El Mundo es un Diamante: Le sonríe el futuro al pitcheo de los A’s



En una era en la que los lanzadores confiables les salen bien costosos a los equipos de las Grandes Ligas, no hay nada mejor que contar con sólidos prospectos de la lomita.

Y si su plantel tiene simultáneamente a varias promesas que día a día se convierten en realidad usted podrá frotarse las manos al pensar en el futuro con una sonrisa de oreja a oreja.

Ese es el caso de los Atléticos de Oakland, que se dan cuenta mucho antes de lo que calculaban que disponen de varios brazos que ya están listos para enfrentar con éxito la dura tarea de ser serpentineros de altos quilates en el mejor béisbol del orbe.

Los tres más jóvenes son los derechos Vin Mazzaro y Trevor Cahill, y el zurdo Brett Anderson, el primero de 22 años de edad, y los otros dos de apenas 21, que le han dado una razón de peso a los A’s para pensar que pudieran ser uno de los equipos más fuertes en pitcheo abridor en un par de temporadas.

Ninguno de estos lanzadores jugó al nivel universitario, ni figuraba fuertemente en los planes para conformar la rotación de Oakland al comenzar los Entrenamientos de Primavera del 2009, pero las circunstancias -lesiones o falta de efectividad de otros serpentineros con mayor experiencia- jugaron un papel determinante para sus ascensos a la Gran Carpa.

Y los resultados obtenidos generan comentarios emitidos en superlativo.

“Ustedes verán que estos muchachos van a estar listos para ganar 18 juegos cada uno el próximo año”, pronosticó el derecho mexicano Edgar González, quien a su vez debutó en las Grandes Ligas a la edad de 20 años y que a los 26 abre o releva de modo efectivo. “Los cinco que tenemos son bien ‘nasty’ [inmensamente desagradables para los bateadores]“.

Obviamente, González se refiere también a los zurdos Dallas Braden y Josh Outman, que a los 25 y 24 de edad, respectivamente, son los “viejos” de una rotación que le permitió a Oakland comenzar el mes de junio con seis victorias en siete encuentros.

Todo comienza con la filosofía del gerente general de la franquicia, Billy Beane, quien prefiere darle la oportunidad a los brazos jóvenes que invertir muchos millones en veteranos, porque si estos últimos fallan o se lesionan se abre un hueco enorme tanto en el cuerpo de pitcheo como en las alforjas de su organización.

Es por eso que Beane no hace otra cosa que sonreír en estos días en los que sus jovencitos le dan toda la razón a su plan futurista.

Anderson, adquirido en diciembre del 2007 en un canje entre los A’s y los Diamondbacks de Arizona, y Cahill, seleccionado por Oakland en el draft o reclutamiento de talento amateur del 2006, sobresalieron por ráfagas en los dos primeros meses de la temporada, y Outman, ex prospecto de los Filis de Filadelfia, sobrevivió a un envío temporal al cuerpo de relevo para convertirse en un verdugo de los artilleros rivales desde el mes de mayo.

Por su parte, Mazzaro comenzó en la Triple “A” y debutó con 13.2 episodios sin permitir carreras en sus dos primeras citas en las Ligas Mayores, y aunque Braden no ha tenido suerte -los A’s han sido blanqueados cuatro veces, tres en partidos iniciados por dicho zurdo-ha demostrado que cuenta con aplomo y valentía propios de un pitcher veterano.

“Es cuestión de que uno pueda sentirse confortable en la lomita”, analizó Cahill, quien en su segunda apertura en la Gran Carpa -el 12 de abril- no le permitió ni hits ni carreras a los Marineros de Seattle en 6.1 innings de un juego en el que cayó por 1-0 ante gran pitcheo del zurdo Eric Beddard en Oakland.

Cahill, compañero de Anderson en el equipo de los Estados Unidos que ganó la medalla de bronce en el torneo beisbolero de los pasados Juegos Olímpicos de Pekín, confiesa que integrar una novena con tantos lanzadores jóvenes incentiva mucho más a cada uno de ellos.

