El Mundo Es Un Diamante: McGwire Conecta El jonrón Más Importante De Su Vida



Mark McGwire disparó 583 cuadrangulares para convertirse en uno de los más grandes jonroneros de la historia de las Grandes Ligas.

Aunque muchos de esos batazos fueron decisivos, significativos y sin duda alguna kilométricos, ninguno fue tan importante como el que acaba de conectar.

Esta vez no vestía el uniforme de los Atléticos como el día que pegó su primer bambinazo en la Gran Carpa en 1986, cuando apenas tenía 22 años de edad.

Tampoco estaba ataviado con el uniforme verde y oro con el que disparó aquel bestial vuelacercas de línea contra su banda en el estadio de Anaheim, para demostrar en su temporada de Novato del Año en 1987 que tenía poder en cantidades industriales.

No utilizaba la franela con la que sacó la bola por el jardín izquierdo en extra innings para definir la única victoria de Oakland en la Serie Mundial de 1988.

No lucía la camiseta de los Cardenales de San Luis con la que desapareció la pelota rumbo a la calle por el prado central en el Dodger Stadium, mucho más allá de las tribunas.

Esta vez el vuelacercas lo produjo por una declaración franca, honesta y pública tan contundente como aquellos devastadores batazos. Lo pegó al admitir que se alió con los esteroides, una realidad tantas veces sospechada aunque nunca proveniente de sus propios labios.

Como un latigazo inclemente, sus palabras sonaron como un nocáut a la propia magia de su fabulosa temporada de 1998, cuando a palo limpio se combinó con Sammy Sosa para resucitar al béisbol del pulpo de su propia codicia, aquella interminable huelga de tres temporadas antes.

Sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarse con esa recta a los codos llamada verdad luego de ser uno de los principales protagonistas de una era gris de nuestro pasatiempo favorito.

Estaba consciente de que su admisión de culpa iba a generar todo tipo de comentarios, algunos de respeto u otros de repudio, pero era algo que ya no podía esconder más debajo de la alfombra de su carrera como pelotero, sea digna o no de llevarlo a los sagrados pasillos de Cooperstown.

Siempre es importante ser honesto. Mentir o -en el caso de McGwire- callar por tanto tiempo, nunca ayuda a nadie, especialmente en un mundo en el que se espera que nuestros ídolos sean perfectos.

Tiene razón McGwire. Nunca debió usar esteroides. No hay otra forma de decorar el pastel.

No vengan a decir ahora, empero, que el ex primera base es el único demonio de una era pura. Abanderado, quizás, pero nunca exclusivo protagonista de una etapa oscura.

Por allí alguien dijo alguna vez que consumir esteroides en el béisbol desde mediados de los ’80 hasta fines de los ’90 era tan rutinario como tomarse una taza de café. A lo mejor eso es algo exagerado, pero se acerca más a la realidad cada vez que se produce la confesión de un pelotero famoso.

Por enésima vez, es importante subrayar que en aquella época no existía ningún veto sobre muchas de las sustancias que hoy son conceptuadas como prohibidas. No eran tan rutinarias como el abuso del alcohol o el uso de pastillitas verdes estimulantes en otras eras, pero tampoco constituían un misterio. Los testimonios posteriores dan fe de ello.

¿Cree usted que alguien iba a desaprovechar la oportunidad de recibir una “ayuda especial” con la seguridad de que no iba a correr el riesgo de ser suspendido, a sabiendas de que sus contrincantes se pudieran estar beneficiando de ese apoyo para superarlo a él para ganar más dinero?

El poder no lo va a obtener un bateador de las Grandes Ligas de una jeringuilla, porque es más bien proveniente de la increíble fuerza de un ser humano sumado a la sincronización de vista y reacción para desaparecer una pelota del parque. Si eso no fuera cierto, cualquier persona de la calle pegaría 20 jonrones o más por temporada con la ayuda de una buena dosis de esteroides.

Sin embargo, esas sustancias quizás sí puedan ayudar a un pelotero a recuperarse más rápidamente de una lesión o para sacar fuerzas de flaqueza cuando el cuerpo ya no aguanta la agobiante rutina de una temporada tras otra exigiéndose a diario en el diamante.

Allí es donde está el dilema. Al aceptar que usó esteroides para recuperarse de sus lesiones, McGwire está diciendo con diferentes palabras que no hubiera estado saludable para conectar muchos de sus jonrones de no ser por ese tipo de ayuda extra deportiva.

