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El Mundo Es Un Diamante: Imperecedero Es El Legado De Clemente



21. El número con el que eternamente será identificado Roberto Clemente, grande entre los grandes de la historia de la pelota.

31. La fecha fatal, la jornada en la que se nos fue de este mundo el pelotero que nos inspira, el ser humano que es ejemplo para todos.

3,000. El hit final de un hombre que hizo historia tanto en el diamante como fuera de los terrenos.

Números, fechas, cifras, son de cierta manera significativas, pero de ninguna manera describen toda la historia del Cometa de Carolina, enorme exponente del béisbol, insigne representante de Latinoamérica en Cooperstown, el Templo de los Inmortales.

Al cumplirse 37 años de aquella fecha trágica del 31 de diciembre de 1972 nos gustaría ser un poeta para dedicarle el más noble de los versos, o quizás pintor para reflejar en un lienzo aunque sea parte de todo lo que ha significado para nosotros.

Pero no hemos sido tocados con la bendición de esas virtudes.

Sí nos queda, como humildes comunicadores sociales, el recurso de tratar de reflejar humildemente por escrito el imperecedero legado de Clemente, no solamente por sus proezas en el terreno sino por su significado a través del tiempo.

“No solamente fue uno de los más grandiosos peloteros, sino un gran ser humano”, proclamó alguna vez Bernie Williams, fabuloso jardinero central de los Yankees, en una frase que resume el significado de Clemente para los que han seguido su senda.

Qué mejor herencia de toda una generación de “hijos” ilustres que va multiplicándose con el paso del tiempo.

Su propio contemporáneo y paisano Orlando “Peruchín” Cepeda es el primero en sentir su ausencia con respeto y con orgullo porque lo consideraba “más que un amigo, un hermano”.

“Estoy segura de que si Roberto estuviera aquí se hubiera sentido muy feliz de ver este hermoso momento”, declaró Vera Clemente, viuda del inmortal de Carolina al referirse a la amistad de estos dos orgullos de la Isla del Encanto con motivo de la estatua que los Gigantes le dedican a Cepeda a partir del 2008 a las afueras del AT&T Park de San Francisco.

“Sé que para nosotros es algo bien especial cada vez que vamos a Pittsburgh y vemos la gran estatua que le dedicaron a Roberto”, comentó la viuda de Clemente en torno a uno de los homenajes póstumos más significativos que se le han hecho al hombre que patrullaba con elegancia y precisión los jardines de los Piratas y que tenía un cañón por brazo.

Los Piratas también recuerdan a Clemente en su novedoso PNC Park dedicándole la pared del jardín derecho que fue erigida exactamente a 21 pies de altura.

Si bien pueden citarse esa estatua o esa pared como dos de los ejemplos de cómo se le rememora, son tan o más impresionantes señales de su recuerdo la Ciudad Deportiva Roberto Clemente, cantera de valores de diversas disciplinas en Carolina, o el Coliseo Roberto Clemente, hogar en San Juan de muchos eventos relacionados o no con el arco iris de la actividad muscular.

Evidencia inequívoca del respeto que se le tiene es el hecho de que ha sido el único pelotero por el que la Asociación de Cronistas Especializados en Béisbol (BBWAA por sus siglas en inglés) no tuvo que esperar el mínimo de cinco años para que fuera elegible a ser exaltado al Salón de la Fama ya que recibió ese homenaje póstumo tras su trágico fallecimiento.

Por si fuera poco, uno de los premios que tienen un mayor significado en las Grandes Ligas es el que lleva el nombre del gran jugador puertorriqueño y que se le entrega cada año al beisbolista que mejor ejemplifique el significado de Clemente dentro y fuera del terreno.

Su significado trasciende al béisbol. Pruebas de ello son que al cumplirse en 1984 el medio siglo del que hubiera sido su cumpleaños la Oficina Postal norteamericana le dedicó una estampilla alegórica y que en el 2002 le dieron como homenaje póstumo en los Estados Unidos La Medalla Presidencial de la Libertad.

