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El Mundo Es Un Diamante: Cabrera, Bate Demoledor Y Futuro Guante De Oro



Miguel Cabrera ya sabe lo que significa ser uno de los mejores peloteros de las Ligas Mayores, pero este año le espera una experiencia diferente: ser el número uno.

Cabrera, quien ha figurado entre los cinco grandes de la votación del Jugador Más Valioso en un par de ocasiones, suma puntos para llevarse ese premio para su casa en el 2009.

Poseedor de uno de los rendimientos más consistentes del Béisbol de Lujo desde que ascendió a los Marlins de la Florida en el 2003 a los 20 años de edad, el primera base de los Tigres de Detroit pudiera convertirse en el primer venezolano que gana un trofeo al Jugador Más Valioso en las Ligas Mayores.

Por supuesto, lo primero que viene a la mente al considerar a Cabrera para un premio de esta naturaleza es su singular habilidad con el bate.

El venezolano de 26 años de edad, que figuró quinto en la votación para el Más Valioso de la Liga Nacional cuando el dominicano Albert Pujols se llevó ese trofeo en el 2005 y nuevamente fue quinto en el Viejo Circuito al triunfar Ryan Howard en el 2006, siempre ha redondeado la habilidad de conectar para altos promedios, conectar la pelota con poder y producir carreras en cantidades industriales.

Para poner en mejor perspectiva su capacidad global a la ofensiva, valga subrayar que su promedio de por vida está por encima de los .310 y nunca ha impulsado menos de 112 carreras en una temporada completa en la meca de la pelota.

Esa singular capacidad pudiera de paso convertirlo algún día no muy lejano en un candidato a conquistar la codiciada Triple Corona –líder simultáneo en una Liga en promedio, jonrones e impulsadas- que no gana pelotero alguno desde que lo obtuviera Carl Yastrzemski en 1967 con los Medias Rojas de Boston.

¿Intimidado por el pitcheo rival? ¡Por favor! Cuando era apenas un chamito [venezolanismo para describir a una persona bien joven], el legendario Roger Clemens lo derribó con una recta pegada en la aurora de la Serie Mundial del 2003. Cabrera se paró, se quitó parte del polvo del uniforme con un par de manotazos y, dos lanzamientos más tarde, le puso la bola en órbita al Rocket, con un cuadrangular que marcó la pauta para la eventual coronación de sus Marlins sobre los Yankees de Nueva York.

Una semana típica de Cabrera la redondeó hace poco para sacudir un letargo colectivo reciente de los Tigres, en momentos en los que parecían tambalearse en la División Central de la Liga Americana. En ese lapso, el nativo de Maracay, capital del estado Aragua al centro de Venezuela, bateó de 18-11, para .617 de porcentaje y nueve carreras impulsadas en cinco partidos.

“Siento que le estoy haciendo swing a mejores pitcheos”, declaró Cabrera. “No trato de hacer demasiado con la pelota”.

En otras palabras, por donde quiera que usted le lance corre el riesgo de salir con las tablas en la cabeza. Tirarle un lanzamiento bueno para batear a Cabrera sin salir fusilado por uno de sus batazos laberínticos es más difícil que tratar de pasar un contrabando de gallos al amanecer.

Un ejemplo claro del poder que tiene este sudamericano hacia todos los ángulos del diamante lo puso en evidencia al conectar una línea salvaje hacia el jardín central-derecho en el Coliseo de Oakland que lo convirtió en el quinto venezolano (los otros cuatro son Andrés Galarraga, Antonio Armas, Magglio Ordóñez y Bob Abreu) con 200 ó más bambinazos en las Grandes Ligas. Esa pelota la acribilló con tanta fuerza que la bola se fue del parque a la velocidad del rayo.

Para el momento de cerrarse el mes de agosto, Cabrera figuraba entre los líderes del Joven Circuito en promedio (.335), jonrones (27) y carreras impulsadas (82). Su porcentaje de embasamiento estaba a una centésima de los .400 (.399).

