El Mundo es un Diamante: Scutaro, fruto de la perseverancia
Es bien raro cuando un pelotero de las Grandes Ligas se convierte en un titular estable en las Ligas Mayores luego de ser un perenne suplente.
Pero Marco Scutaro, un humilde beisbolista venezolano que brilla actualmente con los Azulejos de Toronto, es la excepción a esa regla.
A sus 33 años de edad, el nativo de San Felipe, capital del estado Yaracuy en la región suroeste de su querida Venezuela, se ha ganado en Canadá el derecho de jugar a diario que nunca quisieron concederle ni los Mets de Nueva York ni los Atléticos de Oakland, sus equipos previos en una trayectoria en la Gran Carpa iniciada en el 2002.
Scutaro, instalado como primero en el orden de bateo y como paracorto titular de los Azulejos por el manager de esa novena, Cito Gaston, fue una de las principales razones del porqué Toronto experimentó una excelente arrancada en la temporada del 2009.
Aunque los Blue Jays sufrieron una peligrosa seguidilla reciente de reveses que los bajó temporalmente del primer puesto de la dura División Este de la Liga Americana por primera vez desde la aurora de la campaña, Scutaro se ha mantenido desde mediados del 2008 como uno de los peloteros más consistentes de esa novena.
Del primero al 24 de mayo, el versátil venezolano mantuvo su consistente faena con el madero, con siete partidos con dos o más imparables en ese lapso al cerrar la penúltima semana de ese mes con promedio de .276 y, mejor todavía, un envidiable porcentaje de embasamiento de .395.
Una de las cualidades de Scutaro ha sido precisamente su vista de águila para estudiar los lanzamientos del pitcher contrario, un atributo especial para un primer bate ideal, turno en el que el artillero tiene la doble misión de embasarse y de recibir muchos pitcheos para que sus compañeros vean las características que pueda presentar ese día el abridor contrario.
De hecho, el sudamericano encabezaba el renglón de los boletos recibidos (36) entre todos los titulares de la Liga Americana y en los juegos disputados de día disfrutaba de un astronómico porcentaje de bateo de .344, uno de los 10 mejores del Joven Circuito.
Gaston se frota las manos de la satisfacción porque él fue el hombre que le dio su puesto de titular a Scutaro tan pronto se encargó de las riendas de la divisa el 20 de junio del 2008.
“Marco ha rendido una enormidad para nosotros”, conceptuó Gaston, quien guió a los Azulejos a la corona de la Serie Mundial, tanto en 1992 como en 1993, en su primera etapa con la novena canadiense.
“Cuando volví a encargarme del equipo, me di cuenta de que no contábamos con el personal para anotar muchas carreras y por eso quise asegurarme de que pudiéramos tener el mejor equipo posible a la defensiva”, analizó Gaston. “Y Scutaro ha jugado en el shortstop como los mejores de la Liga Americana.
“Tiene paciencia [cuando consume turno] y por eso camina bastante”, prosiguió Gaston. “Es un buen bateador, un excelente compañero de equipo. Todos quieren mucho a Marco en el club house. Y es un pelotero que puede defender cualquier posición en el diamante”.
Los elogios en torno al experimentado pelotero venezolano se extienden por todo el plantel de Toronto, que ganó 27 sus primeros 46 partidos para mantenerse por largo tiempo en el primer puesto de una división que consta de tres trabucos: los Medias Rojas de Boston, los Yankees de Nueva York y los actuales campeones reinantes de la Liga Americana, los Rays de Tampa Bay.
En este sentido, el instructor de cuadro de Toronto, Brian Butterfield, quien es también la mano derecha de Gaston en la banca, confesó sentir una gran admiración por el venezolano.
“Tiene mucho mérito Marco por todo lo que ha logrado”, expresó Butterfield. “Muy pocos son capaces de hacerse titulares después de ser suplentes por mucho tiempo. Lo comparo con tipos como Melvin Mora [venezolano que es el tercera base de los Orioles de Baltimore] y Randy Velarde [pelotero de ascendencia mexicana que dijo adiós con Oakland en el 2002]“.
