El Mundo es un Diamante: Molina lo aporta ¡Todo! a los Gigantes
Todo el mundo conoce de la enorme capacidad de Bengie Molina como receptor y en el 2008 estuvo a punto de implantar una marca de carreras impulsadas para un cátcher de los Gigantes de San Francisco.
¿Qué más se podía esperar de este veterano de la Isla del Encanto con miras al 2009?
La respuesta es clara y contundente: todo, ¡Todo!
“Bengie lo ha sido todo para nosotros, como receptor, manejando el cuerpo de pitcheo, bateando” elogió el mánager de los Gigantes, Bruce Bochy, al preguntársele por el extraordinario aporte del enmascarado de Río Piedras, Puerto Rico.
“Debería recibir mucho más crédito por todo lo que han logrado nuestros lanzadores” conceptuó Bochy. “Utiliza [como bateador] todo el terreno. Rinde como cuarto bate y no necesitaba la experiencia del año pasado en ese rol para sobresalir este año, porque es un hombre que siempre se nota cómodo en el cajón de bateo”.
Las estadísticas no son suficientes para respaldar los elogios de Bochy, ni definen el significado de lo que ha sido Molina para los Gigantes en las primeras seis semanas de la temporada, pero basta echarles un vistazo para magnificar con números lo que se ha dicho con palabras.
Para el instante en el que los Gigantes recibieron a los Mets de Nueva York para iniciar una serie de cuatro partidos en la Bahía el 14 de mayo, Molina encabezaba a todos los peloteros de la Liga Nacional en hits (7) para definir encuentros, y había impulsado una rayita o más en 15 de los primeros 32 encuentros de su equipo, igualándose en el cuarto lugar entre todos los artilleros del Viejo Circuito con 28 en ese mismo lapso.
Por si fuera poco, Bengie, un típico bateador de líneas candentes, llevaba 8 vuelacercas. A ese paso, pudiera rebasar claramente su tope personal de 19 bambinazos en una campaña.
San Francisco disfrutaba de una arrancada mucho más sonriente que su gris inicio del 2008, especialmente por el hecho de que el equipo ha jugado bastante mejor en su patio, y sin duda alguna Molina es una de las principales razones para ello.
“Estoy más feliz por todos en el equipo”, enfatizó Molina, quien prefiere hablar más del rendimiento de la novena que de su propio éxito. “Como grupo, estamos bien contentos por lo que hemos logrado”.
A Molina, quien está en su tercera temporada con los Gigantes y undécima en las Ligas Mayores -sin incluir el turno que consumió en dos juegos con los entonces llamados Angelinos de Anaheim en 1998-, le encanta hablar de los que siempre llama “sus” lanzadores, porque el dos veces ganador del Guante de Oro considera que su función primordial es asegurarse del rendimiento de su cuerpo de pitcheo.
“En cualquier momento alguien puede lanzar una blanqueada”, dijo con satisfacción Molina. “Todos nuestros lanzadores son tremendos muchachos. Y me gustaría ver que podamos tener [como equipo] consistencia toda la temporada”.
Bien orgulloso se siente de jugar un papel clave en el desarrollo de lanzadores que suben como la espuma como Tim Lincecum, ganador del Premio Cy Young de la Liga Nacional en el 2008; el taponero Brian Wilson, capaz de salvar 41 juegos en su primera campaña completa como cerrador; Matt Cain y el joven boricua Jonathan Sánchez, entre otros.
Y ese trabajo no pasa inadvertido por sus compañeros. Basta hablar con cualquiera de ellos para que alguien pueda percatarse del respeto y admiración que tienen por su receptor.
“El es la razón del porqué vamos al Juego de las Estrellas”, agradeció el año pasado el cerrador Wilson, antes viajar al Yankee Stadium para la gran cita de los ases.
También ha jugado un papel vital en el desarrollo como pelotero del joven receptor venezolano Pablo Sandoval, actual tercera base titular de la novena y segundo cátcher de la misma.
“Nunca pensé que al llegar a las Grandes Ligas me iba a encontrar con una persona tan amable, tan generosa”, conceptuó Sandoval, quien promedió .345 con los Gigantes en los 145 turnos que consumió en el 2008 en su primera justa en la Gran Carpa. Es mucho lo que me ha ayudado, con sus consejos dentro y fuera del terreno.
“En las diferentes situaciones que se presentan disfrutamos del momento y a la vez hablamos de cómo trabajar a un bateador, como lanzarle el pitcheo correcto”, prosiguió Sandoval, quien apenas tiene 22 años de edad. “El sabe de todo esto. Ya tiene mucha experiencia, porque ha estado mucho tiempo en las Grandes Ligas. Me ha hablado de muchas cosas que son verdades. Es como mi papá, mi tutor”.
Alguien pudiera pensar con malicia que Molina está afilando un cuchillo para su propia garganta al enseñarle tanto a Sandoval y al joven prospecto Buster Posey, quinta selección en el draft de talento de amateur del 2008, pero la dedicación a su trabajo del careta boricua es tan amplia que solamente piensa en el bien del equipo.
A veces, reflexionando, considera que quizás algún día estos mismos jóvenes puedan ser estrellas detrás del plato y que él, en su querida Puerto Rico, podrá pensar desde lejos que puso su granito de arena en ese encumbramiento de la juventud.
Por otra parte, el bateo tiene que ser un tema obligatorio con respecto a Molina, quien impulsó 91 carreras como receptor en el 2008 -95 en total- para acercarse a la marca de un cátcher de San Francisco lograda por Dick Dietz en 1970 con 104, pero ese no es uno de sus tópicos favoritos.
“No estoy pendiente del bateo, sino de catchear”, expresó el veterano de 34 años de edad. “No le meto mente a eso. Nunca esperé ser un cuarto bate en las Grandes Ligas.
“Creo que por haber pegado unos cuantos batazos clave e impulsado carreras ha motivado a que tomen esa decisión [de confirmarlo como cuarto bate en el 2009]“, analizó el puertorriqueño. “Pero antes que ser un cuarto bate, soy un bateador”.
Al ritmo que va, empero, esa marca de Dietz pudiera ser suya en el 2009, redondeando un ciclo de tres temporadas a la defensiva y a la ofensiva que, de acuerdo a muchos observadores imparciales nunca ha podido sumar otro cátcher en la historia de la franquicia en la Bahía.
No obstante, el deporte profesional puede ser cruel hasta para el atleta más fiel. Por mucho que valga Molina para los Gigantes, no hay que olvidar que puede ser un agente libre a fines de la campaña, ni que San Francisco tiene en Sandoval a Posey a dos de las grandes promesas de la receptoría.
Obviamente, Molina, a quien le encantaría permanecer en la Bahía por el resto de su carrera, sabe todo esto, pero prefiere no preocuparse de cosas sobre las que no tiene control inmediato.
“No me preocupa”, subrayó el hombre que fuera enorme en la coronación absoluta de los Angelinos sobre los propios Gigantes en el 2002. “Quiero solamente pensar en jugar ahorita. Dar lo máximo. Cuando termine la temporada puedo pensar en otras cosas. No es justo ponerme presión tan pronto”.
Si se tiene que ir de San Francisco, lo van a extrañar bastante. Por lo pronto, brinda a los Gigantes lo que saben que pueden esperar de él.
¡Todo!
Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.


