esos 21 bambinazos de Ramírez –cuatro de ellos con las bases llenas para implantar una marca para novatos en las Grandes Ligas- valga recordar que son la tercera mayor cantidad lograda por un intermedista novato en la historia del béisbol. Los únicos que han superado esa cifra han sido Dan Uggla (27 con los Marlins de la Florida en el 2006) y Joe Gordon, quien disparó 24 en 1938 con los Yankees de Nueva York y que acaba de ser exaltado al Salón de la Fama en votación del respectivo Comité de Veteranos.
Aunque sus números en general son firmes, palidecen en comparación a las estadísticas de Alexei frente a los lanzadores zurdos, a los que hace trizas con un porcentaje de .396, el segundo mejor entre todos los titulares del Joven Circuito frente a serpentineros de brazo equivocado.
Y todo esto en una temporada en la que la arrancada del cubano de 27 años de edad era como para darse cabezazos contra la pared. Ramírez solamente promediaba .198 el 10 de mayo, una cifra que palidece en comparación con el respetable .276 que exhibía a mediados de agosto. Desde el 25 de mayo, cuando disparó cuatro hits en siete turnos en una victoria por 17-3 de Chicago sobre los Angelinos de Los Angeles/Anaheim, el antillano promedia .307.
Quizás pudiera especularse que a Ramírez le cuesta trabajo arrancar bien por el frío que impera en la Ciudad de los Vientos a comienzos de año, en contraste al clima cálido de su natal Cuba, donde tuvo un porcentaje de por vida de .334 y en tres ocasiones diferentes bateó sobre .340 en campañas completas.
Lo cierto del caso es que Ramírez nunca ha perdido la confianza en sí mismo y, apoyado por la energía que le brinda su familia y los consejos de acortar un poco su largo swing natural para conectar mejor los envíos rompientes, repite su historia del 2008, temporada en la que después del primer mes y medio estaba anclado por debajo de los .150, pero levantó vuelo con el madero desde que se encargó de la intermedia por el lesionado dominicano Juan Uribe.
“Me siento bien y he estado conectando bien la pelota de nuevo”, comentó con humildad Ramírez, quien está feliz por formar parte de un equipo que vuelve a luchar por acudir a la postemporada en representación de la División Central de la Liga Americana.
Desde que llegó al campamento de los Medias Blancas en el 2008 proveniente de la Perla de las Antillas, este bateador derecho le hizo recordar a Guillén a un joven David Concepción “por lo alto, por lo flaco, por su alcance en el shortstop y porque le pega a a la pelota con poder”.
Y Ramírez nunca creyó que las cosas iban a empeorar en su segundo año, una etapa en la trayectoria de un pelotero que suele ser bien dura para los que no son capaces de hacer los ajustes necesarios en una especialidad tan exigente como lo es el mejor béisbol que se juega en nuestro planeta.
“Quizás sea un poco más difícil [después del primer año] porque los lanzadores ya le saben a uno las cosas malas, pero nosotros también tenemos nuestros scouts [observadores de talento] que nos pueden ayudar”, analizó Ramírez, quien promedió .375 con Cuba en el primer Clásico Mundial celebrado en el 2006.
El ajuste a un nuevo tipo de vida tampoco fue un problema para Ramírez y si acaso lo fue un poco en el 2008 ya no juega un papel determinante en su rendimiento en el 2009.
“Lo veo normal”, aseguró Ramírez, en torno a su adaptación a los Estados Unidos. “Ya en [la selección nacional de] Cuba tuve la suerte de viajar mucho, así que ya sabía lo que era [rendir en diferentes escenarios]”.
Por supuesto, se siente a las mil maravillas en el campo corto, la posición en la que casi siempre tuvo un pelotero estelar por delante de él en Cuba. Ocurrió lo mismo en las Grandes Ligas en el 2008 ya que el colombiano Orlando Cabrera lucía firme en el shortstop de los Medias Blancas, pero el camino se le despejó en el 2009 y ya de esa exigente posición no lo va a mover nadie.
“Lo mío es jugar béisbol, no importa la posición”, subrayó Ramírez, cuyo aporte como impulsor es mucho más significativo si se toma en cuenta que suele ser alineado en turnos (segundo o en la parte inferior del line-up) que no se caracterizan por ser buenos para producir carreras. “Yo estoy contento por recibir una oportunidad”.
Los Medias Blancas también están bien felices de contar con este fildeador de manos seguros, tremendo alcance, brazo poderoso y bate crucial, quien contribuye a estructurar lo que Guillén califica como “un mejor equipo que el que tuvimos el año pasado, sin duda alguna”.
Y con Ramírez consolidado en el shortstop y el novato Gordon Beckham luciendo cada día mejor tanto en la tercera base como en el madero, los Medias Blancas tendrán a dos peloteros jóvenes en su cuadro que darán mucho de qué hablar por bastante tiempo en la Ciudad de los Vientos.
Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.
Foto por Sastre Schrang.