Butterfield piensa que por ser Scutaro un pelotero tan versátil, capaz de jugar en todas las posiciones del cuadro y los jardines, la gente tiende a no estimar su tremendo valor como paracorto.
“Es el shortstop más subestimado de las Ligas Mayores”, proclamó Butterfield. “Tiene las mejores manos de cualquier pelotero con el cual yo haya estado asociado. No creo recordar haber visto jamás algún error que haya hecho al fildear la bola”.
Obviamente, Scutaro está como muchacho con juguete nuevo al recibir su dorada oportunidad en las Grandes Ligas, con la cual soñaba desde el día que firmó su primer contrato profesional en los Estados Unidos como intermedista con la organización de los Indios de Cleveland el 26 de julio de 1994.
“Estoy contentísimo”, enfatizó Scutaro, oriundo de un estado venezolano que ha dado pocos peloteros, pero es cuna de Horacio Esteves, aquel gran velocista que en los años ’60 llegó a compartir el récord mundial de los 100 metros planos con un entones fabuloso registro de 10 segundos exactos. “Nunca pensé que alguien me iba a dar la oportunidad, pero ahora la he recibido y la voy a aprovechar.
“Sé que para algunos equipos es mejor tenerte como utility [por su versatilidad] que jugarte todos los días, pero también siempre he dicho que hay decisiones sobre las que uno no puede hacer nada”, recalcó Scutaro. “La experiencia [previa] en Oakland me enseñó a jugar varias posiciones. Salud es lo único que pido. Lo demás se resuelve”.
Por supuesto, la gente se pregunta cómo ha hecho Scutaro, quien tenía un porcentaje global de por vida en las Ligas Mayores de .261 antes del 2009, para desarrollar esa paciencia tan extraña en los latinos.
“¿Tú crees que jugando una sola vez a la semana voy a estar buscando boletos?”, preguntó Scutaro. “En ese caso, iba al plato a hacer swing. Quería demostrar que podía batear, pero he ido mejorando eso [lo de las bases por bolas].
“Mentalmente, te puedes preparar mejor si tu sabes que aún si tienes un día malo vas a regresar a jugar al siguiente”, indicó el artillero derecho. “El bateo es tan difícil, que cuesta mucho agarrar el timing [sincronización con el pitcheo]. Imagínate cómo será jugando una sola vez a la semana”.
De paso, su fortaleza mental estuvo a prueba a mediados de mayo cuando recibió en el pecho, a la altura del esternón, el impacto de un tiro del receptor Corky Miller, de los Medias Blancas de Chicago, justo cuando aterrizaba en la tercera base para un robo de base. Fue llevado de urgencia al hospital para los respectivos exámenes de Rayos-X, pero al otro día estaba en el line-up, adolorido y todo.
También está muy agradecido con la Liga de Béisbol Profesional de Venezuela, porque su actuación como titular en el invierno con los Leones del Caracas le ha permitido dar pasos agigantados hacia su madurez como pelotero.
“Allá todo es ganar”, puntualizó Scutaro. “Y jugar en Venezuela me ha permitido trabajar en todo lo que necesito mejorar”.
¡Y cómo ha mejorado!
Rance Mulliniks, ex pelotero de la Gran Carpa que participó en 11 postemporadas y que trabaja como comentarista con los Azulejos, siente un enorme respeto por el infielder venezolano.
“Cuando Scutaro jugaba con los Atléticos, odiaba verlo consumir turno frente a los Azulejos con corredores en posición anotadora”, confesó Mulliniks. “Es, simplemente, tremendo pelotero”.
Eso lo sabe Gaston desde el primer día que vio a Scutaro con Toronto. Por eso le encomendó dos tareas tan importantes como lo son custodiar la posición más exigente del cuadro y ser la bujía de su ofensiva.
Lo demás lo ha hecho Scutaro con una actuación que le permite dar un ejemplo útil a todo pelotero relegado al segundo plano: nadie debe rendirse por muy cuesta arriba que luzca su misión.
Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.