Sin embargo, lo más significativo de su rendimiento no se queda en sus estadísticas, ya que hay que poner esos números en el contexto de la alineación de Jim Leyland.

Mientras la ofensiva de los felinos rayados no alcanza a despertar del todo, otros peloteros candidatos al trofeo al Jugador Más Valioso, como lo son los también inicialistas Mark Teixeira, de los Yankee y el cubano Kendry Morales, de los Angelinos de Los Angeles de Anaheim, así como el estelar paracorto de los Bombarderos del Bronx, Derek Jeter, están rodeados de poder a granel por todos lados.

En otras palabras, Cabrera lo logra todo prácticamente a pulso, sin contar con la protección ideal que muchas veces marca la diferencia entre una temporada buena y una campaña excelente.

Entretanto, un aspecto que pudiera depararle votos a la hora de definir el Más Valioso ha sido quizás el más significativo de Cabrera en su madurez como pelotero: su rendimiento como defensor de la primera almohadilla.

Algunos roletazos hacia su mano derecha, es decir hacia la segunda base, ya son fildeados con seguridad por Cabrera. Los batazos conectados hacia la almohadilla que se lo comían vivo ya han dejado de ser claros dobletes, y ahora sabe utilizar mejor su movimiento de piernas para estar mejor preparado para los disparos que provienen de sus compañeros de cuadro.

Tanto ha sido el avance de Cabrera como inicialista que Leyland ya lo asoma como un fuerte candidato al Guante de Oro.

“Va a ser ganador de un Guante de Oro”, proclamó Leyland en una visita de los Tigres a Oakland. “La última valla a superar va a ser que él mismo lo quiera. Hay que desear la buena defensa. Se trata de tener máxima concentración. Si la mantiene, sí va a ser un ganador del Guante de Oro.

“Miguel tiene un buen brazo y ofrece una buena diana para los tiros del resto de su cuadro”, especificó Leyland.

Por su parte, el dominicano Rafael Belliard, quien en su tiempo fue conceptuado como un tremendo paracorto desde el punto de vista defensivo, considera que Cabrera ha adelantado mucho desde que los Tigres lo transfirieron de la tercera base a la inicial una vez comenzada la temporada del 2008.

“Ha trabajado duro [con su fildeo] y ya comienza a sentirse cómodo”, elogió Belliard. “Le está llegando más a los batazos. Les parte muy bien.

“La primera base no es fácil”, advirtió Belliard. “Si la pelota es conectada entre dos jardineros tienes que saber dónde colocarte [para cortar bien la bola]. Y cada vez que lanza [el pitcher] tienes que estar preparado porque con cada roletazo al infield sabes que el tiro viene hacia la primera base”.

Debido a esas habilidades, la diferencia se ve a leguas entre el Cabrera del 2008, que lucía relativamente torpe en su nueva posición, y el Cabrera de hoy, que usa mucho mejor las habilidades naturales que tenía como paracorto en las Ligas Menores.

“Lo que pasa es que el año pasado tenía una lesión que no me dejaba mover”, recordó Cabrera. “Me ha ayudado mucho el trabajo que he hecho. Trabajé duro en el jardín izquierdo y en la tercera base [dos posiciones que defendió como titular con los Marlins] y ahora estoy haciendo lo mismo en la primera. Siempre he tenido buenas manos y eso me ayuda para hacer las jugadas”.

Por supuesto, Miguel sabe a estas alturas que los premios que se conceden una vez que termina la temporada son cuestiones subjetivas que están fuera de su dominio. El Jugador Más Valioso lo determina la prensa especializada y el Guante de Oro de cada posición es seleccionado por los dirigentes e instructores de la Gran Carpa.

“Uno no puede controlar esos premios”, manifestó Cabrera. “Eso se lo dejo a las demás personas.

“Lo único que puedo hacer es jugar fuerte todos los días”, concluyó.

Y eso, su esfuerzo, es bien recibido por una novena que guiada por Cabrera marcha a paso firme hacia el título de la División Central de la Liga Americana.

Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.

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