El Mundo Es Un Diamante: Un Arquitecto Novato Es Enorme En El Éxito De Los Filis
Encabezaron la Liga Nacional en jonrones (224), neutralizaron a lo largo del año la inefectividad de su propio cerrador y su defensa hilvanó la mayor cantidad de doble matanzas (171) en el Viejo Circuito.
Su núcleo de peloteros titulares, casi idéntico al que ganó la Serie Mundial en el 2008, demostró a lo largo del año que mantener vivo el hambre de triunfo mueve montañas en el Béisbol de Lujo.
Todas sus nuevas piezas, bien fuera el jardinero izquierdo Raúl Ibáñez, el pitcher novato J.A. Happ o los abridores de lujo Cliff Lee y el dominicano Pedro Martínez, encajaron como anillo al dedo.
Y aunque los Filis de Filadelfia (93 victorias en la temporada) no ganaron la misma cantidad de partidos que los Dodgers de Los Angeles (95), los dirigidos por el experimentado piloto Charlie Manuel jugaron mejor a la pelota en todo el sentido de la palabra en los playoffs para convertirse en el primer equipo que gana cetros consecutivos en la Liga Nacional desde los Bravos de Atlanta en 1995-96.
Por supuesto, Manuel hizo un trabajo aún más impactante que el del 2008, dándole toda la confianza del mundo a Happ, negándose a permitir que Martínez abriera en el enorme frío de las Montañas Rocosas en la Serie Divisional o devolviéndole su apoyo justo a la hora buena al cerrador Brad Lidge, quien después de ser perfecto de principio a fin en el 2008 fue una calamidad (0-8, 7.21 y 11 salvamentos desperdiciados) en el 2009 antes de ser clave con tres rescates en esta postemporada.
Pero un hombre que usó esa franela como carga bates (1980-83) y como pelotero (1992-93 y 96-98) ha sido tan o más importante que sus jugadores o su dirigente en el éxito de un escuadrón que tratará de ser el primer equipo del Viejo Circuito que conquista Series Mundiales seguidas desde los Rojos de Cincinnati de 1975-76.
Se trata del gerente general de los Filis, Rubén Amaro Jr., quien en su primera temporada al frente del plantel demostró que tenía los ojos bien abiertos en todos esos 10 años en los que fuera el asistente de esa tan importante oficina ejecutiva.
Amaro, heredero del puesto que ostentaba ese gran formador de campeones llamado Pat Gillick, se propuso armar un equipo que pudiera darle a los Filadelfia dos campeonatos consecutivos de la Liga Nacional y nunca descolgó el teléfono hasta estar plenamente convencido de que colocaba sobre el diamante las piezas para darle a Manuel una genuina oportunidad de ganar.
Todo comenzó en el invierno cuando se propuso firmar un bateador de fuerza ideal para suplir la vacante dejada como agente libre por el jardinero izquierdo Pat Burrell, quien había sido un baluarte de poder de la franquicia (37 bambinazos y 116 impulsadas en el 2002) mucho antes de que el tremendo primera base Ryan Howard se pusiera por primera vez el uniforme de Filadelfia.
Contra viento y marea, Amaro le tuvo toda la confianza del mundo a Ibáñez al darle un jugoso contrato al agente libre por tres temporadas y $31.5 millones, aún a sabiendas de que el veterano de ascendencia cubana cumpliría 37 años a mediados de temporada.
Ibáñez, ex pelotero de los Marineros de Seattle, respondió a ese voto de confianza al disparar 34 jonrones –cifra tope en lo que va de su trayectoria en la Gran Carpa- e impulsar 93 carreras, pese a verse limitado a 134 encuentros en el 2009 por una lesión.
Más importante que sus estadísticas fue el hecho de que la presencia del bate zurdo de Ibáñez le brindó al piloto mayor flexibilidad a la hora de estructurar su alineación en los importantes turnos 4-5-6.
Con Jimmy Rollins, Shane Victorino y Chase Utley en las tres primeras casillas del line-up, la pesadilla se magnificaba para los serpentineros rivales a la hora de enfrentarse a la unión de fuerza confeccionada por los zurdos Howard e Ibáñez y derecho Jayson Werth.
Werth tuvo su mejor temporada en jonrones (36) y carreras impulsadas (99), y la incorporación de Ibáñez tuvo mucho que ver con el fabuloso progreso del guardabosque derecho ex Dodger.
Con Werth metido entre Howard e Ibáñez, transitar por ese line-up ha resultado para los lanzadores tan difícil como lo pudiera ser caminar por un campo minado sin correr el riesgo de ser explotado.
Una vez reforzada la ofensiva, que de paso mantuvo un séptimo y octavo bate subestimados pero bien productivos en el tercera base dominicano Pedro Féliz (sus 82 impulsadas fueron su mejor total desde que remolcó 98 para los Gigantes de San Francisco en el 2006) y el panameño Carlos Ruiz, quien dirige a los lanzadores como todo un maestro y de paso bateó .385 con cuatro remolcadas en la Serie de Campeonato, Amaro no se cruzó de brazos.
Nunca hubo duda de que los Filis tendrían la suficiente dinamita a la ofensiva para ganar de nuevo el Este de la Nacional, pero el hijo del ex jugador de cuadro mexicano que fuera pelotero e instructor con los propios Filis vislumbró que también necesitaría robustecer el pitcheo para competir en los playoffs.
Su primer intento fue adquirir a Roy Halladay, conceptuado como uno de los mejores brazos de la pelota, pero Amaro se fue por otro camino cuando los Azulejos de Toronto insistieron en el zurdo Happ como uno de los peloteros clave que necesitarían para concretar el canje.
Negarse a desprenderse de Happ fue de por sí una decisión clave para Amaro. Quizás otro se hubiera ido con el primer impulso con tal de adquirir a Halladay, pero el arquitecto de ascendencia azteca creyó en el zurdito y el joven le respondió con un sólido 12-4 y 2.93, números que pudieran convertirlo en el primer pelotero de los Filis que gana el título de Novato del Año desde el propio Howard en el 2005.
Acto seguido, Amaro le echó mano a Cliff Lee, ganador del premio Cy Young de la Liga Americana en el 2008 con los Indios de Cleveland, que a la postre le daría un resultado positivo con 7-4 y 3.39 en poco menos de media temporada con Filadelfia, y un 2-0 y 0..74 enormes en lo que va de los playoffs.
No conforme con adquirir a Lee, aferrado a la vieja hipótesis de que nunca se tiene el pitcheo suficiente, Amaro invirtió en Martínez, que esperaba prácticamente desde el Clásico Mundial por alguna franquicia que estuviera dispuesta a darle un voto de confianza, y el quisqueyano respondió con un sólido 5-1 y 3.63 de efectividad.
Esos dos brazos, que ni remotamente figuraban en el panorama de los Filis al arrancar el 2009, le brindan ahora a Manuel un excelente 1-2 para el Clásico de Octubre, que luce mejor todavía después de que el veterano de la tierra del merengue tirase una perla –apenas dos hits tolerados en siete episodios- frente a los Dodgers en el segundo encuentro de la Serie de Campeonato.
En resumidas cuentas, los peloteros siempre son los héroes y el manager merece todo el crédito del mundo a la hora de maniobrar con su plantel.
No obstante, de no ser porque su gerencia general “jugó muy bien a la pelota” desde la oficina de su arquitecto novato es muy factible que la dulce champaña no se hubiera destapado por segunda postemporada seguida en la Ciudad de la Campana de la Libertad.
Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.