“Es como si tuviéramos una especie de competición entre nosotros mismos [los jóvenes del plantel]“, subrayó Cahill. “Conversamos bastante. Nos motivamos el uno con el otro”.

Y todos ellos van madurando juntos en el duro proceso del aprendizaje de cómo destacar en ese difícil arte de sacar outs en las Grandes Ligas.

Cada uno de estos novatos tiene su propia fórmula para el éxito.

El derecho Cahill tira una sinker devastadora, que obliga a los bateadores a conectar roletazos.

Anderson domina la slider, un envío que pone a sus adversarios a elevar globos inofensivos.

Mazzaro dispone de un par de rectas anestesiantes, una que llega con fuerza al corazón del plato a 96 millas por hora, y otra que baja violentamente como si fuera un submarino atómico.

Outman comanda la zona de strike con una recta sólida y luego deja con los ojos claros y sin vista a los bateadores con un cambio de velocidad muy efectivo.

Los tres de menor edad hacen recordar de cierto modo a los zurdos Barry Zito y Mark Mulder, y el derecho Tim Hudson, quienes progresaron con los A’s hasta confeccionar un Trío Grandioso en la aurora de la actual década de los 2000, pero lo hermoso del pitcheo de Oakland es que tiene ahora cinco abridores muy jóvenes, y su nuevo cerrador, Andrew Bailey, es también un veloz novato de 25 años, que venía de lanzar en la Doble “A” en el 2008.

“Solamente quería impresionar un poco en los Entrenamientos de Primavera a ver si abría algunos ojos con miras al futuro”, confesó Bailey, quien ha llegado a tirar su recta a 97 millas por hora en el Coliseo de Oakland. “Pensaba en el relevo como algo que podía hacer después de que fuera abridor, y nunca me imaginé cerrando juegos en las Grandes Ligas”.

Por su parte, Mazzaro sí soñaba con ser un iniciador en el Béisbol de Lujo, pero ahora vive su anhelo mucho antes de lo imaginable.

“Es increíble que ahora esté en el mismo vestidor con Jason Giambi, Matt Holliday y Jack Cust, a quienes veía [de jovencito] por la televisión”, expresó Mazzaro, quien nunca perdió la confianza de que ascendería en el 2009. “Esa ovación que me dieron [los fanáticos al lanzar 7.1 episodios en salsa blanca ante los Orioles de Baltimore en su segunda apertura, el 7 de junio] fue algo increíble. Se me puso la piel de gallina”.

Oakland espera muchas satisfacciones de estos jóvenes, que tienen una característica común, su instinto competitivo, al punto de que Braden lanzó de modo brillante a comienzos de mayo pese a recibir en el primer inning el impacto de una línea bateada a 104 millas por hora que le pegó de aire en su mano de lanzar y rebotó a su clavícula derecha para producir un momento de horror en el Coliseo.

“Yo nunca he visto nada como eso”, elogió el manager de los Atléticos, el ex receptor Bob Geren. “Cuando llegamos a la lomita [junto al fisioterapeuta del plantel, en auxilio del lanzador] Dallas ni siquiera podía respirar, pero quiso seguir en el juego y de paso lanzó un partido sólido. Eso tiene que ser un ejemplo para todos los lanzadores aún más jóvenes que él”.

Por supuesto, futuro es la palabra clave en todo este concepto del pitcheo de Oakland.

“Han trabajado duro y mejorarán en la medida que avance la temporada, pero debemos obrar con cautela”, advirtió Geren. “Esto no es un producto finalizado”.

Este proceso de crecimiento y madurez llevará todavía un buen tiempo hasta que el pitcheo joven de Oakland cobre vida definitiva, pero una cosa es bien cierta: con cada strike, cada apertura, cada juego, se irá allanando el camino hacia el porvenir.

El presente es una prueba contundente de que le sonríe el futuro al pitcheo de los A’s.

Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.

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