Estas son solamente algunas de tantas cosas monumentales, algunas tangibles u otras de significado espiritual, que llenan de orgullo no solamente a la familia de Clemente sino a todo Puerto Rico y mejor todavía a toda Latinoamérica.

Su mejor legado es que 37 años después de su muerte se le sigue recordando con un énfasis comparable solamente a la veneración a Jackie Robinson, el hombre que rompiera la barrera de color en las Grandes Ligas en 1947. De hecho, desde su querida Puerto Rico se ha levantado varias veces el clamor de que se retire para siempre el #21, así como se ha hecho con el #42 de Robinson.

Y la fuerza de esa herencia de Clemente va mucho más allá de la Isla del Encanto.

Si usted le pregunta a Sammy Sosa, uno de los grandes jonroneros de la historia, a quién le dedicó su fabulosa carrera de inmediato responderá que su inspiración fue Clemente y por eso vistió con orgullo su número 21, pese a ser nativo de la República Dominicana.

Sosa, quien en 1998 fue apenas el segundo latinoamericano que en ese momento ganaba el Premio Clemente –el primero fue el panameño Rod Carew en 1977- revelaría que observaba detenidamente los videos contentivos del swing de Clemente para tratar de copiar aunque fuera parte de su magia.

Si le toca el tema a Oswaldo Guillén, el único manager latinoamericano que ha ganado una Serie Mundial –en el 2005 al frente de los Medias Blancas de Chicago- prepárese para escuchar un recital de comentarios en torno al Cometa de Carolina. Resulta que el dirigente venezolano le rinde tributo a Clemente dedicándole un monumento en su propio hogar.

“Soy su mayor fanático después de su esposa”, proclamó Guillén en el 2005, cuando se cumplió medio siglo del debut del boricua en el Béisbol de Lujo. “Tengo una habitación dedicada a él, mi segundo hijo se llama Roberto debido a Clemente”.

Obviamente si usted le pregunta a un puertorriqueño sobre Clemente el orgullo será doble, como lo es para el inicialista de los Mets –actualmente agente libre- Carlos Delgado, quien además de ser de la Isla del Encanto usa el 21 de su ilustre paisano con dignidad y respeto.

“Para mí esto es realmente especial porque soy puertorriqueño”, manifestó Delgado al ganar el Premio Clemente en el 2006. “Su legado sigue vivo tantos años después de su fallecimiento. Su nombre figura en estadios de béisbol e instalaciones deportivas de todo tipo, en escuelas, en calles de Puerto Rico. Es un símbolo. Siempre dije que cuando creciera quería ser de esa manera”.

Fiel a esas palabras, Delgado ha sido un filántropo para seres humanos más necesitados y un ejemplo para la juventud, un digno heredero –aunque no lleve el apellido Clemente- del fabuloso pelotero.

Claro está, el significado del extraordinario beisbolista no es exclusivo a Latinoamérica.

Los más calificados representantes de la prensa escrita y audiovisual han pregonado por doquier las enormes virtudes del puertorriqueño. Uno de ellos, el legendario narrador e integrante del Salón de la Fama Vin Scully, describió el brazo del boricua en una frase contundente: “Clemente pudiera fildear una pelota en Nueva York para poner out a un corredor en Pensylvannia”.

¿Y quién mejor que el propio Clemente para describir la pasión con la que jugaba a la pelota?

“Cuando me pongo el uniforme me siento como el hombre más orgulloso del planeta”, decía Clemente en torno por su amor al béisbol.

Su frase más famosa, empero, reflejaba el sentir de este inmortal del deporte que cedió su vida en bien de sus semejantes al fallecer en aquel trágico de 1972, cuando dirigía personalmente las labores de ayuda a los impactados por el horrible terremoto de Nicaragua.

“Cada vez que uno desaprovecha la oportunidad de marcar la diferencia en esta vida está desperdiciando su presencia en este mundo”, es la frase ejemplar que nos dejó Clemente y que es de por sí es un canto a su propio legado.

Hasta pronto, que disfrute de un próspero 2010 en unión a su familia y por favor, nunca pierdan la esperanza.

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