Y no deben ni pueden permitirse las áreas grises. O aceptamos la realidad de que existió una etapa larga en la que no era raro el consumo de esteroides o nos lavamos las manos echándole la culpa a una minoría tratando de mirar hacia algún lado por donde no pase el contrabando de la mentira.

Admitimos los jonrones de McGwire como una verdad ineludible de una era de fantasía o nos preparamos para responder a una serie de preguntas que no tienen escapatoria.

¿Estamos dispuestos a borrar dos décadas de béisbol de la faz de la tierra como si nunca se hubieran disputado? ¿Vamos a eliminar todos los récords individuales o colectivos producidos desde mediados de los ’80 hasta comienzos del Siglo XXI? ¿Vamos a privar de sus trofeos de Serie Mundial a todos los equipos que hubieran tenido protagonistas “tocados” por semejante mancha?

La respuesta es única y obvia: es mejor aceptar las equivocaciones del pasado y que ellas nos lleven a un mejor futuro. Y que lo ocurrido sea el prólogo a una nueva generación de jóvenes conscientes del peligro que significa usar sustancias nocivas dentro o fuera de las fronteras del deporte.

De allí la importancia de este jonrón de McGwire, precedido por la admisión de Alex Rodríguez, y los castigos recibidos por Rafael Palmeiro y Manny Ramírez, entre otros casos. Todos nos ayudan a ver un panorama obvio de un modo más claro, de una manera u otra.

Es bueno subrayar que la admisión de culpabilidad del uso de sustancias prohibidas no es exclusiva de A-Rod a comienzos del 2009 o de McGwire a mediados de enero del 2010.

Ken Caminiti, uno de los grandes antesalistas de su era, confesó después de su retiro que había ganado el título de Jugador Más Valioso de la Liga Nacional con los Padres de San Diego (.326, 40 HR’s, 130 CI’s en 1996) gracias a la ayuda de los esteroides, en una impactante entrevista que le hizo la prestigiosa revista Sports Illustrated.

Una de las frases de Caminiti fue un llamado a gritos de que era necesario hacer algo con urgencia: “No es un secreto lo que pasa en el béisbol. Por lo menos la mitad de los peloteros usan esteroides”.

Algunos han sido perdonados por completo al aceptar la verdad de una u otra forma, como Jason Giambi al pedir disculpas sin mencionar la palabra esteroides o Andy Pettitte argumentando que había usado hormonas de crecimiento para recuperarse de una lesión.

Ojalá otros peloteros famosos puedan asumir ahora la misma valentía de McGwire al tomar turno al bate aún a sabiendas de que puedan poncharse frente a la opinión pública.

McGwire ha confesado haber sido culpable y que lo lamenta. Ahora va a seguir adelante, aceptando las consecuencias de sus actos. A-Rod lo hizo en el 2009 y meses después fue un héroe de postemporada. ¿Por qué el fornido ex inicialista no va a poder realizar una excelente labor como instructor de bateo de los Cardenales luego de quitarse semejante piano de la espalda?

Queda de parte de los que tengan en sus manos el poder de decisión determinar ahora si McGwire merece ser inquilino de Cooperstown.

No se puede escribir por todos, pero va a contar con el apoyo de un humilde servidor que siempre ha votado por él.. Por supuesto, se le respeta el punto de vista a quien piense lo contrario..

Tony La Russa lo apoyó en sus días de gloria, le dio empleo a su lado y ahora vuelve a colocar las manos en el fuego por el ex jonronero porque el famoso dirigente pone las cosas en perspectiva: nunca hubiera llegado McGwire a la cumbre de no ser por su trabajo duro.

Es cierto que el swing verbal de McGwire viene muchos años más tarde de lo esperado, pero su turno al bate no debe ser considerado como un ponche, sino más bien un jonrón, el más importante de su vida.

Encarar la gravedad de sus actos es parte ahora de la dura píldora que debe tragar.

Con su batazo fuera del diamante cierra una página gris y despeja el camino para que otros emprendan la senda de la verdad.

Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.

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Comentarios
January 13, 2010
  |  
manuel pereira


No estoy de acuerdo con el uso de
esteroides,pero tampoco estoy de
acuerdo que a un jugador se le quite los records que ha logrado,sin tener un examen antes o
despues de una competencia,corroborado por un laboratorio de prestigio,el que es
bueno es bueno con o sin estimulantes.

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