El Mundo Es Un Diamante: Gio González Lanza La Curva Del Futuro
No siempre todo sueño se convierte en realidad, pero a veces el sendero hacia el éxito en el deporte puede iluminarse a través de una vía alterna.
Ese es el caso del zurdo Gio González, uno de los 11 lanzadores novatos utilizados por los Atléticos de Oakland en un 2009 pletórico de juventud para esa organización del Norte de California.
González, cuyos 96 ponches en 86 episodios de trabajo le brindan una de las proporciones de víctimas por la vía de los strikes por episodios lanzados más alta de serpentinero alguno en el Béisbol de Lujo este año, no quería ser pelotero.
“Soñaba con ser un jugador de básquetbol”, recordó González, pitcher de ascendencia cubana nativo de la popular Hialeah inmersa con profundo sabor perlantillano en el corazón latino de la Capital del Sol, Miami. “Pero mi papá me recomendó que me olvidase de eso, que yo iba a ser un “enano” de 5 pies y 11 pulgadas y que nunca iba a tener la estatura necesaria para llegar a la NBA”.
El legado de su progenitor y principal consejero, Max González, no se quedó en palabras. El ex jugador de pelota amateur nacido en Nueva Jersey –la madre de Gio, Yolanda Cid, es de La Habana- le enseñó al hoy lanzador de los Atléticos la fórmula hacia el éxito. En otras palabras, no le dio un pez para comer, sino que le demostró a pescar para que pudiera alimentarse bien el resto de su vida.
“Tenía como 8 años de edad cuando mi papá me enseñó la curva”, explicó el amable lanzador de brazo equivocado. “Me olvidé del básquetbol y me concentré por completo en el béisbol”.
¡Y qué clase de gancho! El envío que tira González, que dejó perplejo a Joe Girardi y sus Yankees de Nueva York en un partido ganado por Gio en La Gran Manzana, es de esas curvas descritas como “de 12 a 6” utilizando una metáfora alegórica a las manecillas del reloj, porque la pelota sale de su mano izquierda como al mediodía y llega al plato como en el caer de la tarde.
Es un lanzamiento tan espectacular que bien puede ser asomado desde ya como la curva del futuro en las Ligas Mayores.
“Tiene una recta engañosa y una curva efectiva” describió en esa ocasión el estelar paracorto de los Yankees, Derek Jeter,al hablar de González. “Estábamos en el banco viéndolo sacar outs y preguntándonos cómo era posible que tuviera una efectividad sobre 9.00 [9.33]. ¿Qué importaba el pasado? Nosotros no pudimos hacerle nada”.
Aquella tarde en el nuevo Yankee Stadium, González tuvo un partido sin hits ni carreras hasta que el dominicano Melky Cabrera le tocó la bola para un imparable con dos outs en el quinto tramo. A la postre, el zurdo de los A’s permitió apenas dos indiscutibles y una carrera, mientras ponchaba a seis en 6.2 episodios de trabajo.
Y conste que los Bombarderos del Bronx le han metido el pánico a todos los demás equipos a los que se han medido y pudieran ser la única novena que gane 100 juegos en el 2009.
Esa faena de González se produjo apenas cinco jornadas después de que fuera vapuleado por los Mellizos de Minnesota con 10 hits y 11 carreras en solamente 2.2 episodios en el Coliseo de Oakland, en encuentro en el que los Atléticos lograron el mayor repunte de su historia para ganar 14-13.
En otras palabras, el zurdo de Hialeah sabe como resurgir de la debacle al éxito y cada día va dominando más y más los secretos que pudieran convertirlo en uno de los jóvenes más efectivos del béisbol.
“Va aprendiendo a dominar el aspecto mental del pitcheo”, analizó el manager de los Atléticos, Bob Geren. “Todavía tiene altas y bajas, pero sabe cómo aplacar mejor sus emociones. Sabe cómo mantener la compostura para salirse de los momentos difíciles”.
Controlar sus emociones en la lomita ha sido precisamente uno de los retos más difíciles de González, un antiguo prospecto de los Medias Blancas de Chicago que cumplió apenas 24 años de edad el 19 de septiembre.
A veces era obvio que se molestaba demasiado cuando las cosas no le salían a pedir de boca y en otras ocasiones esa emoción tan grande, ese deseo por hacerlo bien a toda costa, lo hacía incurrir tanto en equivocaciones que una vez metió la pelota en el jardín central con un tiro horrendo en un intento por salir de un inning duro por intermedio de una doble matanza.
“Han hablado mucho conmigo [los instructores de Oakland] y hemos trabajado bastante para tratar de arreglar eso”, reveló González. “Me aconsejan que no debo enseñar nada, que debo quedarme igual pase lo que pase, porque mostrar una emoción puede ser algo que ellos [el equipo contrario] use como ventaja en contra mía.
“Para mí es bien difícil [ser más frío en la lomita]”, admitió González. “Soy un hombre que pitchea con emoción, pero ahora cuando me pegan un hit, pienso más tranquilo en sacar el siguiente out, sin gastar energías [por molestarse]. Si te ven perdiendo [la compostura] te van a derrotar. Si le enseñas como te sientes a tu enemigo, no le vas a poder ganar”.
Al conquistar esa batalla contra sus emociones, se le franqueó el camino hacia mejores actuaciones y pudo estabilizarse en una rotación de Oakland que en la mayor parte de la temporada contó además con dos lanzadores de apenas 21 años de edad, Brett Anderson y Trevor Cahill; un serpentinero de 22, Vin Mazzaro; así como un zurdo de 24 años, Josh Outman, quien tuvo marca de 4-1 antes de perder el resto de la campaña por una operación de reconstrucción de cartílagos del codo izquierdo.
Aparte de esa faena en el nuevo Yankee Stadium, Giovany, seleccionado originalmente por los Medias Blancas de Chicago en el draft o sistema de reclutamiento beisbolero del 2004, trabajó siete episodios con seis hits y dos carreras ante los Marineros de Seattle, y 6.2 innings con tres imparables, cero anotaciones y nueve ponches frente a los Rangers de Texas.
“Tiene [en el 2009] un poco más de confianza”, aseguró el receptor Kurt Suzuki, quien en apenas su segunda temporada completa como titular ha hecho un trabajo formidable con un pitcheo joven de Oakland que incluye al sensacional cerrador novato Andrew Bailey. “Ahora ataca mejor la zona de strike, poniéndose adelante con frecuencia en la cuenta a los bateadores. Y eso se refleja en los resultados”.
Por supuesto, Suzuki también está impresionado con los envíos rompientes de González.
“Su curva es realmente buena”, calificó Suzuki. “Ha mejorado bastante este año, pero necesita trabajar un poco más con su consistencia”.
Los Atléticos consideran que González será mucho mejor pitcher cuando pula los secretos de un cambio de velocidad con el que lo mandarán a trabajar a lo largo del invierno.
Con la suma de un buen cambio será mucha más efectiva su recta, que lanza con fluidez, sin aparente esfuerzo, hasta a 94 millas por hora.
Y por supuesto, esa curva maravillosa que le enseñó su papá cuando Gio soñaba con irse por la senda del básquetbol será entonces un rompecabezas mucho más duro para los bateadores.
Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.



