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El Mundo Es Un Diamante: Vélez, Pasión Traducida En Calidad Gracias A La Confianza



Nadie le dio nunca nada en bandeja de plata a Eugenio Vélez. Por eso, aprecia por partida doble todo lo que ha logrado en base a su esfuerzo.

Vélez, quien le dio un vuelco muy positivo a su trayectoria luego de reencontrarse con su bateo en las Ligas Menores, ha sido una de las principales razones del porqué los Gigantes de San Francisco aún mantienen vivas sus esperanzas de acudir a los playoffs en el 2009.

Poseedor de la versatilidad para jugar en varias posiciones del cuadro y los jardines, de velocidad por encima del promedio habitual en las Ligas Mayores, y de capacidad para decidir en los momentos de apremio, Vélez cierra a todo vapor el 2009 como primero en el orden de bateo de los Gigantes.

Subido a los Gigantes el 27 de julio, más de dos meses después de ser devuelto a la Triple “A”, hilvanó una seguidilla de 14 juegos seguidos bateando de hit (.416 en ese lapso) desde el propio día en el que retornó a la Gran Carpa. A partir de entonces, es virtualmente una fija en la alineación, bien fuera como jardinero o como segunda base.

No conforme con su rendimiento con el madero, Vélez ha venido dando pasos firmes en el fildeo, uno de los puntos débiles de su juego en la aurora de su trayectoria con los Gigantes.

En una serie reciente en Milwaukee, hizo un excelente engarce en la intermedia y al día siguiente ejecutó una de las atrapadas más sensacionales de jardinero izquierdo alguno en el 2009 al correr hacia la línea de cal, tirarse como si el terreno fuera una piscina y llevarse la bola espectacularmente.

Por supuesto, los Gigantes se frotan las manos al redescubrir el talento de este pelotero de San Pedro de Macorís de 27 años, quien acudió a los Entrenamientos de Primavera en lucha por la segunda base con Emmanuel Burris y Kevin Frandsen.

“Eugenio ha hecho un trabajado extraordinario para nosotros”, elogió el manager de los Gigantes, Bruce Bochy. “Es un verdadero pelotero, en todo el sentido de la palabra.

“Juega con una gran confianza en sí mismo”, acentuó Bochy. “Es el que hace que marche nuestro equipo. Sabíamos que tenía todas las herramientas necesarias para ser un pelotero para todos los días. La clase de habilidad que aporta no se encuentra a la vuelta de la esquina”.

Un aspecto notorio del juego de Vélez es que nunca se da por vencido y otro detalle bien sobresaliente de este beisbolista quisqueyano es el amor que le imprime a cada jornada en el diamante.

“Le gusta el béisbol, no piensa en otra cosa, apenas puede esperar para venir cada día al estadio”, explicó Bochy. “En cierto sentido se parece mucho a Pablo [Sandoval, joven venezolano caracterizado entre otras cosas por el entusiasmo que le imprime a los Gigantes]”.

Algunos peloteros son capaces de frenar la desbordante rapidez con la cual se juega a cada momento en las Grandes Ligas, pero otros se hunden en un ritmo demasiado rápido para ellos. Apunten a Eugenio entre los que saben cómo acoplarse a los momentos más difíciles que puedan vivirse en el diamante.

Para Sandoval, el destacado rendimiento de Vélez era algo que podía esperarse porque el venezolano ya conocía muy bien de las habilidades de su compañero de la tierra del merengue.

“Yo había jugado con Eugenio en las Ligas Menores” informó Sandoval, sempiterno bateador de .320 o más a todos los niveles en los que ha participado desde comienzos del 2008, incluyendo casi .400 en la temporada invernal venezolana con los Navegantes del Magallanes. “Lo conozco bien y por eso nada de lo que él hace me sorprende”.

Sandoval sabía que era solamente cuestión de tiempo para que Vélez pudiera retornar con éxito al Béisbol de Lujo.

“Se fue a trabajar fuerte a las Ligas Menores, con mucha madurez, mucha perseverancia”, explicó Sandoval. “Siempre viene al parque listo para jugar fuerte. Le pone mucha más mentalidad a su trabajo”.

De hecho, el propio Vélez reconoce que ha venido madurando como pelotero desde la época en la que un “observador” le dijo que nadie lo iba a considerar para una firma como profesional.

“Cuando tenía 17 años de edad, un señor cuyo nombre me lo reservo, me dijo que el scout que me firmase tenía que estar bien loco, porque si me firmaba me iban a botar a mí, y luego lo iban a botar a él”, confesó Vélez frente a su vestidor o locker en el A&T Park. “Me frustré mucho. Pasé como tres meses sin entrar a un estadio”.

Para su fortuna, sí había gente que confiaba en su talento. Y de esa manera pudo convertir su sueño en realidad al firmar con la organización de los Azulejos de Toronto el 27 de agosto del 2001.

“Me vio Cookie Andújar [primo de Joaquín Andújar, ganador de 20 o más juegos en las temporadas de 1984 y 1985 en las Grandes Ligas] y me dijo que tenía demasiado talento como para que no pudiera hacer nada [en la pelota profesional]”, rememoró Vélez. “Me dijo que me iba a entrenar. Lo hizo y el resultado fue que firmé a los dos meses”.

Por supuesto, Eugenio contó también con los valiosos consejos de su padre, Mariano Félix, quien le insistía que un equipo o un pelotero nunca deben rendirse en el diamante, sean cuales fueran las circunstancias.

Quizás esa es la razón por la cual Vélez pegó el imparable para dejar en el terreno a los adversarios de los Gigantes en tres de las 10 ocasiones en las cuales San Francisco ganó de esa manera en el 2008. De hecho, fue el primero que decidió juegos consecutivos de esa manera para la novena del Norte de California desde que Daryl Spencer lo hiciera en 1958.

“Dios me ha dado la confianza para decir que yo sí puedo”, reveló Vélez. “Y la confianza viene a través del trabajo”.

Muchos bajan desmoralizados a las Ligas Menores. Vélez, en cambio, se fue a Fresno, la sucursal de los Gigantes, a mejorar los aspectos clave de su juego. Todo lo comenzó de cero, desde batear con la pelota colocada en un soporte fijo (T-Ball) hasta conectar líneas por todos los sectores del diamante.

“Antes trataba de impresionar a ver si me daban más oportunidades, pero he aprendido a jugar”, manifestó el dominicano. “Ahora solamente pienso en trabajar duro todos los días, jugar pelota sin pensar en nada, hacer lo que sé que puedo hacer”.

Su mentalidad también mejoró considerablemente a la defensiva, de ser un pelotero que “solamente pensaba en batear” a otro que se da cuenta que también es importante lo que hace con el guante.

Por encima de las cosas, la pasión que siente por el béisbol es el arma principal del arsenal de Vélez en el diamante.

“Esta es mi vida, es lo que sé hacer”, puntualizó. “Tengo que tenerle amor a esto. Mi sueño, mi deseo, es ponerme un anillo de Serie Mundial”.

Esa es la meta que tiene entre ceja y ceja desde que subió a los Gigantes en el 2007. Solamente el tiempo dirá que puede lograr ese objetivo, pero gracias a su combinación de confianza y pasión nunca va a rendirse en busca de ese cometido.

Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.

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