El paracorto colombiano robustece considerablemente a los Mellizos



Un cambio a mediados de temporada le permitió a Orlando Cabrera abrirse camino en el 2004 hacia un anillo de campeón de la Serie Mundial con los Medias Rojas de Boston.

Ahora, el experimentado paracorto colombiano espera ser un hombre clave para los Mellizos de Minnesota en ruta a una posible corona divisional.

Cabrera acaba de ser canjeado por los Atléticos de Oakland a los Mellizos por el prospecto del shorstop Tyler Ladendorf y de inmediato se convertirá en una pieza vital para una novena que lucha por el título de la División Central de la Liga Americana.

Con una defensa impecable, un desenvolvimiento agresivo en las almohadillas y, sobre todas las cosas, un rendimiento implacable al ataque, Cabrera ha sido uno de los mejores beisbolistas del orbe en julio.

Su promedio subió de un gris .190 que exhibía el 25 de abril a un sólido porcentaje por encima de los .280. Llegó un momento en el que pegó dos o más hits en ocho de 13 partidos para promediar un contundente .418 en ese lapso. Bateó .373 en julio con Oakland con 41 imparables. En dos palabras, es uno de outs más difíciles del Béisbol de Lujo.

Con los Atléticos impactó de una manera extraordinaria y todos en Oakland, desde el carga bates hasta el alto mando del plantel respetaron en grado sumo a su número 18 adquirido cuando ya habían comenzado los Entrenamientos de Primavera.

“Orlando ha sido el mejor pelotero de la Liga [Americana] en el último mes”, aseguró el manager de los Atléticos, Bob Geren. “Ha hecho todo lo que se la ha pedido. Batear, robar bases, fildear como un Guante de Oro. Puede hacer muchas cosas y todo lo hace bien. La otra noche, necesitábamos adelantar la carrera del empate y él ejecutó un toque de bola a la perfección.

“Lo había visto jugar por muchos años con Boston [Medias Rojas], Anaheim [Angelinos] y Chicago [Medias Blancas], y sabía de su impacto en este juego, pero ahora hemos tenemos la oportunidad de disfrutarlo a diario”, elogió Geren.

Los comentarios positivos en torno al orgullo de Cartagena, Colombia, se multiplicaron por doquier justo antes de ser canjeado Cabrera.

“Orlando es un pelotero sólido”, calificó el intermedista Mark Ellis. “Sin ofender a los receptores, la posición de paracorto es la más difícil de jugar y él la defiende muy bien.

“Hace muchas cosas de la manera correcta”, insistió Ellis, segunda base eficiente que cualquier día no muy lejano pudiera ganar también un Guante de Oro. “Es un pelotero bien inteligente y aunque arrancó la temporada un poco lento ha ayudado mucho a nuestro equipo a la ofensiva”.

El otro intermedista de altos quilates que ha vestido el uniforme de Oakland en el 2009, Adam Kennedy, conoce a Cabrera mejor que nadie porque realizó muchas matanzas dobles con el colombiano cuando ambos defendieron la franela de los Angelinos del 2005 al 2006.

“Es el mejor paracorto con el que yo haya jugado”, subrayó Kennedy, quien debutó como tercera base titular al retornar Ellis de una lesión de pantorilla. “Lo que hemos visto de Orlando en los dos meses más recientes tipifica lo que él es en verdad, un tremendo pelotero”.

De hecho, Kennedy, Jugador Más Valioso de la Liga Americana en el 2002 –el año en el que los Angelinos ganaron la única Serie Mundial de su historial- agradece a Cabrera por la ayuda que le ha dado en su conversión a la esquina caliente.

“Siempre me está hablando, dándome consejos”, expresó el veterano jugador de cuadro pocas jornadas antes del cambio de Cabrera a Minnesota.

Por su parte, Kurt Suzuki, uno de los receptores jóvenes más respetados por tirios y troyanos en la pelota de hoy, se quita el sombrero a la hora de hablar del colombiano de 34 años de edad.

“Su carrera habla por sí sola”, simplificó Suzuki. “Por todo lo que ha ganado, Guantes de Oro [2], Series Mundiales [Cabrera fue vital cuando Boston rompió La Maldición del Bambino en el 2004], Orlando es un ganador.

“Viene siempre al parque dispuesto a jugar y nunca pide un día de descanso”, agregó Suzuki al referirse a su experimentado compañero, que participó en los 101 partidos -100 como abridor- disputados por Oakland.

Vale subrayar que a Suzuki le une ahora un lazo fraternal con Cabrera porque el colombiano y su esposa, Katie, jugaron un papel vital en la campaña organizada por el receptor y su esposa, Renee, a beneficio de Jon Wilhite, sobreviviente de la tragedia automovilística que le costó en abril la vida a otros tres seres humanos, entre ellos el joven lanzador Nick Adenhart, enorme promesa de los Angelinos.

Entretanto, el rapidísimo jardinero Rajai Davis, cuyo compartimiento personal está cerca al de Cabrera, conceptúa al colombiano como un pelotero que ha tenido una enorme influencia en la novena.

“Es una motivación para unos y una inspiración para otros”, enfatizó Davis. “Orlando nunca se rinde. Su perseverancia nos sirve a todos de ejemplo. Nos guía con sus acciones, con su liderazgo”.

Muchas veces se notaba a través de la transmisión por la televisión cómo Cabrera hablaba con sus compañeros en el banco después de producirse una jugada y en otra ocasión hasta organizó una reunión motivacional con el resto del plantel antes de un encuentro.

“Para mí todo el mundo es igual y todos tenemos la oportunidad de hacer las cosas bien todos los días”, filosofó Cabrera. “[Me gusta] siempre sacarle una risa, una sonrisa al pelotero que está conmigo allí al lado, hablando de lo que sucedió 10 segundos antes.

“A lo mejor [algún compañero] falló o lo engañaron con bases llenas, pero yo me río, ja, ja, ja, y eso es lo que hace que ellos salgan otra vez a batear y se digan que hay que coger las cosas que calma, que se olviden lo que pasó y busquen lo que ellos quieran en el próximo turno.

“Lo que estoy tratando de decir es que siempre hay que disfrutar del juego”.

Por supuesto, nadie puede gozar cuando las cosas están saliendo mal y Cabrera es uno de esos peloteros que se toma bien a pecho su profesión.

Cuando arrancó de manera discreta el 2008 con Chicago, estudió con detenimiento uno a uno los swings que tomó en cada uno de sus 192 hits del 2007 con los Angels para tratar de recuperar su ritmo.

Tampoco le puede haber agradado su comienzo lento en el 2009, pero se sentía como muchacho con juguete nuevo con su rendimiento a mediados de temporada.

“Yo me daría un balance optimista de la posición en la que me puedo encontrar ahora y a dónde puedo llegar”, analizó el sudamericano. “Me siento bastante confiado de que las cosas van a seguir mejorando”.

¿Satisfecho? No. No lo estaba. Obviamente, no puede estar listo para montar una fiesta un pelotero cuando su plantel ha ocupado casi todo el año el sótano de la División Oeste.

“Satisfecho no sería la palabra, sino optimista y bastante”, insistió Cabrera. “Tengo la confianza de que tengo el swing otra vez ahí, de que la defensa está otra vez donde yo quería que estuviera y de que estamos saludables cien por ciento”.

Y ahora le toca trasladar ese entusiasmo y optimismo a un equipo que está en el fragor de la batalla para jugar con el mismo pundonor de aquel sonriente jovencito que debutó en las Ligas Mayores con los Expos de Montreal en 1997.

Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.

Foto por Sastre Schrang.

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